Nuestra Vida
El Buzón del Miedo / El Resucitado
Diario de Xalapa
2 de noviembre de 2009

Rosa María Campos

Xalapa 2002

Me presento:

Soy Antonio Morales, pintor, escultor, escritor. Actor, en ocasiones. Fiel a mi esposa, a pesar de lo mucho que me gustan las mujeres. Fui alcohólico, hoy bebo litros, pero... de agua. Tengo una vida feliz, por lo cual a diario agradezco al Altísimo, quien me dio una segunda oportunidad para vivir, después de ser declarado muerto. Sí, increíble pero cierto. ¡Estuve muerto cuatro horas! El médico de guardia, del piso donde estaba hospitalizado, firmó mi acta de defunción a consecuencia de un infarto del miocardio, cardiopatía isquémica aterosclerosis e insuficiencia renal. ¡Créamelo! No miento. En cambio tengo mucho qué contarles al respecto:

Estaba frío como la nieve en la cama número siete que me asignaron en el ala de enfermos terminales, antes de morir y ser llevado al anfiteatro del hospital para esperar, junto con otros cadáveres, que algún pariente compadecido pagara mi funeral. Recién muerto pude percatarme cómo salía de mi cuerpo para entrar en un túnel de luz Pero, mmm, ¡qué estoy diciendo? necesito ponerlos en antecedentes. Así como así, no se cuentan las historias, más aún cuando son verdaderas.

Un año antes de ser declarado muerto, mi primera esposa, veinte años más joven que yo, confesó estar enamorada de mi mejor alumno. Su confesión me dejó demente. La muy abusiva no terminó ahí. Me pidió el divorcio y fui lanzado de la casa. Nuestra casa, que con préstamos, mucho trabajo y ayuda de mis viejos, pude construir frente a Los Lagos. La decepción me llevó a la borrachera. A mal comer, al insomnio a fumar como chacuaco... Era tal mi desesperanza, que a pesar de mi permanente estado etílico, determiné que me acercaría a Dios, sólo El podría evitar mi suicidio. Nunca antes no había considerado la espiritualidad, era un genuino ateo. Empecé a leer acerca de religiones y filosofías, que pudieran ayudarme a superar mi pena, pero continuaba embruteciéndome con el alcohol, hasta que una noche perdí el conocimiento y como cualquier teporocho me quedé tirado en el quicio de mi casa.

Unos buenos vecinos, a quienes les viviré eternamente agradecido, me levantaron y llevaron al Hospital Civil, donde el destino me entregó en manos de una enfermera, un ángel, que me atendió desde el instante en que ingresé, hasta los momentos más difíciles de mi enfermedad. A ella, después de leer un libro sorprendente, le supliqué que no se separara de mi cadáver hasta pasadas cuatro horas, según las recomendaciones del mencionado libro cuyo tema era la vida, después de la muerte.

Ella, recuerdo, me sonrió, acarició mis manos y prometió que cuidaría de mí. "No se preocupe, yo estaré a su lado, no voy a permitir que nadie lo toque" y lo cumplió. Pero bueno, regreso al momento en que morí. Yo me sentía atrapado por la oscuridad, sin embargo veía mi cadáver que permanecía inerte sobre la cama, aislada por un patético biombo para que no se percataran los otros enfermos de que había muerto. Después visualice un túnel de luz. Y yo quería ir hacia ella como un niño perdido quería correr hacia los brazos de su madre o padre, pero ahí tienen ustedes que cuando avancé hacia la luz, supe que si entraba en el túnel me toparía con la muerte. De modo que dije / sentí, "Por favor muerte espera. Me gustaría hablar contigo antes de seguir. Y mi pedido fue aceptado. Tuve una conversación con la muerte y enseguida repaso con ustedes mis reminiscencias: La muerte se transformó en diferentes figuras, como Jesús, Buda, Krishna, imágenes arquetípicas y signos. Entonces pregunté en una especie de telepatía, "¿Qué es lo que está pasando aquí?" La información transmitida fue que nuestras creencias configuran la clase de retrospección que recibimos. Si uno fuera un budista, un católico o un fundamentalista, recibirá una retroalimentación de las imágenes que le sean familiares, al mismo tiempo yo tomaba conciencia de una matriz de Sí Mismo Superior, un canal hacia la Fuente, en otras palabras de un acercamiento al Altísimo y experimenté el amor que uno siempre anhela, un amor sanador, regenerativo.

Me sentía tan feliz y libre que dije a la muerte: "Estoy listo, tómame". En aquel instante la muerte se transformó en lo más hermoso que se pude imaginar: era un mándala de almas humanas. Las más bellas creaciones imaginables, lo que cambió mi opinión de nosotros los seres humanos. "No hay maldad en ningún alma me dije y la Luz o la muerte añadió: "Las personas pueden hacer cosas terribles debido a su ignorancia o carencias, pero ninguna alma es mala, se distorsiona por falta de amor". Las revelaciones siguieron, siguieron. Entré a otro ámbito donde percibí una enorme corriente de Luz, vasta, rebosante, honda. Pregunté: ¿qué es esto? Lo que llamamos muerte respondió: "Este es el Río de la Vida, bebe de esta agua-maná hasta saciarte. Bebí. El vacío de la nada repentinamente pareció como si me fuera propulsado velozmente lejos del planeta y la Tierra pasara volando. El sistema solar se mostró como una exhalación y desapareció, y yo volé por el centro de la galaxia, absorbiendo conocimiento a medida que avanzaba. Aprendí que esta galaxia y el Universo entero, está rebosante de muchas diferentes variedades de vida. Entonces apareció una segunda Luz, cuando entré en ella, pude percibir que me encontraba en un Vacío, de antes de la creación. Era el principio del Tiempo, de la primera Palabra o vibración.

Descansé en el Ojo de la Creación y parecía que tocaba el Rostro de Dios, no era un sentimiento religioso. Simplemente yo era Uno con la Vida y la Conciencia Absoluta. Seguí en el río directamente hacia el centro de la Luz. Me sentí envuelto por ella cuando me inhalaba nuevamente con su aliento. Era obvio: ¡no existe la muerte! Nada nace y nada muere; somos seres inmortales, partes de un sistema viviente natural que se recicla interminablemente y todo está hecho de luz; todo está vivo. Esta es la más fantástica bendición. Es una bendición que sobrepasa la más loca imaginación de lo que una bendición pudiera ser. Pienso ahora, que después pasé por el proceso de la reencarnación, esperando nacer como un bebé en alguna parte... Pero no fue así, después de tan indescriptible experiencia regresé a mi cuerpo, Estaba de vuelta en el hospital frente alguien que me miraba y lloraba desconsoladamente. Ese alguien era mi ángel, mi esposa actual.

Comentarios: Taca.campos@gmail.com