Opinión / Columna
 
Mario Núñez Mariel 
Los equilibrios de los Presidentes
Organización Editorial Mexicana
15 de febrero de 2010

  Es curioso constatar que para los presidentes Barack Obama y Felipe Calderón, las dificultades de guardar los equilibrios se plantean en términos muy similares por más que las diferencias entre los dos países sean enormes. Cada decisión que toman genera reacciones desmedidas de sus respectivas oposiciones que observan, con deleite perverso, las dificultades por las que atraviesan los Presidentes para resolver los problemas que plantea la crisis global. A veces parece que las oposiciones de México y de Estados Unidos apuestan a la derrota de sus países con tal de recuperar el poder que suponen les pertenece. Lo raro estriba en que la oposición en Estados Unidos es de derecha y la oposición en México se pretende progresista, aunque viéndolo bien a bien ya no se sabe si es de derecha o de izquierda.

Ese es uno de los costos brutales de la crisis global del capitalismo tardío. El arte de gobernar se vuelve el teatro de los equívocos por las dificultades extremas en las que trabajan los mandatarios. Simplemente no le dan gusto a nadie y la gente piensa que la crisis les da derecho de atacar a los Presidentes como si se tratara de mendigos tocándoles la puerta: después de echarles el agua fría quisieran agarrarlos a cubetazos. Si suben se les critica porque suben; y si bajan se les insulta porque bajan. El caso es que los Presidentes necesariamente se equivocan porque la crisis no se resuelve sino que parece empeorar día a día. Incluso si hay indicadores de mejoría es lo de menos, porque de lo que se trata es de quejarse y la mejoría en tiempos de crisis no tiene autor.

En las guerras que enfrentan ambos países tenemos el mejor ejemplo de lo dicho. La conducción de las guerras en Irak y Afganistán que ejerce el presidente Obama es vista con lupa y con ánimo de joder desde el principio de su administración. Si Obama pretende salir cuanto antes de los escenarios bélicos -abiertos por la administración pasada- lo acusan desde la derecha de "rajón"; y si refuerza los Ejércitos desplegados en Afganistán con 30 mil hombres lo acusan, desde la izquierda, de no ser fiel a su palabra y de parecerse a Bush al pasarse de valentón.

Para Calderón las reacciones de la opinión pública son muy parecidas por más que se trate de guerras distintas (las guerras de Obama son externas y la guerra de Calderón es interna). Si Calderón lanza una ofensiva con el Ejército en contra de los cárteles del narcotráfico peca de mal utilizar las fuerzas militares que no debieran utilizarse para resguardar la paz interna; y sí no combate al narcotráfico lo acusan de "rajón" y de no querer enfrentar la inseguridad por la que atraviesa el país. En otro orden, si Calderón plantea una serie de diez reformas políticas todo mundo las desprecia y lo acusan de exceso de confianza; pero si no manda reforma alguna lo acusan de timorato y de no saber gobernar.

Así se va minando poco a poco la credibilidad en los mandatarios y se vuelve imposible el ejercicio de gobierno. Todo mundo parece hacer lo necesario para que gobernar sea imposible y de paso acusan al mandatario en turno de provocar la ingobernabilidad. De esa manera, como parte del juego de los absurdos, la democracia se deslava, se debilita y no faltan quienes empiecen a soñar con regímenes de "mano dura" que garanticen el orden, la paz y la gobernabilidad a golpe de culatazos en la mandíbula de los pobres ciudadanos.

Si contamos el número de Gobiernos en dificultades como parte de la crisis global nos quedamos con muy poquitos sanos y salvos de la crítica viperina de sus conciudadanos y de sus oposiciones políticas. Quizás antes que la democracia lo que ya está en crisis terminal es el capitalismo como sistema de desigualdad. El caso es que el capitalismo hace agua por todas partes y no hay capitán a la altura de sus descomposturas.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas