Opinión / Columna
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María Antonieta Collins
Juanita y México
Organización Editorial Mexicana
13 de noviembre de 2009
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No lo dijo antes del viaje porque lo suyo siempre ha sido vencer lo difícil y después reír de ello, mas nunca atemorizarse previamente, ni mucho menos cancelar lo que puede darle un dolor anticipado, pero el viaje de Juanita Castro a México para la promoción de sus memorias era la prueba de fuego al resumen de su vida y algo que no podía obviar... Pero los mexicanos volvieron a cautivar a otro miembro más de la familia Castro Ruz de Cuba.
Le habían advertido: Son fuertes en el cuestionamiento, pero respetuosos de aquello que les parece congruente, aun cuando eso no sea de su agrado, y con eso en mente decidió encarar lo que le sucediera en un país que nunca ha dejado de sorprenderle.
Durante el vuelo de Miami a México trataba de adivinar los pensamientos de quien sentada a mi lado, no se permite mayores debilidades hasta que ella misma abre la boca:
"La verdad es que todo lo que me quisieron preguntar fue hecho con un respeto que nunca imaginé. No faltó quien me interrogara sobre la razón de las memorias o el hecho de colaborar con la CIA, o la lealtad a la familia, o quién traicionó a quién primero, pero lo que me ha impresionado es que jamás una sola de todas las preguntas en las decenas de entrevistas, me hicieron sentir ofendida ni atacada, sino todo lo contrario, cada uno me dio fuerza para poder explicarle mejor, no sólo mi historia, sino la esencia de un cambio que Cuba podría tener en el próximo tiempo y que mis memorias no son unas hechas por odio, ni con el odio de por medio.
"Jamás olvidaré que no hubo uno sólo de los entrevistadores que gozaran atacando a mis padres o abuelos para explicar el rumbo de la revolución cubana dictado por Fidel. No podré olvidar tampoco la llamada de Gastón Azcárraga solidarizándose con una historia y con una Cuba que conoció perfectamente, o a Mario Vázquez Raña que antes que nadie me abrió las puertas para contar mi parte".
Eduardo Ruiz-Healy, Javier Solórzano, Alejandro Cacho, Francisco Zea, Carlos Puig, Pablo Hiriart, Yuriria Sierra, Adela Micha, Ciro di Constanzo, Manuel Mejido, entre otros, no se pudieron abstraer a la historia de la mujer de setenta y seis años que no lamenta uno sólo de los días de agridulce exilio y que continúa firme a pesar de todos los pesares.
La semana transcurrió rápida y hoy se marchó para Miami sabiendo que hasta en el rechazo, los mexicanos fueron gentiles con ella. "Entiendo que hubo intereses que algunos no quisieron dañar y no me dieron cabida en sus espacios, lo comprendo, porque fue mejor su negativa a presentarme y provocar cualquier situación que hubiera resultado dañina, pero nadie de ellos me agredió".
De cualquier manera la intensa jornada en la capital mexicana fue el respiro para seguir en el camino.
"No puedo dejar de pensar que aquí tuve que vivir las dos circunstancias que dieron el giro definitivo a mi vida: las primeras reuniones con el Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos y el día de junio de 1964 cuando me declaré en contra del régimen de mis hermanos".
Después de eso calla, porque sabe que lo próximo es enfrentarse a su realidad, y aunque no lo dice, lo piensa. El regreso a Miami significa sufrir en medio de una gran incomprensión de quien la rechaza porque a fin de cuentas ella es la hermana de Fidel y de Raúl. Pero ya está lista con el mantra de los últimos cuarenta y cinco años:
"Soy la hermana de ellos, así es, y no hay nada más que hacer"...
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