Opinión / Columna
 
Raúl Hernández Viveros 
El triunfo de la ilegitimidad
Diario de Xalapa
27 de octubre de 2009

  Desde las elecciones fraudulentas de 2006, se permitió la salida de las tropas fuera de los cuarteles. Sin duda alguna, nadie puede olvidar las escenas de la imposición luego de los resultados dudosos, en donde no se pensó en la legalidad, sino en la imposición al costo que fuera necesario. Ni siquiera aceptaron contar los votos uno a uno, y sólo lo hicieron con un porcentaje menor de anomalías, errores y desviaciones en los resultados. Después con la participación de las fuerzas militares intentaron legitimar con la entrada de las tropas a las instalaciones del Congreso de la Unión.

Al poco tiempo, con el pretexto de la lucha contra los narcos, legalizaron que las tropas estuvieran en las ciudades, carreteras y zonas rurales. Durante varios años el ejército ha continuado en operaciones correspondientes a las autoridades civiles y penales. Sin importar el terrible costo de mantener las tropas en estado de guerra, miles de soldados y oficiales han muerto, y no en defensa del honor de la patria, sino en los combates que no dan los resultados esperados.

Cada día ejecutan a decenas de personas, entre ellas muchas que nada tienen que ver con la contienda entre grupos de mafiosos al servicio de autoridades federales, estatales y municipales. Gracias a estas acciones terroristas, van ya casi 15 mil muertos nada más en estos tres años de la administración que prosigue sin rumbo, ni dirección, y menos control. México fue bautizado y reconocido como un estado narco por los expertos investigadores europeos y de Estados Unidos.

Por otra parte, la Secretaría de Salud reconoció oficialmente que el consumo de drogas se duplicó en los años de administraciones panistas, y también creció la principal adicción de los mexicanos en el consumo de bebidas embriagantes. El fracaso de las tropas en la lucha contra los narcos fue destacado por el que se pensaba era el peor presidente de México. Fox criticó a la actual administración federal y exigió el regreso del Ejército a los cuarteles, y volver dichos asuntos a manos de la policía y el Poder Judicial.

Por supuesto otro fracaso fue haber ocupado el tema de la lucha contra los narcos en las campañas panistas de las elecciones de julio pasado, y echarle la culpa a los gobiernos de PRI. Error garrafal porque se olvidaron de mencionar a Fox como el promotor principal de las operaciones millonarias del chino Zhenli Ye Gon, a quien lo hizo ciudadano mexicano y ayudó a pagar la campaña del heredero presidencial, quien en menos de tres años se identifica ya como el peor Ejecutivo en lugar de Fox.

Ahora las torpezas de Javier Lozano, secretario del Trabajo, quien fue denunciado por el empresario y contrabandista chino como el que recibía los millones de dólares que se gastaron con la imposición presidencial, vuelven a meter en problemas a la malograda institucionalidad. Igualmente las descalificaciones de César Nava al PRI, y la pretensión de acusarlo de aprobar el alza en el IVA, llevan más a la confrontación y al entorpecimiento con el Ejecutivo que funciona sólo hacia sus propios intereses en beneficio de sus familiares y amigos. En lugar de garantizar la convivencia pacífica, la consecución de las metas sociales del Estado, brotan las desviaciones de fundamentar los controles institucionales, prosiguen las desviaciones del sistema jurídico y la falta de legitimidad.
 
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