Opinión / Columna
 
Álvaro Fernández A. 
El ocultismo
Diario de Xalapa
26 de octubre de 2009

  El ocultismo es creer en la existencia de seres o fuerzas no experimentales en el plano de la sensibilidad, pensar que a través de esas fuerzas es posible dominarlo todo por medio de prácticas especiales que se captan con la investigación, con la iniciación, con el ejercicio. El que se dedica al ocultismo acepta que adquiere conocimientos y poderes que otros no tienen y que están fuera de las leyes físicas o racionales, como son: la lectura del pensamiento, materialización de los objetos, conocimiento del futuro, influencias benéficas o maléficas, dominio sobre las fuerzas naturales, contacto directo con los espíritus y relación con los muertos.

El ocultismo rechaza la religión y la razón. El ocultismo rechaza la religión porque trata de entidades, de fuerzas y de poderes que no proceden de Dios -ni en su existencia, ni en su uso-. El ocultismo rechaza la razón porque trata de seres y poderes totalmente fuera de todo estudio o control racional y por lo mismo escapan a la posibilidad de un examen científico. El ocultismo es el centro donde tienen su origen y ramificación: la magia, la adivinación, la astrología, el espiritismo, el satanismo y algunos aspectos de la masonería.

En pleno siglo XXI está de moda andar buscando antiguas prácticas orientales de la India, del Tíbet, practicar la cábala de Israel, (filosofía mística judía de tendencia panteísta, tomada de los babilonios en el siglo VI a. C., adivinación supersticiosa). Otros buscan el esoterismo, una iniciación que tiende a descubrir lo que se esconde en mitos o símbolos y apoderarse de los secretos; algunos más indagan esto mismo en el uso de ciertas plantas, algunas piedras, cristales y cuarzos.

El esoterismo también se adueña de poderes escondidos, después de haber adquirido su conocimiento al precio de someterse a la dependencia de seres superiores, a hombres de tiempos pasados, iniciados en estos secretos.

Hoy la gente busca la solución a sus problemas en la consulta de magos, cartománticos y videntes que afirman ser ayudados por su espíritu guía. El esoterismo es una enseñanza de algo que está escondido. El ocultismo es el descubrimiento de seres y fuerzas secretas y la adquisición de prácticas necesarias para adquirir poderes.

Acerca del ocultismo y sus ramas, oigamos la palabra del Señor: "Cuando entres en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios, no imites las abominaciones de esos pueblos. Que no haya entre ustedes quien queme a sus hijos e hijas, ni vaticinadores ni astrólogos ni agoreros ni hechiceros ni encantadores ni espiritistas ni adivinos ni quien consulta a los muertos. Porque el que practica eso es abominable para el Señor. Y por semejantes abominaciones los va a desheredar el Señor, tu Dios. Sé íntegro en tu trato con el Señor, tu Dios; esos pueblos que tú vas a desposeer escuchan a astrólogos y vaticinadores, pero a ti no te lo permite el Señor, tu Dios". Dt 18, 9-14.

¿Cómo defenderse del ocultismo? La defensa se resume en tres puntos clave: 1) La nueva evangelización, escuchar la palabra de Dios, que por sí misma tiene poder sanador; la práctica de los sacramentos: reconciliación y eucaristía, la oración, no divorciar la vida de la fe y esforzarse por ser coherentes. 2) La información doctrinal correcta. (Imagine si en los seminarios ya no se habla del diablo, ni de los exorcismos, menos se va a hablar del ocultismo. 3) Oír a las personas es parte del ministerio sacerdotal; escuchar a los fieles con paciencia, sobre todo a las atormentadas por el maligno; nunca minimizar sus problemas.
 
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