Opinión / Columna
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Luis Guillermo Franco Robles
Campaña negra
Diario de Xalapa
24 de octubre de 2009
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Con mi solidaridad para Alejandro Márquez
El ejercicio de la reflexión escrita puede resultar incómodo para los poderosos. La esencia del oficio que realizan todos los que se encuentran inmiscuidos en la prensa, es acercar a los ciudadanos la descripción de hechos que sean de interés público, proporcionar una interpretación con respecto de los mismos y actuar con criterio ante la información que se expone, evitando en todo momento cualquier agravio que solamente tenga por fundamento el hígado o versiones fundadas en la más genuina expresión del chisme.
Cualquier tipo de investigación que implique alguna irregularidad administrativa o posible acto de corrupción que conlleve a la presunción de un delito, es uno de los ideales que el periodismo busca, ejercer la denuncia pública de actos que transgreden la ley o rebasan los límites de la honestidad. En ese sentido el ciudadano retribuirá al esfuerzo, otorgando credibilidad a las propuestas presentadas por quien en particular firma las notas o artículos. Los aplaudidores que únicamente se dedican a la porra contarán con su espacio y es muy respetable. Aquellos que sin compromiso ético difunden distorsiones o intrigas, se someterán al rasero del criterio de los lectores y de esta forma cada persona que se dé un tiempo para escribir establecerá una reputación, buena o mala, pero ello estará íntimamente ligado a la seriedad, servilismo o tentación bulliciosa que distinga a la pluma a lo largo del tiempo.
Una salida sencilla para que el funcionario público, representante popular, líder social o dirigente partidista eluda cualquier tipo de cuestionamiento a la pulcritud de su desempeño, es objetar que es sujeto de una campaña negra con el firme propósito de desprestigiarlo. De inmediato para congraciar su propia vanidad, incluso podrían hacer operativos para extinguir de puestos de voceadores el periódico, revista o pasquín incómodo que exhiba sus deficiencias. Pero afortunadamente, hoy tenemos el Internet para no ceder a censura alguna que trate de callar.
Desde esa perspectiva, las referencias que se hacen es de un "golpeteo" perverso para disminuir su autoridad. Intrigas sin motivo que buscan minar el buen nombre y desempeño del individuo que se siente "perseguido". Simplemente mentiras, inventos que tienen una naturaleza dañina, cuestiones deshonestas para cuestionar su actuación. Ejemplos de campaña negra que tenemos muy presentes aquella frase venenosa que pulverizó al candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional: ¿Tú le crees a Madrazo? ...yo tampoco. La frase no informaba nada, solamente hacía evocar en las personas un sentimiento de desaprobación para el tabasqueño y finalmente sucumbió. Otro habitante del edén fue calificado con un rotundo: Un peligro para México. El resultado ya todos lo conocemos.
En ese sentido sé de la responsabilidad y gran privilegio con el que me distingue Diario de Xalapa para que usted me lea semanalmente. Usted prefiere a este medio por la seriedad con que se transmite la información. Ahora, no siempre que los poderosos hablan de "campañas negras", el dolo se encuentra presente. El ingrediente manipulador para injuriar es el que resalta, es decir, que los pilares principales son la calumnia porque se imputan cosas no ciertas y la humillación o repudio como resultado de la concientización de lo expuesto.
Gonzalo Marroquín, director de Prensa Libre y presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), declaró que este tipo de campañas "manipulan hechos reales o noticias, pero agregan múltiples mentiras para lograr su objetivo, que no es otro que el de desinformar y engañar. Diversos expertos en comunicación han advertido por diferentes medios sobre la falsedad de estas campañas y recomiendan a quienes las reciben en sus correos que no hagan reenvíos, para evitar la propagación de mentiras".
Con estos antecedentes queda muy claro que cuando se plantean pruebas fehacientes, se aluden pruebas documentales de carácter legal y se expone el contenido de códigos, leyes y reglamentos, el testimonio del articulista que acusa una acción u omisión se encuentra fundado y motivado, por lo que el análisis no puede desviarse en si existe dolo o mala fe, sino en hacerse la pregunta si se trata de una verdad o una mentira. Las apreciaciones subjetivas de que lo que se describe es motivado por anteriores roces o hecho por "encargo", no tiene lugar, lo importante es que si se muestra la ley, el artículo preciso, la fracción exacta que con claridad indica que hay un supuesto que viola flagrantemente la ley, no hay cabida a insistir en "manipulación". No es nada lindo ser descubierto en arbitrariedades.
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