Opinión / Columna
 
Carlos Bravo Matus 
"Muertos o brujas"
Diario de Xalapa
29 de octubre de 2009

  El próximo fin de semana estaremos recordando a nuestros muertos en una fiesta muy peculiar y propia de nuestro país, aunque sobreviviente en algunos estados y particularmente en algunas ciudades y poblaciones del centro y sur, siendo Veracruz el Estado donde se realizan las fiestas conmemorativas en todos sus rincones.

Esta celebración convertida a la cristiandad ya existía entre los pueblos prehispánicos y se ligaba al fin del ciclo agrícola. Para los antiguos mexicanos, Mictlantecuhtli, el dios de la muerte, libera al hombre sus penas, y el viaje después de la muerte no depende de la vida que llevó el difunto, sino de la manera como le tocó morir. Después de la muerte, los guerreros alzaban vuelo alrededor del Sol convertidos en colibríes y mariposas. Con ellos, alzaban vuelo las mujeres que habían muerto de parto, dadoras de vida, ellas mismas guerreras. Aquellos que habían muerto en circunstancias relacionadas con el agua -como ahogados, fulminados por un rayo o de gota o hidropesía- jugaban dichosos en el paraíso de la eterna primavera. Los niños iban al Arbol Nodriza, que goteaba leche para ellos. Todos los demás iban al Mictlán, con sus nueve mundos subterráneos y fríos, donde se desvanecían paulatinamente hasta la quietud total.Según Fray Diego Durán, los indígenas nahuas tenían dos fiestas dedicadas al culto de los muertos: Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, celebrada el noveno mes nahua (agosto), y la fiesta grande de los muertos, el décimo mes del año nahua. Dice Durán que pudo observar que el día de Todos los Santos ponían ofrenda a los niños muertos, y al día siguiente ponían otra para los adultos, dejando de hacerlo en agosto, cuando acostumbraban, para aparentar que festejaban celebraciones cristianas. Igualmente, los españoles heredaron de los celtas la tradición de celebrar el día primero de noviembre la fiesta de fin del año y dedicaron el mes a las "ánimas".

La fiesta de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos aparece en el santoral católico entre los años 827-844 de nuestra era por disposición del Papa Gregorio IV.

Desde el siglo XVII hay antecedentes de la celebración festiva de los muertos, confeccionando entonces unos entierritos con figuras hechas de garbanzos y trajes de papel negro simulando al difunto, después se agregaron tumbas de tejamanil con figuras de barro, añadiéndose más tarde los dulces, juguetes y platillos especiales que se ofrendan en el altar adornado con papel de china colorido y recortado formando verdaderos manteles de arte.

La muerte deja de causar temor para ser amiga y aliada de nuestras vidas, y ya en confianza le llamamos calaca, fría, parca, dientona o flaca y componemos versos que adjudicamos a personajes de la historia o actuales, a amigos y vecinos a los que llamamos calaveras y cuya rima hace una broma o mofa del personaje al que se le dedica.

Tradición antigua que sobrevive en nuestro pueblo para compartir en esos días especiales los recuerdos y las viandas con las ánimas de nuestros muertos.

Hace pocos años se importó otra costumbre de origen celta y llegada a nuestro país por la influencia norteamericana: el halloween, que representa la fiesta o aquelarre de las brujas la última noche de octubre y en la que en principio se hacía un pacto con obsequios con las fuerzas malignas para que no les hicieran daño, pasando esta tradición a los países escandinavos donde se agregó la calabaza adornada y de ahí al resto de Europa y los Estados Unidos, para convertirse en una fiesta de disfraces en la que se intercambian golosinas para no hacer travesuras.

El halloween no tiene raíces en nuestra cultura y en cambio nuestra fiesta de muertos tiene una tradición antiquísima en la que se mezclan los rasgos de las diferentes culturas prehispánicas y actuales con los toques hispanos en el mestizaje y los colores que se han agregado al paso de los años, para hacer de ésta una fiesta muy nuestra que debe perdurar en todos los hogares, dejando al halloween, si no de lado, al menos como un entretenimiento ocasional y bromista.
 
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