Opinión / Columna
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Eduardo Pabello
Ejes de la desconfianza
Diario de Xalapa
4 de noviembre de 2009
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Confirmados los incrementos a las tasas de los impuestos al Valor Agregado y Sobre la Renta, el impacto de los mismos en los bolsillos de millones de familias se dejarán sentir severamente. Más allá de siglas partidarias, las decisiones arancelarias sobre las que se pronunciaron los legisladores federales representan no sólo un golpe a la economía doméstica, sino un verdadero cruzado de derecha a la mandíbula asestado al grueso de la población, a la que poco le convencen los discursos y pretextos que se pronuncian a modo de disculpa por parte de aquellos a los que les faltó inteligencia para encontrar fórmulas recaudatorias efectivas que no lastimaran tanto el gasto familiar.
Se equivocan los doctos en economía al creer que la Ley de Ingresos aprobada reportará a la hacienda nacional el numerario programado, simple y sencillamente porque se les olvidó que los contribuyentes y consumidores cautivos no podrán gastar lo que no tienen, por lo que al ver afectados sus ingresos por razón del incremento en el ISR se contraerá el gasto, el consumo, situación que se reflejará en un menor entero del IVA, cuyo resultado se traducirá en una caída de la demanda de bienes y servicios, desempleo y el consecuente deterioro del tejido social.
Renunció la administración federal a la contratación de deuda como mecanismo para obtener liquidez, favorecer la derrama económica y ampliar la planta productiva con lo que se alienta la demanda de mano de obra; renunció también a reducir el gasto corriente de manera sustancial; reconoció, al desaparecer a la Secretaría de la Función Pública, que la corrupción es parte fundamental del sistema de gobierno y que por ello no se requiere continuar con la simulación, por lo que no tiene sentido costear entidades públicas cuya función pública era más la complicidad que el control.
Se optó por el camino fácil: endosar el costo de la crisis a los contribuyentes cautivos, a los que se le aumentará no sólo la carga fiscal, sino que se les incrementarán los procesos de fiscalización a fin de reducir al mínimo la evasión y la elusión, fenómenos que inevitablemente aparecerán ante la infame Ley de Ingresos aprobada para el ejercicio fiscal 2010.
De ninguna manera puede esperarse que las políticas públicas del gobierno federal sean capaces de revertir los índices actuales de desempleo, dado que, cuando se dispuso de suficientes recursos, el número de desempleados creció más allá de lo esperado; peor aún, no sólo aumentó el desempleo en los días de auge económico, el número de mexicanos en pobreza extrema se incrementó, apenas en tres años, en más del cuarenta por ciento.
Tampoco podemos pensar que con los recursos que programa allegarse la administración calderonista durante 2010 la lucha en contra del narcotráfico arroje cifras positivas, debido a que pese haber capturado a miles de delincuentes, decomisado volúmenes históricos de estupefacientes, asegurado incontables bienes muebles e inmuebles, así como dinero en efectivo, el efecto social, la salud pública, sigue siendo afectada seriamente por las organizaciones criminales según demuestra la Encuesta Nacional de Adicciones 2008, cuyos resultados indican que el consumo de mariguana y cocaína se ha incrementado sensiblemente durante el periodo 2003-2008, pese a que el consumo de esas drogas descendió consistentemente de 1998 a 2003.
La sociedad no puede, aunque lo desea, creer que un esfuerzo tributario mayor coadyuve a mejorar la situación de la economía nacional. No existen elementos suficientes para confiar en nuestros gobernantes, aun y cuando digan una y otra vez que el nuevo sacrificio que se impone nos sacará a flote. La ciudadanía no cree, ni confía ya en las instituciones. El sistema está agotado; el uso patrimonialista del poder, la impunidad, la corrupción, el retorno de la demagogia y la incompetencia, son las constantes, los ejes que sustentan la desconfianza del pueblo respecto de sus autoridades.
Lo único que sí podemos pedir, tras el derechazo que nos pone fuera de combate es que, por piedad, dejen ya de mentir, de pretender engañarnos con discursos sosos, soeces, ya que desalientan, irritan, lastiman e insultan a la inteligencia del colectivo social.
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