Opinión / Columna
 
Rubén Ricaño Escobar 
Xalapa tiene a Juanote, Coatepec a Mano Juan
Diario de Xalapa
5 de noviembre de 2009

  Las frías rachas otoñales y la celebración de Todos los Santos trajeron el recuerdo de un hombre que partió hace ya un año; al recordarlo, asombra la rapidez vertiginosa con que pasa el tiempo, lo efímero que es la vida y lo eterno de la muerte. "Es tan corto el amor y es tan largo el olvido", nos dice Pablo Neruda en su Poema 20, pero también, cómo olvidar a quien ha dejado una onda y perdurable huella entre sus familiares y amigos, cómo no lo van a recordar quienes tuvieron no sólo el gusto, sino el honor de conocer a un gran hombre, cuya grandeza radicó en su humanismo, su sencillez y humildad. El cinco de noviembre del año pasado muere en Coatepec, a la edad de ochenta y dos años, José Juan Rebolledo Landa, amplia y cariñosamente conocido como Mano Juan.

Comentamos en alguna ocasión que los pueblos se forjan por su gente y que los constructores de pueblos, los que hacen ciudad y ciudadanía no son, necesariamente, aquellos con poder económico o político, sino quienes aportan cosas buenas y positivas a través de sus actos y de sus ejemplos, por pequeños que éstos sean. ¿Acaso las grandes cosas no se hicieron de las pequeñas? Juanote, en Xalapa, llamado así por su gran tamaño y fortaleza, dejó honda huella por ser una persona especial; se le recuerda porque dedicó su vida a ser cargador de número, con su mecapal listo para cargar desde un enfermo, hasta un piano. Lo que le dio una fama casi mítica fue que era amante de la música clásica, gustaba y sabía de ella y no se perdía un concierto de la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Pero, yendo más allá, muchos de quienes lo conocimos nos quedamos con su sencillez, humildad, bondad y su clara inteligencia.

Así, recorriendo la provincia, encontraremos en cada pueblo personajes emblemáticos que le dan personalidad, que son populares y queridos, porque se lo han ganado; unos son intelectuales, otros artistas, otros más guerrilleros, religiosos o simplemente personas que aportaron algo, que dieron identidad a los poblados. El Negro Yanga en la región de Córdoba, Pedrote en Perote, Rutilo Parroquín en el Santuario, Raúl Pazzi en Pánuco, Manuel Ortega y Antonio Sosa en Barlovento y, al llegar al mágico, mítico y hermoso Coatepec, sabremos que a su historia, a su tradición y a su muy vasto yacimiento de hombres y mujeres notables, a su acervo popular, se adosa la biografía de un hombre sencillo, alegre, generoso, que con su vida dio testimonio de Dios por ser solidario, caritativo, refugio de quien estuviera desamparado. Mano Juan Rebolledo llevó de la palabra a los hechos la doctrina de Cristo de dar agua al sediento, dar comida al que tuviera hambre y literalmente dar casa a quien fue despojada de su techo. El fue de esos hombres que casi ya no hay y que si hubiera más, éste fuera un mundo mejor, más solidario, más cordial, más humano.

"Ay, un año más sin ti, el tiempo pasó, quién lo creyera", dice el viejo bolero que interpretaba Javier Solís, pero el recuerdo de Mano Juan vive y perdura en el corazón de sus seres queridos, de sus muchos amigos que lo siguen amando y lo demuestran de muchas maneras, siguiendo su ejemplo de bondad, de alegría, tratando de imitar esa singular forma de ver la vida y de darse a los demás. No en vano, sin que la familia supiera, sin decirle a la izquierda qué hacía la mano derecha, sus amigos se pusieron de acuerdo para arreglar su mausoleo en el panteón de Coatepec. Qué significativo homenaje a quien dio sin esperar recibir, a quien se levantaba a las cuatro de la mañana para barrer, no sólo el frente de su casa, sino toda la calle; a quien siempre tuvo una sonrisa, un buen comentario, quien extendió la mano siempre solidaria para ayudar al prójimo, cumpliendo con el mandamiento de la ley de Dios. Se le recuerda con cariño, con admiración, con alegría y con agradecimiento, porque conocerlo fue realmente un regalo generoso. Orgullo de su gran familia, ejemplo para la sociedad, luz para quienes lo conocieron. Así vivió Mano Juan.

Comentarios rubenricano@mexico.com.
 
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