Opinión / Columna
 
Luis Guillermo Franco Robles 
Izquierda fresa
Diario de Xalapa
29 de octubre de 2009

  En el último tercio del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el proyecto en el que había fincado su sexenio se cristalizaba, había logrado la firma del Tratado Trilateral de Libre Comercio. En ese toque acompañado de una extraordinaria campaña mediática para obtener el consentimiento de la población, los mandatarios de México, Estados Unidos y México se reunieron en San Antonio, Texas para signar el Tratado. Era 1992 y se acrecentaba el rumor de que las personas estarían de acuerdo ante una eventual reelección del calvo nativo de Agualeguas, Nuevo León. Después de una polémica elección presidencial, ante el escándalo de que la mayoría priista en la Cámara de Diputados federal ungida como colegio electoral había calificado en positivo la jornada electoral y la posterior quema de los votos. El mundo ahora era otro para los mexicanos, pues la mayoría ahora lo amaba. Era un lugar común platicar acerca del comercial donde un Carlos Bonavides antes de su panza daba un pronóstico del tiempo en donde afirmaba que con la firma del Tlcan, los vientos de progreso y abundancia soplarían por toda la geografía del país.

La izquierda mexicana del momento objetaba que era una pantagruélica fantasía y que en realidad estábamos legitimando la ampliación del "destino manifiesto". Pero la clave fue explotar la ambición de mejores niveles de bonanza económica. El siguiente nivel fue vender que México estaba por entrar al grupo de las economías más poderosas del orbe, me refiero a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Sin embargo, el electorado estadounidense hizo cimbrar al Presidente Salinas. Un ex gobernador de Arkansas llegaba a la Casa Blanca, descontando la posibilidad de reelección de George Bush. Salinas había pactado intereses y amistad con la próspera familia petrolera de Texas. La alianza con Bush hizo titubear, porque incluso amplios sectores de la población estadounidense solicitaron a William Clinton que hubiera una renegociación de los términos en que se había redactado Tlcan. Se debe resaltar que la llegada de Clinton se dio ante todo porque George Bush perdió la elección desde antes de que fueran emitidos los sufragios. El ex director de la Agencia Central de Inteligencia asistió a una reunión del entonces G-7 en Tokio. En esa ocasión vomitó durante la junta de Jefes de Estado, lo cual fue multicitado en los medios e interpretado como un signo de enfermedad. El pueblo americano no iba a elegir a un Presidente que no contara con un buen estado de salud, por lo que un líder débil tenía poco que hacer en el concierto internacional.

Todo se le juntó a Salinas cuando el primer día del año 1994 entraba formalmente en vigor el acuerdo y coincidía con la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Fue evidente que con Clinton se dio una relación rasposa porque Salinas apostaba que la presidencia de Estados Unidos se mantuviera con los republicanos. El tiempo parece que vuelve a enfrentar a Carlos Salinas contra los demócratas, ahora encabezados por Barack Hussein Obama.

En este momento no se puede decir que Carlos Salinas actúa a favor del PRI o que quiere ser factor de decisión dentro de ese partido político. Salinas opera a favor del sistema económico que él creó y que ahora en esta ocasión le corresponde al PAN administrar a través de Felipe Calderón Hinojosa. Si bien es cierto que todo inició en 1986 cuando el Presidente De la Madrid decidió la entrada de México al GATT, el sistema se consolidó bajo la conducción del salinismo.

La semana pasada aterrizó el más fuerte embajador con el que cuenta el sistema estadounidense, William Jefferson Clinton. En la pasarela, obviamente destacó su reunión con hombres de negocios y en particular curiosamente con el hombre que forjó riqueza bajo el auspicio de Carlos Salinas de Gortari, Carlos Slim. Un punto muy especial fue su encuentro privado con Marcelo Ebrard Casaubón. Aderezando el entorno, el fin de semana la cadena gringa en su versión española Discovery Channel hizo un programa especial acerca del asesinato de Donaldo Colosio. Nada es accidental, el imperio está armando una estrategia para reverdecer el repudio que existe contra Carlos Salinas a quien se le atribuye paternidad en el enrarecimiento de las condiciones políticas sociales y económicas de 1994.

Ante el desgaste del PAN, pareciera que los Estados Unidos estarían dispuestos a minar las condiciones del PRI para impulsar a un tercero de una izquierda moderada, distante de los estilos de Andrés Manuel López Obrador que se ha caracterizado por ser del ala fresa del PRD: Marcelo Ebrard. Un tipo pulcro y que además encajaría en el modelo de candidatos guapos y jóvenes.

luisguifranco@gmail.com
 
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