Opinión / Columna
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René Ramírez Molina
Ricardo Flores Magón: su ideario y acción
Diario de Xalapa
27 de octubre de 2009
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Hablar de Ricardo Flores Magón siempre es un acto por demás emotivo, pues se trata de uno de los más preclaros hombres de ideas y acciones congruentes, cuya vida transitó de finales de un siglo de sello independentista y reformista a las primeras décadas de otro marcado por las grandes revoluciones sociales protagonizadas por el proletariado.
El ideario de Flores Magón se nutrió de esas tendencias en el desarrollo histórico de México de los siglos XIX y XX. A decir de sus biógrafos, el hombre nacido el 16 de septiembre de 1873 en San Antonio Eloxochitlán, distrito de Teotitlán del Camino, Estado de Oaxaca, fue influido por las ideas de Teodoro Flores, su padre, que hablaba con emoción de las comunidades indígenas donde "no tenemos jueces, ni cárceles, ni siquiera un simple policía; vivimos en paz, estima y amor de unos a otros como amigos y hermanos".
Con el recuerdo de haber vivido su primera infancia en una comunidad agraria donde la tierra era un bien libre a la entera disposición de quien deseara arrancarle sus frutos, Flores Magón llegó a vivir la etapa final de su niñez en la ciudad de México, donde más tarde cursaría la preparatoria, los estudios profesionales de jurisprudencia y abrazaría las lecturas de los filósofos sociales de fines del siglo XIX que lo llevaron a comprometerse apasionadamente en la política y en el periodismo.
Flores Magón inició sus actividades en compañía de varios liberales enfrentándose al gobierno del general Porfirio Díaz. Este grupo se sentía heredero de los principios que había sostenido la generación reformista de Juárez, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Melchor Ocampo, Miguel y Sebastián Lerdo de Tejada.
Su oposición al gobierno de Porfirio Díaz, quien traicionara la causa de la Reforma al instaurar su férrea dictadura, trascendió a una vigorosa acción nacionalista, primero, para pasar como consecuencia a un humanismo revolucionario que permeó a la Revolución Mexicana con el ideal de justicia social, más allá del sufragio efectivo y no reelección.
Don Gonzalo Aguirre Beltrán, quien lo define como un filósofo social, nos dice: "Aunque educado en el positivismo, no admite como corolario de las leyes y fenómenos de la naturaleza la inevitabilidad del destino humano. Sostiene que el hombre no está total e inexorablemente determinado por la mecánica del universo. La cultura de que dispone le permite contender por la libertad y realizarse en ella".
Su anarquismo fue anarquismo agrario, más que anarcosindicalismo. Idealiza a las comunidades indígenas que "viven en libertad, igualdad y solidaridad; no necesitan autoridad alguna que vele por sus intereses". En sus ideas alienta el estado de naturaleza postulado por Rousseau: "El hombre nació libre y por doquier se halla encadenado...".
Flores Magón fue influido por Piotr Kropotkin, quien tras observar la vida de tribus primitivas de Asia Central llegó a sostener que en estas comunidades existía la cooperación y la solidaridad, que él llama "ayuda mutua".
También fue influido por Mijail Bakunin, quien avizorando la sociedad del futuro, aseguraba que sería una federación de comunidades libres y autónomas en la que desaparecerían los conflictos de clase.
De Pierre Joseph Proudhon repite el aserto de que "la propiedad es un robo, porque el propietario se ha quedado con lo que debería pertenecer libremente a todos los hombres". Proudhon parece aludir exclusivamente a la propiedad de la tierra siempre que se refiere a la propiedad.
Del marxismo adopta la idea de que cualquier solución que pretenda darse al problema de la tierra que no tenga "como base el comunismo, tanto en la producción como en el consumo, será un fracaso".
Si bien las ideas de Flores Magón en lo que concierne al hombre y a la naturaleza no son cierta y originalmente suyas, tiene el mérito de una interpretación tan acendrada que las adapta a la circunstancia y realidad de México. Más aún construye pasos de la teoría a la acción, haciéndose cada vez más radical hasta desembocar en la utopía, como lo señala Eduardo Blanquel, estudioso de su pensamiento y obra.
Ello explica por qué Flores Magón pasa del materialismo positivo en que se forma en sus años mozos al materialismo extremo, de orientación anarquista, que lo define por los años inmediatamente anteriores al estallido revolucionario de 1910.
Y del anarquismo pasa, años después, a una tendencia idealista que lo lleva a postular la primacía del cambio cultural sobre el cambio social.
(Continuará).
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