Opinión / Columna
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Sandra Hazas Arroniz
Todos Santos y Fieles Difuntos
Diario de Xalapa
30 de octubre de 2009
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El día primero de noviembre la iglesia católica recuerda a todos los santos, es decir, a las personas que en su paso por este mundo se distinguieron por practicar las virtudes humanas y cristianas de manera extraordinaria, ejemplar. Las causas de los santos son sometidas a un laborioso proceso de investigación donde participa toda la comunidad con oraciones, aportando información y donde no deben faltar pruebas científicas de algún milagro que hayan realizado los futuros santos en nombre de Dios.
Lo importante es que la Iglesia reconoce las vidas virtuosas porque son fuente de inspiración para el pueblo de fe.
El día 2 de noviembre se recuerda a los fieles difuntos, en especial cada familia piensa en sus seres queridos que han fallecido y ofrece oraciones en su memoria. También se acostumbra asistir a una Celebración Eucarística con la misma intención y de igual manera las personas visitan tradicionalmente los cementerios llevando flores a las tumbas de sus familiares y amigos.
Estas tradiciones católicas se combinan con las tradiciones de nuestros pueblos prehispánicos que no consideraban a la muerte como el fin de todo. El alma va a algún sitio y por ello en una fecha determinada los difuntos regresaban para proveerse de agua y comida. Y además en su tradición politeísta idearon un dios para la muerte como lo fue Mictlantecutli.
El festejo en torno al Día de Muertos en nuestra patria es hoy considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Como parte de nuestras tradiciones está la colocación de los Altares de Muertos, que paradójicamente rebosan vida; la creación de las calaveras inspiradas en los grabados de José Guadalupe Posadas y la redacción de versos denominados también calaveras donde se habla de los vivos, suponiendo que murieron por sus excesos o errores o resaltando algunas de las características de su personalidad.
En los altares podemos apreciar la hermosa flor de cempasúchitl y toda una variedad de comida típica de cada región que además en vida fue disfrutada por el difunto al que se le coloca la ofrenda. Están presentes las manzanas, naranjas, plátanos, canastitas con dulces, mole, pipián, tamales, erizos hervidos, chocolate, aguardiente, dulce de calabaza, etcétera. Todo ello representa al elemento "tierra". Está presente el "aire" en los rehiletes y el papel china que vuela con el viento, así como en el humo del sahumerio. Nunca falta el vaso de "agua" que sirve para calmar la sed del ánima que ha viajado hasta el lugar de la ofrenda. El "fuego" está presente en las velas y veladoras que se encienden en el altar. Los escalones tienen también distintos significados. Por lo general en el escalón de mayor rango se coloca la imagen de los santos a los que los difuntos se encomendaron. O bien una imagen de la Virgen María en sus diferentes advocaciones. En el siguiente escalón hacia abajo se coloca la fotografía del difunto y en los escalones finales todas las viandas preparadas para la ocasión.
En México, las instituciones dedicadas a la cultura, a la educación, al servicio público, al turismo y muchos ciudadanos han hecho un esfuerzo conjunto para rescatar nuestras tradiciones y fomentarlas entre las generaciones nuevas, pero ciertamente la publicidad y la mercadotecnia de los estadounidenses con su "Halloween" tienen un impacto fuerte entre nuestros niños y jóvenes. Finalmente el asunto del Halloween que consiste en recrear fantasmas y muertes violentas ya hasta parece inofensivo frente a otras corrientes nuevas que están tomando mucho vuelo como el satanismo y el ocultismo.
Nos entristece ver así a nuestro país. Preferimos pensar en lo bueno que nuestros fieles difuntos lograron aportarnos durante su vida y en las virtudes de los santos como ejemplo para la humanidad.
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