Opinión / Columna
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Eduardo Andrade Sánchez
Rectificación oportuna
Organización Editorial Mexicana
26 de octubre de 2009
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DÍA 1061. EL ÍNDICE DE MORTANDAD LLEGÓ A 13.27 MUERTES DIARIAS VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA EN LO QUE VA DEL SEXENIO.
Parece que a los senadores priístas alguna divinidad les iluminó el entendimiento y empezaron a aplicar medidas de control de daños, para mitigar el impacto negativo que generó la aprobación en la Cámara de Diputados, del aumento al IVA a un 16 por ciento. Mucho ayudó a ello la declaración de César Nava culpando al PRI de los desaguisados fiscales, la cual no creo que constituyera un desliz imprudente del presidente panista, sino parte de una estrategia bien definida por el gobierno para desprestigiar al priísmo y hacerle perder el terreno electoral que ha ganado. Nava hizo lo único que saben hacer bien los panistas, porque lo practicaron por décadas: atacar al PRI; pero desgraciadamente este último parece estar atado a su consigna de la época hegemónica: apoyar al Presidente sin ninguna reserva, pese a que el titular del Ejecutivo busque destruirlo como formación política.
El priísmo tiene que aprender a despojarse de esa institucionalidad a ultranza que se grabó en lo más profundo de su bulbo raquídeo y que se expresa con la manida frase que ha llegado a aceptarse como válida por la sociedad de que "apoyar al Presidente es apoyar a México". Los diligentes cazadores de mitos, que en el tradicional nacionalismo priísta ven una reliquia estorbosa para la modernidad, se han cuidado bien de no tocar la antigualla ideológica que identifica la voluntad presidencial con el beneficio del país. ¡Mentira! que si le va bien al Presidente la va bien a México. Hay que empezar por preguntarse qué significa que le "vaya bien al Presidente", ¿quiere decir que si el Presidente saca adelante su proyecto, éste necesariamente beneficiará a la población? Evidentemente eso no es así, pues la bondad de la política propuesta no depende de que surja de la voluntad del llamado primer mandatario, a quien esa teoría equipara con el Papa en su infalibilidad. La creencia dogmática, cuasi religiosa, que -debo reconocerlo- se acuñó como parte de los dogmas del priísmo ultradominante, de que el Presidente siempre adopta buenas soluciones para nuestro país, carece absolutamente de sustento. Los proyectos son buenos o malos por sus características intrínsecas, no por la voluntad de la que provienen, y la propuesta fiscal de Calderón, es un mal proyecto. El problema es que en nuestro sistema constitucional el Presidente tiene el monopolio de proponer la política económica y un partido que no cuenta con una mayoría absoluta en ambas cámaras no está en condiciones de aprobar otra radicalmente distinta, y aún así podría enfrentar el veto presidencial, de manera que como oposición lo más que puede lograr es corregir en la mayor medida posible las barbaridades que le propone el Ejecutivo para evitar una parálisis que sería peor que una mala política. Pero eso es lo que no ha sido capaz de aclarar el priísmo y de exigir al gobierno que asuma la responsabilidad de presentar alternativas diferentes. De cualquier modo, pese al daño recibido, el PRI está en posibilidad de corregir el entuerto y evitar un mal mayor, dejando el IVA en 15 por ciento al tiempo que explique que trataba de abrir un espacio para intentar construir una política de Estado de largo alcance tendiente a propiciar el crecimiento del país y de sus regiones, pero que la miopía panista y su afán de sacar raja electoral de ese intento, hacen imposible cualquier acuerdo con un gobierno absolutamente inconfiable El asunto es que para revertir la mala impresión de la población él debe demostrar, mediante una posición firme, que sí es confiable.
eandrade@oem.com.mx
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