Opinión / Columna
 
Eduardo Pabello 
Más adictos, saldo de la guerra contra el narco
Diario de Xalapa
21 de octubre de 2009

  Contrario a lo deseado durante los últimos años, el consumo de drogas en el país ha venido en aumento; la adicción a la cocaína entre los años 2002 y 2008 se ha duplicado, según se desprende de los siguientes párrafos tomados de la página 41 de la Encuesta Nacional de Adicciones 2008 (ENA 2008): "Los resultados de esta encuesta, consistentes con los estudios que se hacen en poblaciones especiales, indican que el consumo de drogas ilegales y médicas en la población rural y urbana de entre 12 y 65 años de edad ha aumentado de un 5 por ciento observado en 2002 a un 5.7 por ciento en este periodo.

Las drogas ilegales (mariguana, cocaína y sus derivados, heroína, metanfetaminas, alucinógenos, inhalables y otras drogas) aumentaron de 4.6 a 5.2 por ciento; el consumo de drogas médicas con potencial adictivo, usadas fuera de prescripción, mantuvieron los niveles observados en 2002. Por grupos de población, se observa que, si bien el consumo de drogas ilegales es mayor en los hombres (en una proporción de 4.6 hombres por cada mujer), el índice de crecimiento es mayor en las mujeres entre las cuales el consumo de drogas ilegales se duplicó, aumentando de uno por ciento en 2002 a 1.9 por ciento en 2008, mientras que el consumo en hombres solamente se incrementó de 8 a 8.8 por ciento.

La mariguana y la cocaína son las sustancias preferidas por la población. El consumo de la primera aumentó de 3.5 a 4.2 por ciento; el aumento en el consumo de la segunda fue mayor: pasó de 1.2 por ciento en 2002 a 2.4 por ciento en 2008, es decir, que se duplicó entre ambas mediciones."

En la ENA 2008 se evade significar que durante el periodo comprendido entre 1998 y 2002 el consumo de heroína, inhalables, mariguana y cocaína decreció, pero algo sucedió, a partir del 2002, que permitió el repunte en el consumo de esas sustancias, por lo que resulta importante revisar el motivo por el cual el Estado dejó de observar y aplicar las políticas públicas que evidentemente arrojaron resultados positivos que lograron contener y reducir el consumo de drogas.

Esto es, si durante el quinquenio 1998-2002 logró revertirse la tendencia en el consumo de estupefacientes sin haber emprendido una abierta guerra en contra del consumo y tráfico de drogas que bañara al país con sangre, debería, entonces, retomarse ese efectivo modelo y abandonar el actual que, si bien ha permitido arrestar a un número considerable de delincuentes, decomisar grandes volúmenes de droga y asegurar innumerable cantidad de bienes muebles, inmuebles y dinero en efectivo, no ha alcanzado el objetivo primordial del Estado que es, precisamente, reducir el daño que a la salud pública provoca el narcotráfico.

Ahora bien, el aumento de la población que utiliza sustancias ilegales adictivas indica que el narcomenudeo opera con amplios márgenes de impunidad, por lo que debe entenderse que quienes cometen ese ilícito disponen de protección de las instancias responsables de perseguirlos, ya que los puntos de venta de psicotrópicos al detalle en barrios, colonias, delegaciones, ciudades, etcétera, son sitios plenamente identificados por las corporaciones policiacas y por las unidades de inteligencia de esas corporaciones; es decir, mientras se persigue con toda la fuerza del Estado a los jefes del crimen organizado, los obreros, la base de la estructura de la organización delincuencial, proliferan, operan y envenenan con éxito a la sociedad, según se desprende de la información contenida en el ENA 2008.

Procede, entonces, replantear la estrategia de combate al narcotráfico aunque las cifras oficiales del trabajo militar y policial reporten, como ya se mencionó, la captura de miles de delincuentes, ya que ello no ha logrado evitar que la delincuencia organizada tenga éxito y continúe dañando a la sociedad; si la delincuencia organizada sigue ganando terreno en el tema de las adicciones, el Estado y su lucha en contra del crimen organizado está fracasando.

Ante lo anterior sólo falta conocer la explicación que el Gobierno de la República debe de ofrecernos acerca del porqué después de cinco años (1998 a 2002) durante los cuales el consumo de drogas iba a la baja, ese fenómeno repuntó durante el periodo 2002-2008 aun cuando la administración federal durante el último trienio ha tenido como eje de acción el combate a las adicciones y a la delincuencia organizada. Alguna razón lógica, válida y de peso debe de existir al respecto, a menos que todo lo que hemos visto durante la era calderonista sea una puesta en escena.
 
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