Opinión / Columna
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Joel Hurtado Ramón
Magia, ciencia y religión
Diario de Xalapa
12 de noviembre de 2009
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Con la astrología, madre de la actual astronomía, se pueden conocer las influencias del cosmos en el hombre y la naturaleza, con la alquimia se puede trasmutar al ser humano y con la magia se pueden manejar todas las leyes del cosmos y de la tierra. Aun encontramos huellas de este conocimiento sagrado en las películas, novelas, cuento y en muchas otras actividades de la humanidad.
Pero volviendo a lo que nos interesa sobre la utilidad del esoterismo y sus disciplinas paralelas, es cuestión de reflexionar un poco; por ejemplo, la astrología nos sirve para realizar una carta natal que bien interpretada nos indica cuáles son nuestros puntos débiles y cuáles nuestros puntos fuertes para una más correcta acción en nuestras vidas. La alquimia, igualmente, nos indica cómo trasmutar nuestro plomo en oro, o sea nuestras debilidades en fortalezas; la magia nos ayuda a desentrañar los misterios de cielo y de la tierra para hacer nuestra estancia y búsqueda de la verdad más placentera, utilizándose positivamente. A esto le podemos ir agregando la innumerable cantidad de disciplinas que poco a poco van apareciendo y que con su conocimiento, práctica y ejercicio nos ayudan a que nos renovemos en todos los planos por los que nuestro cuerpo transita, como son el plano físico, el emocional, el mental o intelectual, el plano intuitivo, el plano místico, el plano espiritual y el plano divino.
Para tratar de hacer más ameno y comprensible este espacio, procuraremos apoyarnos en diversos análisis y comentarios de múltiples personas interesadas en este esquema que compone el llamado mundo del esoterismo y que con el tiempo dejará de ser un enigma para convertirse en un conocimiento al alcance de todos los que quieran ver y todos los que quieran oír; para ello nos introduciremos a la magia, después a la astrología y a la alquimia.
¿Quién no ha oído hablar de la magia, o simplemente ver actos de magia o prestidigitación que son tan comunes en los espectáculos públicos? Pero con todo el respeto que esta actividad nos merece no tiene que ver en absoluto con la verdadera y real magia que, en tiempos pretéritos, se manejaba por los maestros como hoy un piloto maneja un avión, por hacer una comparación más difícil de imitar. La magia, cuyo vocablo viene de la palabra magister, magisterio, hace al MAESTRO con mayúscula, y fue en su momento el motor de grandiosas culturas sagradas, como la maya, la tolteca, la olmeca, la egipcia, la hindú, la griega, etcétera.
El doctor Serge Raynaud nos explica en Los Grandes Mensajes, hablando de la magia en el siglo XX, cómo los esclarecimientos sobre prácticas de magia no son cosa nueva, si se quiere hablar de datos concretos, de explicaciones serias, de hechos expuestos por la ciencia denominada oficial, de pruebas dadas por doctos sabios.
Si mediante las doctrinas secretas se entra, continúa el Maestre, en el dominio esotérico, a pesar de todas las grandes teorías, no deja uno de tropezarse con el escepticismo de la horrenda congregación de mecano-materialistas. Con todo, sigue afirmando, hay que reconocer que nos rodean fuerzas misteriosas, y que a duras penas se puede dar una explicación de física pura... Se debe tener el valor de confesar nuestra impotencia o mejor: nuestra debilidad, ante el Gran Todo.
Si conserváramos todavía la totalidad de las obras destruidas durante las guerras de la antigüedad, tendríamos una magnífica fuente de documentación. ¡Cuánta enseñanza se perdió con estos saqueos de las grandes bibliotecas! Aunque no fuese sólo sino la de Alejandría, aquí y allá quedan algunos objetos: manuscritos, como por ejemplo la colección de papiros egipcios en Leiden, Holanda, que no van más allá del siglo III, y cuyo número 75, que lleva huellas de uso diario, está consagrado a ceremonias de magia y al efecto taumatúrgico por intermedio del amor místico.
A pesar de los escritos que han podido perpetuarse a través de los siglos, únicamente la enseñanza verbal ha quedado como el verdadero vehículo de instrucción, y los "pergaminos", las "claves" y las "oraciones", no son más que puntos de referencia para la vida iniciática. En todas las sectas, además de sus ritos o de sus manuales de dogmas que contienen cuadros, sellos, fórmulas que representan únicamente concordancias, proceden los maestros a la iniciación de los adeptos.
El simple brujo de campo procede también él mismo a la "transmisión de poder" sobre su lecho de muerte...
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