Nuestra Vida
Esoterismo / Pequeños viajeros del espacio
Diario de Xalapa
16 de noviembre de 2009

Frank Barrios Gómez

La investigación del fenómeno OVNI es algo que no puede ser detenida. Cada día cobra una mayor cantidad de adeptos y aunque en estos momentos no se escucha mucho del tema, no quiere decir esto que las potencias encargadas de este tipo de investigación hayan descuidado sus estudios.

Creer o no en el fenómeno OVNI es algo que no elimina lo relevante del tema. Mucha gente asegura haber tenido avistamientos de objetos voladores que se desplazan por los cielos y su comportamiento dista mucho de cualquier artefacto volador construido por manos del ser humano.

Sencillamente, algunos medios gubernamentales minimizan el fenómeno argumentando que lo que la gente vio son globos aerostáticos. Pero ahora existen cámaras de videos con bastante zoom y excelente definición, y los que tergiversan el fenómeno lo que hacen es hacer el ridículo y aumentar el número de adeptos a la creencia de la vida inteligente fuera de la Tierra.

De una manera extraoficial es sabido que las principales potencias bélicas tienen algún tipo de contacto con esos seres que provienen del espacio exterior. Nuestra humanidad no está tan en pañales para no captar por medio de los radares a estas naves volando por nuestros espacios.

Algo está sucediendo en el area 51, esa base militar que se encuentra al sur de los EUA. Por mucho tiempo los norteamericanos trataron de minimizar la importancia del lugar, pero lo cierto es que ahí se elaboran las armas y aviones bélicos que hacen de los americanos la primera potencia bélica en el mundo. Prueba de ello, la construcción del avión F 117 (el avión invisible), algo que sólo ellos conocen por dentro y no están dispuestos a divulgar esos secretos.

Lo cierto es que, para poder realizar ese tipo de armamento bélico, han corrido con la suerte de ser asesorados por inteligencia extraterrestre que tienen ahí cautivos, producto de haberlos capturado gracias a que sus naves fallaron y se precipitaron a tierra firme. En 1977, se dijo que lo que había caído entre los poblados de Analco, Hixcolotla e Ixtacamaxtitlan fue un satélite. Pero los moradores de esas regiones aseguraron que un fuerte despliegue militar norteamericano había hecho acto de presencia llevándose restos de la nave caída, aunado esto a cadáveres y sobrevivientes que lograron rescatar.

Entre los viajeros espaciales se narra, por parte de quienes los han visto, que existen diversos tamaños de estatura. Algunos son altos mientras que otros son pequeños. El doctor alemán Hermann Oberth, destacado científico sobre los vuelos espaciales, se dedicó también a la investigación del fenómeno OVNI y en su momento dijo que estos objetos voladores son producto de inteligencias desconocidas.

También dijo que algunas naves tienen forma discoidal y miden unos 22 pies de diámetro con una bóveda de 6 pies en el centro. Basado en estas medidas, puede imaginarse que sus tripulantes no gozan de una estatura regular, a como la conocemos.

Y todo parece concordar con lo expuesto por el doctor Oberth gracias a información proveniente de varias partes del mundo, lo cual hace imposible que se hayan puesto de acuerdo quienes vivieron ese tipo de experiencia.

El 28 de noviembre de 1954, Gustavo González y su ayudante José Ponce, salieron de la ciudad de Caracas, Venezuela, en su camión de redilas dirigiéndose al poblado de Patare, localizado a 20 minutos de distancia.

En base al testimonio que rindieron bajo juramento al cuerpo policiaco, dijeron que al llegar a una curva pronunciada notaron que un objeto redondo y luminoso les obstaculizaba el paso y se suspendía en al aire unos pocos metros.

Bajaron del camión para ver bien qué era ese extraño artefacto cuando de pronto notaron que hombrecitos que medían entre 1.20 y 1.30 metros de altura corrían hacia esa nave. González agarró a uno de esos extraños visitantes. Notó que era tan liviano que pesaba unos 20 kilos, pero con lo que no contó fue con la descomunal fuerza del humanoide.

Como lo tuvo cerca, pudo ver que vestía una especie de tela color salmón que lo cubría por completo, su piel era oscura y estaba cubierto por pelambre erizado y corto. Ahí comprendió González su error. El hombrecito lo levantó por los aires como si no pesara nada y José Ponce dijo que fácilmente fueron 4 y medio metros de altura. La caída lo dejó semiinconsciente.

Ponce vio otros 2 enanitos que corrían hacia la nave y llevaban entre sus manos plantas que habían arrancado de la tierra. González, aturdido logró rasgarle con su cuchillo el hombro a un extraño visitante sin producirle daño alguno.

Cuando los médicos les practicaron la prueba del alcoholímetro dieron negativo. Lo que sí presentaban ambos era un estado de shock. Todo hubiera quedado ahí, pero el testimonio se reforzó porque uno de los médicos que había examinado a los conductores del camión, 2 días después, dijo que él había estado presente en ese mismo instante a poca distancia y le tocó ver lo que habían narrado los trabajadores del volante, pero que su nombre no se diera a conocer porque prefería el anonimato.

Otro caso, en un lugar distante fue el vivido por Marius Dewilde, en el 10 de septiembre de 1954. En ese entonces contaba con 34 años de edad y laboraba en la planta metalúrgica de Blanc Miseron. A las 10.30 p.m. escuchó ladrar con insistencia a su perro. Pensó que se trataba de ladrones y tomando su linterna salió con sigilo por la puerta trasera de su casa.

En la oscuridad distinguió un artefacto de grandes dimensiones que estaba cerca de la vía del ferrocarril. Escuchó pasos que se acercaban y como vivía en la frontera entre Francia y Bélgica, creyó que eran contrabandistas.

Pero al alumbrar con su linterna, quedó en shock al ver a 2 delgadas criaturas que llevaban escafandras de plástico o vidrio sobre su cabeza, de trajes brillantes especie de overol parecidos a los de los hombres rana. Cuando quiso cerrar el portón para impedirles el paso, una luz que brotó de la nave lo dejó inmóvil e inconsciente. Al recuperar la conciencia, los extraños visitantes ya se habían marchado.

Las investigaciones llevadas a cabo por el gobierno francés revelaron que algún objeto de considerable peso se había posado sobre los travesaños de madera de la vía del ferrocarril. Las huellas estaban frescas y esparcidas por el sitio. Algunas piedras estaban quemadas al grado que se deshacían al tocarlas.

En varias partes del mundo se narran experiencias ufológicas con seres de pequeña estatura. En 1958, Salvador Villanueva Medina, de México, escribió un libro titulado: "Yo estuve en el planeta Venus". Describe ahí a esos seres de 1.20 centímetros de estatura y de gran belleza. "Son seres humanos que viven más cerca de Dios" fueron sus palabras.