Opinión / Columna
 
Guillermo H. Zúñiga Martínez 
Preparación y trabajo
Diario de Xalapa
9 de noviembre de 2009

  Ha sido recurrente la insistencia de compañeros que se dedican a la difusión de las ideas, evaluación del trabajo político y comunicadores sociales de prestigio sobre un tema que por sí mismo es interesante y merece un comentario respecto de sus aristas, implicaciones y proyección económica y social. Me refiero concretamente a esta pregunta: ¿Para qué preparar a los ciudadanos y otorgarles títulos sobre diversas especializaciones, si una vez que tienen el documento en sus manos enfrentan una realidad que les niega, de primera intención, desempeñar un puesto remunerativo?

Hace unos días, dos amigas, pertenecientes a la Generación "Vikingos" de la Escuela Normal Veracruzana, me hicieron exactamente el mismo cuestionamiento. La contestación fue inmediata y sincera: "-Miren ustedes, actúen de tal manera que sus hijos no se preparen, porque una vez que aprueben su examen profesional no tendrán trabajo. ¿Como madres de familia que son, estarían de acuerdo en hacer eso?". Reinó el silencio y surgió la luz, porque la intención de padres de familia, educadores, políticos, es hacerle el bien a sus semejantes, prepararlos, inducirlos al estudio, promover que practiquen la investigación, sembrarles la inconformidad de su estado espiritual e intelectual para que se superen minuto a minuto y lleguen a ser mejores cada día.

Es más -les expresé en esa ocasión-, la preparación debe proporcionarse sin pensar en cómo me va a ir mañana, dado que cuando se dan las oportunidades profesionales y se enlistan los requisitos para aspirar a ocupar algún cargo o ejercer alguna actividad, allí es donde se da uno cuenta que es un error, y lo será por siempre, permanecer en la oscuridad, ser amigo de la ignorancia y vivir realizando actividades primarias sin cultivar la técnica, la ciencia, las artes o la vocación social.

La conversación terminó como debe darse entre amigos, con una enorme camaradería; entonces una de ellas expresó: "-Estamos de acuerdo, se debe preparar a la población en los diversos campos de la actividad humana, pero al mismo tiempo trabajar para crear las condiciones que sean lo más atractivas posible para generar inversiones que permitan enriquecer la economía, crear empleos y proporcionar a la población los principales satisfactores que le posibiliten conducirse en la vida con decoro y dignidad".

No valdría la pena fundar empresas y originar colocaciones calificadas, les argumenté, si los trabajadores vinieran de otras entidades o de otros países, en razón de que los veracruzanos estuviesen sumergidos en la impreparación; es por eso que los gobiernos que se han sucedido en el transcurso del tiempo, han creado escuelas normales, de derecho, facultades de medicina, ingeniería, pedagogía, psicología, ciencias sociales, relaciones públicas, periodismo, artes, química, física, carreras agropecuarias, matemáticas, economía, etcétera, y lo han hecho pensando en la formación del personal adecuado para el trabajo que se cree en el momento y para el futuro.

Una verdad que no necesita demostración, es que las instituciones de Veracruz como las del país, han forjado a hombres y mujeres y no les dan la certeza de que cuando culminen sus estudios tendrán un trabajo asegurado. Cualquier joven puede estudiar lo que más le interese, lo que le agrade, lo que le atraiga y una vez que concluyó sus estudios tiene que enfrentarse a la competencia del mercado del trabajo y a veces vencer a quienes, con las mismas condiciones y herramientas del conocimiento, aspiran al mismo cargo, fenómeno que se da en todo el mundo.

En el siglo pasado, tuvo lugar una polémica entre los maestros Luis Hidalgo Monroy y Antonio Caso. En una de sus intervenciones el antropólogo presumía al normalista que no tan sólo era catedrático sino también un filósofo, a lo que el mentor huasteco le contestó: "-Filósofos como usted se encuentran en cada esquina en los países europeos". Esto viene a colación hoy porque sería muy bello que en las poblaciones de Veracruz encontráramos licenciados, escritores, ingenieros, artistas, etcétera, lo cual sería para lucirse, independientemente de las fuentes laborales abiertas para que los hombres y mujeres egresados de las universidades públicas o privadas pudieran competir por un puesto.

Es difícil de creer, pero aun en este siglo veintiuno existen personas partidarias del oscurantismo, del retroceso, del fracaso y, además, aplaudidores de que los gobiernos no hagan nada, absolutamente nada por preparar al pueblo que gobiernan. Es lamentable, pero es una realidad cuando deberíamos unir nuestros esfuerzos para que cada ser humano se ubicara en el contexto del ordenamiento que existe desde 1917 en el artículo 3º Constitucional y que textualmente dice: "Todo individuo tiene derecho a la educación". Ese es el ideal que debemos perseguir todos los días.

zmgh12@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas