Opinión / Columna
 
Carlos Darío Martínez Brash 
Ya se está cocinando
Diario de Xalapa
31 de octubre de 2009

  A alguien le escuché decir: "Hay que aprender a salir más limpio, aun de los asuntos sucios, y si es preciso, a lavarse con agua sucia". Y esto viene al caso, al ver a los diputados y senadores allá en México junto con el jefe del Distrito Federal, ahora convertido en uno de los probables para 2012, a negociar gubernaturas y ese ya famoso 2012 presidencial que dejará con más problemas que los que tiene una chica bien y católica, cuando la prueba del embarazo le sale positiva, y no sabe de quién fue la gracia, ya que fueron tantos, que no sabe si escoger como víctimas al primo, al tío o al cura, pero que ahora los inculpados se defienden con la prueba del ADN, que a muchos ha salvado o ha hundido, según el caso.

Las adivinanzas, las especulaciones, la famosa frase de "me lo dijeron de fuente confiable", son técnicas estresantes para desocupados de café, que quisieran saber siquiera quién son ellos, por esa falta de identidad que sufren de toda la vida y que quisieran suplir, aunque fuera con una chamba de portero del preciso. Pero no, esto sólo es el chismorreo de los hombres que no hablan de moda o de la honra de la vecina, sino que sólo se dedican a romperle el prestigio a los sonados, llevándose por ahí a la familia que nada tiene que ver, pero que sufre los ataques dirigidos al futuro candidato, y que, en casos desesperados, cuando todo falla, se le endilga el famoso calificativo de "gay", apoyado en leyendas urbanas, del que no se pueden despojar de por vida, propiciado esto por esa canallería de ávidos parásitos.

Hacer planes y soñar proporciona sentimientos agradables, pero lo cierto es que estos analistas deberían descansar de esta actividad de cuando en cuando y ejecutar algún plan, aunque tengan que sacrificarse trabajando de gorra para algún partido, y recobrar su libertad intelectual y moral, que tienen empeñada en algún montepío donde no prestan por caprichos, sino por lástima.

La verdad es esta: estos asuntos se cocinan en la olla grande, allá donde sólo meten las manos los que cocinan con el libro de cocina en ella, y meten la cuchara porque ellos cooperaron con la compra del "recaudo" y están autorizados para ponerle la sal y la pimienta con las que le dan el color al guiso y sabor al caldo. Y estos chefs de alta cocina, nunca pierden ni se les quema el champurrado, porque tienen a sus pinches, que traducido de buena ley, quiere decir ayudante de cocinero, que vigila la cocción, así como también corta y reparte las verduras de diferentes colores, todo esto con la voluntad y respaldo de mucha lana, que es el principal elemento disolvente y disuasor; por lo tanto, no nos atrevemos a opinar sobre esto, ya que sabemos que los tamales se cuecen desde antes, y cada uno trae su sorpresa como la rosca de reyes, pero sin niño, pero sí con hueso, junto con aplausos.

Y como dijo el politólogo Quintín Barreto: ¡Pérenseee!

Correo electrónico:

carlosdariomtz@hotmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas