Opinión / Columna
 
Fernando Hernández Flores 
Regresando al mictlan
Diario de Xalapa
3 de noviembre de 2009

  Pareciera que fue ayer cuando, estando entre la multitud, los rostros de la gente estaban en duda y total desconcierto. Mientras, la adrenalina corría, los nervios, la conmoción y el impacto generado por el correr de la sangre sobre la calle. Al pasar unos breves minutos, la persona que estaba acostada en el suelo se fue distanciando, entrando en un profundo sueño que la trasladaría a otra dimensión. Ahí el alma de este valioso ser entraría en contacto con las demás almas, con sus amistades, familiares y más; mientras su cuerpo se disolvería aquí en la tierra volviendo a sus orígenes, transformándose en polvo, ya que se es polvo y al polvo se regresa.

Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl reciben a todos con los brazos abiertos con festines y entusiasmo. El inframundo o mictlan está reservado para todos los que en su momento fueron mortales y que posteriormente pasan a otra vida mejor. La muerte es un dormir solamente y un despertar en el mictlan, ahí se sigue viviendo y se comparten esos amplios espacios entre todos los presentes. Es como estar encerrados en una gran cueva como la que menciona Platón en su mito de la caverna; sin embargo, llega el momento que pueden ver una luz y salir un poco para recordar sus ayeres y absorber los ricos olores y sabores de los tamalitos, el chocolate, el pan, las calabacitas en dulce, el mole, el manjar y hasta el aguardiente; la cueva se abre, es Todos Santos, Xantolo para los huastecos, Ninin para los totonacas y las ofrendas están listas en el altar, esperándolos para que tomen, beban y disfruten una vez más.

Ahora estamos, mañana nos vamos y no volveremos a ver las sonrisas ni carcajadas, ni diálogos ni aprendizaje, partiremos a un lugar diferente; pero volveremos y buscaremos la forma de comunicarnos con los del mañana para que las fiestas prehispánicas y el aprecio a los que un día partimos siga vigente y se realice la celebración a los muertos que aún siguen vivos porque no se han ido, siguen en los pensamientos y en los corazones.

Regresamos a la cueva, a nuestra casa más grande, al mictlan. Somos luces que brillan como las estrellas, que pasan como los cometas y que volverán otra vez. Así que estén a la espera y no teman a la muerte, ni a los muertos. Lo que en vida puedas festejar, adelante, y si no, cuando mueran, festéjales, así como cuando te agrada atender a un invitado o invitada especial tuya. Cenco tlazohcamatic.

venandiz@hotmail.com
 
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