Opinión / Columna
 
Joaquín Alcántara Hernández 
Oportunidad de oro para el presidente
Diario de Xalapa
21 de octubre de 2009

  Antes de abordar el tema, permítanos la siguiente reflexión. Qué felices somos cuando ponemos en práctica nuestra inflexible convicción de que ante Dios todos somos iguales. Esa certeza nos genera un estado permanente de seguridad que nos permite a la vez estar conscientes que no somos más ni menos que nadie. De tal suerte que ese orden de ideas nos lleva a tener presente que lo material, a este mundo le pertenece y a este mundo se le queda. Lo que hoy es nuestro, ayer fue de otro, y mañana será de otro. Nuestro paso es temporal en tanto el mundo sigue girando y el sol sigue saliendo. Y nos guste o no, todos somos hijos de un mismo Padre universal. Cuando lo entendemos, conseguimos salud en el alma que nos permite disfrutar cada instante de la vida compartiendo todo como hermanos. Pero esto hay que vivirlo, hay que sentirlo. Es así como esta Hacienda Zimpizahua, que es casa de todos ustedes, gentiles lectores, vistió sus mejores galas con la visita de tanta gente fina que llegó a extasiarse con el concierto de lujo que dio aquí la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado.

Bien, todos los mexicanos que vivimos libres de enajenación partidista, lo que nos interesa es la solución a los problemas nacionales. No es posible continuar con la política de derroche y simulación que habían venido solapando los gobiernos federales desde Echeverría hasta el de Vicente Fox.

Ahora, el presidente Calderón tiene una oportunidad fortuita para escribir su nombre con letras de oro en la historia de México si prosigue con su política depurativa. Ya es hora de limpiar tanta mugre corrupción y miseria de nuestro país. Su acción valiente ha sido aplaudida por millones de mexicanos quienes esperamos haga lo mismo con otros dirigentes nefastos de otros sindicatos que, hoy por hoy, tienen a México como rehén.

Lo que hizo Calderón, aparte de hacer sentir que sí hay presidente, no fue otra cosa que hacer uso de la facultad que le confiere nuestra Carta Magna como primer responsable de los destinos del país. Por decreto desaparece al monstruo insaciable que sangraba las arcas nacionales con su millonario subsidio anual. A esa compañía de Luz y Fuerza del Centro le eran suficientes 8 mil trabajadores para hacerla funcionar, no más de 60 mil que obtuvieron su empleo como resultado de la política electorera que utilizó el sistema por más de 40 años a costa de nuestro bolsillo.

A esa empresa se la comieron y carcomieron sus mismos corruptos dirigentes sindicales. ¿Por qué se sorprenden ahora, bandidos?

Seguramente usted vio por televisión los cientos de testimonios de usuarios defraudados que eran obligados a caer en la extorsión. Era absurdo seguir manteniendo a esos zánganos que ahora se dicen víctimas cuando que, con sus onerosas prebendas victimaron a miles de familias mexicanas de escasos recursos que nunca vieron llegar a sus manos un apoyo oficial por dárselos a ellos.

Sólo aquellos amargados que hasta en su vida personal han fracasado y por lo mismo siempre están en contra de todo y a favor de nada descalifican el finiquito de esa empresa insostenible, pésima y ladrona. Tan sólo el último apoyo fue de 140 mil millones para cubrir su último déficit.

Pero Felipe Calderón, ahora que políticamente no tiene nada que perder y todo que ganar, podría meter al orden a las grandes empresas que no pagan impuestos. No permitir más que nuestro país sea un paraíso fiscal a favor de quienes siguen exprimiendo aún más la economía mexicana. Debería sacudirse también a la perversa dirigente Elba Esther Gordillo y meter en cintura al sindicato petrolero para rescatar a Pemex. Porque una cosa son los trabajadores y otra sus dirigentes charros. Obviamente dar marcha atrás con el nuevo impuesto del 2 por ciento que reventaría a un sinfín de pequeñas y medianas empresas que apenas sobreviven. Y poner en su lugar a los insaciables banqueros extranjeros no permitiéndoles que sigan cobrando en México los intereses más caros del mundo.

Así se estabilizaría pronto el susodicho déficit y México estaría compitiendo, incluso, en el ámbito internacional como Brasil, China y otras tantas naciones que hoy están progresando.

Pero esta medida depurativa debería aplicarse en todo el país. Ya ve usted, en Querétaro ya no se pagará la arbitraria tenencia vehicular. Si los gobernadores realizaran esas acciones valientes, de gran envergadura y trascendencia, sería su mejor política que todo el pueblo les reconocería. Tienen la oportunidad, todos, de escribir su nombre con letras de oro. Allá ellos si no la aprovechan. ¡Viva México, señores! Ajúa.
 
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