Opinión / Columna
Flavio y su política 
Flavio 
20 de noviembre de 2009

  CON FULL EQUIPO

En cierta ocasión una familia inglesa pasaba sus vacaciones en Escocia; en uno de sus paseos vieron una casa de campo y pensaron en alquilarla para sus próximas vacaciones.

Entraron a hablar con su dueño, que resultó ser un Pastor de la Iglesia Anglicana, quien les mostró toda la casa.

La familia quedó conforme y la alquiló.

Ya de regreso a Inglaterra, la esposa no recordaba haber visto por ninguna parte el WC, y escribió al Pastor en estos términos:

Estimado Pastor:

Soy miembro de la familia que hace unos días le alquiló la casa de campo, y desearía saber dónde está situado el WC.

Finalizada la carta, la envió al Pastor, quien, al recibirla, creyó que se trataba de la Westing Chapel (Capilla Anglicana muy visitada) y contestó lo siguiente:

Estimada señora:

Tengo el gusto de informarle que el lugar a que usted se refiere se encuentra a doce kilómetros de la casa, lo que hace que sea algo alejado; sobre todo si se tiene la costumbre de ir con frecuencia. Algunas personas se llevan la comida y permanecen allí todo el día. Unos van a pie y otros en autobús, por lo que siempre llegan en el momento preciso.

Hay lugar para cuatrocientas personas de pie y doscientas sentadas.

Los asientos están forrados de terciopelo y el aire está acondicionado para evitar el efecto de las aglomeraciones. Se recomienda llegar temprano para evitar quedarse sin asiento. Mi esposa, por no hacerlo así, tuvo que soportar todo el acto de pie; y, desde entonces, no ha vuelto a ir a estos servicios.

Los niños se sientan juntos y juntos cantan a coro.

A la entrada se entrega a todo el mundo un papel y los que no alcanzan el reparto pueden utilizar el del vecino. A la salida lo devuelven para poder seguir utilizándolo el resto del año.

Todo lo que allí depositan los que acuden se emplea para dar de comer a los pobres del lugar. También hay fotógrafos especializados que toman instantáneas de los distintos momentos de la ceremonia, las cuales son luego publicadas en los periódicos de esta ciudad, sirviendo así para dar a conocer este formidable y santo servicio.

Todos regresan a casa muy felices por haber descargado sus pesares.

Su humilde servidor.

ACUSADO ABUSIVO

En un juicio público, el juez advierte a la sala:

¡Silencio! Les advierto que como vuelva a oír "abajo el juez", les echo a la calle.

¡Abajo el juez! Se oye de nuevo.

Y el juez exclama:

La advertencia no lo incluye a usted, señor acusado.