Opinión / Columna
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Rebecca Arenas
Humo blanco en la CNDH
Diario de Xalapa
12 de noviembre de 2009
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Tras dos semanas de retraso por la acalorada discusión del paquete fiscal 2010, finalmente el Senado llevó a cabo la elección del nuevo presidente de la CNDH, resultando ganador Raúl Plascencia Villanueva.
La elección del nuevo ombudsman nacional estuvo precedida por un registro inicial de 27 aspirantes, que comparecieron en lo individual ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara alta. Con base en este ejercicio, la comisión de senadores eligió una terna finalista que quedó integrada por Luis Raúl González Pérez, abogado general de la UNAM; Raúl Plascencia Villanueva, ex primer visitador de la CNDH, y Emilio Alvarez Icaza, ex presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Distrito Federal.
Esta fue la terna que votó el pleno del Senado en días pasados, dándole desde el principio la ventaja a Raúl Plascencia, con 75 votos, frente a Alvarez Icaza que alcanzó 32 y González Pérez seis votos. Pero como la regla establecía que el ganador tenía que obtener el voto de las dos terceras partes de los senadores presentes, es decir 76 votos, se llevó a cabo una segunda votación, en la que, Raúl Plascencia ratificó su triunfo, ahora con 78 votos.
Cabe destacar lo anterior, porque la elección del nuevo ombudsman nacional no fue un proceso apresurado ni se llevó a cabo tras bambalinas. Tuvo reglas claras y etapas definidas, y todos los interesados pudieron seguir paso a paso el proceso, que fue transmitido en vivo por el canal del Congreso.
Por ello causa sorpresa la andanada descalificatoria de algunos grupos de izquierda, en contra de Raúl Plascencia, asegurando que su elección fue una mera simulación y que su cercanía con José Luis Soberanes, el ombudsman saliente, significa que la próxima gestión será "más de lo mismo".
Esta reacción estridente y carente de sustento, proviene de los seguidores de Emilio Alvarez Icaza, y su principal instigadora es la senadora Rosario Ibarra de Piedra, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, cuya larga y conocida trayectoria a favor de los desaparecidos, y su crítica sistemática a instituciones y gobiernos no le dan la patente de corzo para denostar la elección, cuando ella misma avaló el proceso, hasta que perdió su candidato Emilio Alvarez Icaza.
A quienes promovieron a Emilio Alvarez Icaza como el hombre idóneo para presidir la CNDH evidentemente les falla la memoria, porque aunque tuvo algunos aciertos, durante la gestión de Marcelo, en su primer periodo como ombudsman del Distrito Federal, Alvarez Icaza solapó sin ningún reparo decisiones de Andrés Manuel López Obrador, violatorias de los derechos humanos de los capitalinos, como su negativa a aceptar la Ley de Transparencia y la Ley de Acceso a la Información en el gobierno del Distrito Federal. Tampoco parecen recordar la parálisis de Alvarez Icaza frente a la tragedia de los linchamientos en Tláhuac en 1994, por la negligencia y tardanza de los cuerpos policiacos del gobierno capitalino. Tampoco hizo nada el entonces ombudsman del Distrito Federal, cuando las huestes de López Obrador se adueñaron durante meses del primer cuadro de la ciudad de México, perjudicando a cientos de miles de ciudadanos, en su transporte, en su acceso a trabajos, en la pérdida de empleos en el sector servicios, y demás. Nada dijo ni hizo al respecto el entonces ombudsman Alvarez Icaza, cuidando evidentemente su reelección.
Ahora brillan por su ausencia la tolerancia, el respeto y la honestidad moral e intelectual. "Al diablo con la elección", nos dice con su actitud la senadora. ¿Les resulta familiar?
Resulta claro que la relación entre la Comisión de Derechos Humanos del Senado y la CNDH no será miel sobre hojuelas. Más allá del esfuerzo que pueda llevar a cabo Plascencia Villanueva, estará la cerrada actitud de la senadora Ibarra de Piedra. Como si el horno estuviera para bollos.
En cuanto a la agenda de trabajo del nuevo ombudsman y sin dejar de reconocer que la CNDH logró avances significativos en los últimos años, en la nueva etapa que está por iniciar, deberán tomarse en cuenta las insistentes demandas de la sociedad organizada. Una de ellas, que haya mayor cercanía de la CNDH con la gente: que sea una institución accesible para todo el que la necesite. Igualmente importante, que haya una difusión amplia y efectiva de los derechos humanos, para que los mexicanos de todos los niveles socioeconómicos, los conozcan y los hagan valer. También, que se impulse ante el legislativo, cambios en la ley que hagan posible que las recomendaciones emitidas por la CNDH puedan utilizarse como elementos probatorios por parte del Ministerio Público federal, lo que hoy no es posible. Y siguen los temas: seguridad, fuero militar, atención a las víctimas de violaciones a derechos humanos; y que se integre el tema económico a la agenda de los derechos humanos, pues desempleo, pobreza y marginación afectan a las garantías individuales.
Un reto insoslayable que tiene la CNDH es mostrar su eficacia, a partir de resultados concretos, tangibles, ya que a pesar de contar con el presupuesto más alto de los organismos de derechos humanos en América Latina -más de 900 millones de pesos- sus resultados no han sido hasta ahora los que cabría esperar.
Pero yendo al fondo del problema, la clave para destrabar el lento y gradual proceso de promoción y respeto a los derechos humanos en nuestro país va más allá de la mera elección del nuevo titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Mientras la ley no dote a la CNDH de las herramientas que verdaderamente le permitan garantizar la protección de las garantías fundamentales de los mexicanos, poco podrá avanzarse en este fundamental tema. Toca al nuevo ombudsman promover estos cambios, a la ciudadanía apoyarlo y al legislativo hacer la tarea. Se dice fácil.
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