Opinión / Columna
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Rebecca Arenas
Miscelánea fiscal: más a los mismos
Diario de Xalapa
29 de octubre de 2009
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De nueva cuenta, el paquete de ingresos 2010 que anunció el gobierno federal, no ha pasado de ser una miscelánea fiscal que le cobra a los mismos de siempre y que sube los impuestos en el peor momento.
Desde la lógica panista, la obtención de recursos para tapar el boquete fiscal tenía que salir de algún lado. Incapaz como se ha visto, de aumentar la base gravable y reacio a eliminar los tratamientos especiales a las grandes empresas, el gobierno federal ha preferido que sean los mismos de siempre, los asalariados y los consumidores, los que se sigan apretando el cinturón, a sabiendas de que esta medida dolorosa para la gran mayoría, resultará insuficiente.
Lamentablemente, esta visión inmediatista y simplista de la tecnocracia panista ha sido respaldada por los diputados del tricolor, instruidos, según se dice, por sus gobernadores que no quieren ver disminuidos sus recursos. La reacción de la ciudadanía ha sido de tal malestar, que el dirigente panista César Nava trató de lavarse las manos, culpando a los priistas del aumento del IVA.
Más allá de la versión del panista, que parece olvidar que "Peca igual el que mata la vaca que el que le amarra la pata", el hecho es que los diputados aprobaron aumentar los impuestos y esto ha provocado un clima de animadversión social que podría derivar en altos costos políticos. Por ello la Cámara de Senadores ahora intenta renegociar el paquete fiscal, buscando eliminar algunos de los impuestos aprobados en San Lázaro. No la tienen fácil.
De no haber cambios sustantivos antes del 31 de octubre en que vence el plazo para aprobar la ley de ingresos, el panorama impositivo sería el siguiente: el ISR pasa de 28 por ciento a 30 por ciento, el IVA aumente de 15 por ciento a 16 por ciento, se aumentan los impuestos especiales a telecomunicaciones y a bebidas alcohólicas en 3 por ciento, suben impuestos a juegos y sorteos; el déficit crece de 0.5 por ciento a 0.75 por ciento y el precio de petróleo pasa de 53 a 59 dólares por barril, todo lo cual sumará unos 240 mil millones de pesos, cantidad que tampoco será suficiente para que alcance la ya estiradísima cobija, para todo lo que se necesita.
Frente a tal desbarajuste, nos preguntamos, igual que el año pasado: ¿Qué pasó con los proyectos para ampliar las base tributaria? ¿Y qué con los incentivos para la productividad y la competitividad? ¿Dónde está la simplificación administrativa, y donde los proyectos para evitar las fugas fiscales?... Evidentemente no se logró nada.
En otras partes del mundo, la crisis económica ha llevado a los gobiernos a tomar decisiones solidarias con la gente, rescatando fuentes de empleo o disminuyendo impuestos a los contribuyentes. Esto último acaba de ocurrir en Alemania, un país desarrollado donde la gente sí paga sus impuestos. En México las cosas ocurren a la inversa, el gobierno no ha sido capaz de incrementar su base gravable y tampoco ha estado dispuesto a eliminar los privilegios fiscales a los grandes consorcios, por ello ha optado porque paguen más los mismos de siempre. Una opción comodina para el gobierno, pero injusta y dolorosa para los contribuyentes.
Los más diversos segmentos de la población: empleados cautivos, empresarios de todos los tamaños, comerciantes, estudiantes, amas de casa y consumidores en general, rechazan la miscelánea aprobada por los diputados, convencidos de que solo servirá para que las cosas sigan como están: los mismos excesos del poder público, los altísimos sueldos y bonos de los funcionarios, las prestaciones y los fideicomisos, los subejercicios presupuestales y la opacidad en la rendición de cuentas; los sindicatos aliados del gobierno usando a su conveniencia las cuotas de sus afiliados, y las grandes empresas como Bimbo, grupo Maseca, Televisa y otras, sigan siendo favorecidas con dispensas fiscales.
En el sentir colectivo, no hay esperanza de lograr cambios de fondo que nos favorezcan como Nación. Ni hablar de la reforma del Estado, ni de la calidad de la educación, ni del cambio de rumbo de la economía. Qué esperanza puede haber, con una clase política como la que hoy vemos actuar: carente de una visión de Estado, carente de solidaridad social.
Cada una de las decisiones legislativas que se tomen hoy tendrá importantes repercusiones hacia el 2012, y en esta dinámica al PRI le toca ser el fiel de la balanza. ¿Están conscientes de esto sus legisladores, sus poderosos gobernadores y su experimentada dirigencia partidista? Con todo a su favor, una actitud inflexible, que afecte a la gente adonde más le duele podría empezar a revertir las cosas para el tricolor. Sería lamentable.
xalare@generacionciudadana.org.mx
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