Opinión / Columna
 
Fernando Hernández Flores 
Amo queman ixpolihua
Diario de Xalapa
27 de octubre de 2009

  Ayer no nos conquistaron los españoles. Ganamos y seguimos ganando como lo hicimos al independizar a nuestra nación y al unirnos en la Revolución mexicana. En todos los movimientos sociales hemos participado. Somos herederos de las grandes ciudades como Tenochtitlán, Teotihuacán y el Tajín. El territorio es amplio y estamos unidos en torno al emblema de Quetzalcóatl, tal como lo hizo Tlacaelel. Somos luces que brillan permanentemente y que no se apagan ni con el pasar del tiempo. Somos esencias de la armonización, misma que se transmite a través del bello sonido del caracol sagrado, ahí es donde se da la comunicación con los dioses. Ahí está el padre Huitzilopochtli, el señor colibrí que se comunicó con el sacerdote para orientar al pueblo y decirle dónde encontrar la ciudad elegida, es el dios de la guerra pero sobre todo protector de los aztecas. A un costado su madre, la sagrada Cuatlicue, la de las faldas de serpientes, quien a la vez es madre de las estrellas y de la Luna, no sólo está en la tierra sino más allá. Cerca se encuentra Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, el dios bueno, él fue quien tomó un hueso del inframundo para crear al hombre y vio correr a las arrieras (hormigas), las siguió hasta el nido y consiguió el maíz para alimentar a la humanidad. Por ahí mismo aparece Tezcatlipoca, el de la fortaleza, el del temple de acero. Asimismo aparecen Tláloc, Centeotl y más.

Nuestro padre Huitzilopochtli nos habla desde el corazón de las montañas y nos dice: Es tiempo de unidad, de trabajo y de reconstruir a México-Tenochtitlán.

Aquí estamos los que tenemos que estar, los que escuchamos el llamado, los que nos mueve la luz, los del cerca y los del junto, los de aquí y los de allá, todos. ¡Es la hora!, el sexto sol nos empieza a enviar sus primeros rayos de luz.

Recordemos el poema que dice: Ihuan axcan quimati noyolo / ni caqui se cuicatl / niquiti se xochitzintli ominesquia, / amo queman ixpolihua. Por fin lo comprende mi corazón / escucho un canto, contemplo una flor. ¡Ojalá no se marchiten! Cenco tlazohcamatic.

venandiz@hotmail.com
 
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