Opinión / Columna
|
Juan Carlos Andrade Guevara
¿Ley antiaborto en Veracruz?
Diario de Xalapa
14 de noviembre de 2009
|
La propuesta de modificación al artículo cuarto de la Constitución del Estado, que pretende, según se dice, garantizar la vida desde el momento de la concepción, ha despertado polémica. No tanto porque se trata de un tema de por sí complejo y difícil, sino por los procedimientos legislativos que se están siguiendo para lograr la enmienda constitucional referida.
Ante un tema de tal trascendencia, vale la pena analizar las cosas con calma. En su párrafo tercero del artículo cuarto de la Constitución establece: "Los habitantes del Estado gozarán de todas las garantías y libertades consagradas en la Constitución y las leyes federales, los tratados internacionales, esta constitución y las leyes que de ella emanen, así como aquellos que reconozca el Poder Judicial del Estado, sin distinción alguna de su origen, raza, color sexo, idioma, religión, opinión política, condición o actividad social".
Ello implica, de acuerdo con nuestra Constitución que hombres y mujeres gozamos de los mismos derechos, lo cual en la práctica es un mito. Para empezar, los derechos políticos de las mujeres no son efectivos a plenitud. Para muestra obsérvese la cantidad de diputados y políticos hombres en comparación con el número de mujeres. Las cuotas de género para el ejercicio público de la política en el caso de las mujeres se otorgan a cuentagotas en los partidos políticos.
Parecería razonable entonces que consultar a las mujeres en asuntos que tienen que ver con su biología o psicología individual tendría que ser condición fundamental antes de proceder a emitir un juicio y una obligación jurídica respecto de lo que las mismas pueden o no hacer con su cuerpo. Porque, hasta ahora, que yo sepa, no hay ningún hombre que se haya considerado violado, embarazado o que asuma las consecuencias psicológicas de un ultrajamiento y la violencia sexual asociada a éste.
El aborto, como decía, es un tema polémico. Tiene implicaciones morales, sexuales, religiosas, económicas y de salud pública que rebasan a cualquier ámbito de la organización humana, ya ni se diga de la política pública. Sin embargo, debemos volver a una pregunta fundamental. ¿Qué protegemos cuando decimos que protegemos la vida de los humanos desde su concepción? Desde luego, nos interesa proteger la vida de los individuos, pero una vida digna, plena, llena de amor, con acceso a un bienestar que hasta este momento sólo es para unos cuantos.
La vida debe protegerse haciendo que quienes vienen al mundo nazcan con garantías, con condiciones mínimas para su desarrollo y salud. Lo que hasta ahora tenemos son círculos de pobreza e ignorancia que alimentan escenas como las que vemos cotidianamente en las calles: niños vendiendo chicles, explotados por sus padres y la pobreza que les rodea. Niños y niñas que crecen en ambientes hostiles, violentos y llenos de desesperanza y que por consiguiente se convierten en delincuentes y seres resentidos contra la sociedad.
De eso hablamos cuando hablamos de proteger la vida. No dar a las mujeres el derecho de tomar una decisión de tal trascendencia es negarle la oportunidad de ejercer sus derechos, tal como la Constitución lo establece.
Desde luego, tendríamos también que entrar al tema del control de la natalidad, de los anticonceptivos y de los mecanismos para evitar un embarazo no deseado, pero resulta que hay quien se opone a todo, a la educación sexual, a los anticonceptivos, a la llamada píldora del día siguiente, a todo.
La consecuencia de obligar a la mujer a parir a como dé lugar son niños no deseados, que sufren, que vagan por el mundo sin tener unos brazos que los cobijen, que son producto de otras razones pero no del amor que debería ser condición fundamental de la concepción. Recientemente en Xalapa fuimos testigos de cómo una despiadada madre "castigaba" a su hija por orinarse en la cama, poniéndola en medio de un hormiguero, donde finalmente falleció. El debate está abierto, ojalá logre triunfar la sensatez.
andradeg25@prodigy.net.mx
Columnas anteriores
Columnas anteriores