Opinión / Columna
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Guillermo H. Zúñiga Martínez
El aprendizaje autónomo
Diario de Xalapa
19 de octubre de 2009
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Formarse aislado totalmente nunca ha sido posible, salvo casos que pertenecen a la imaginación y a la literatura universal, como es, entre otros, el de Robinson Crusoe.
Cuando sugiero pensar y reflexionar sobre el aprendizaje autónomo, estoy recapacitando en los hombres y mujeres -sumados por miles- que dentro de la sociedad, pero sin intervención directa de sus congéneres, se esfuerzan dedicando tiempo e inteligencia a conquistar el conocimiento.
Es en estas tareas que surge la verdadera personalidad, se forja el carácter y nacen las determinaciones para dominar cualquier campo del saber. Ese es el sentido de este nuevo y viejo aprendizaje que debe evaluarse para proyectarlo sistemáticamente en todos los campos de la educación, porque hace falta estimularlo y perfeccionarlo.
La sociedad sabe cuando un ser humano está preocupado por adelantar en lo que son sus ocupaciones, porque la práctica -muchas veces- no se puede esconder de los demás, pero por lo general, quien aplica esta modalidad didáctica, la realiza por separado, como se dice comúnmente, a solas, a escondidas, porque lleva en su ser la idea de sorprender e impactar cuando de demostrar el saber se trata.
Imagine usted las labores del artista, del escritor, del obrero que se encierran en sí mismos para dar los toques finos a lo que hacen cotidianamente; ése es el espíritu, el elemento fundamental de este nuevo procedimiento para la mejor preparación personal o colectiva.
Lo que importa es la decisión, utilizar varias horas, lejos de distracciones, a insistir en forma creativa sobre lo que se quiere superar, cuando la actividad exige y requiere de mejores habilidades para demostrar lo que el hombre o la mujer son capaces de mejorar.
Los fracasos se presentan cuando se da la despreocupación, en el momento en que al hombre no le interesa ser mediocre o formar parte del montón, ser uno más sin sobresalir en el mundo de la competencia; cuando se renuncia a la perfectibilidad y al deseo de hacer bien las cosas. Ese es el momento en que se niega el aprendizaje autónomo, al que debe concebirse como el conjunto de acciones que el hombre lleva a efecto con el designio de pulir su quehacer, es decir, las labores a las que se dedica. Esa es la tarea pero con responsabilidad y retos que deben acariciarse como producto de un impulso personal eminentemente formativo.
Si se abriera un espacio para obtener información de los que conocen a personas que se consagran -por sí mismos- a delinear con maestría sus actos productivos, como una obra individual bien dirigida y con claras metas de resaltar en el medio en que se desenvuelven, le aseguro que surgirían miles de ejemplos, porque abundan los hombres y mujeres que, una vez terminadas sus labores, le ponen a su tiempo el ingrediente de un aliento más, con la dirección que he venido comentando.
Este aprendizaje autónomo brota, la mayoría de las veces, sin que se tenga un referente escolar o una dirección en la formación de los individuos; se da por el deseo intrínseco de los seres humanos por ser conspicuos cada día, ése es el secreto del éxito.
Hasta ahora el aprendizaje autónomo es producto de una actitud bien definida ante la vida, que tiene su explicación en la aspiración constante y sistemática por demostrar mayores capacidades frente a la competencia callada o manifiesta que existe en el voraz mercado del trabajo.
En la presente entrega planteo la necesidad que existe de detallar y explicar esta conducta individual hasta hacer que la sociedad en su conjunto entienda que es el aprendizaje autónomo el que puede y de hecho marca la diferencia entre un trabajador rutinario y otro creativo.
Como todo problema educativo, en esta nueva directriz que va reencontrando adeptos, tienen mucho que ver las orientaciones de los padres de familia, porque ellos mismos deben ser los encargados de dictar ejemplos a sus descendientes, dado que por muy sencillo que parezca, lo fundamental es que en el oficio que hayamos escogido tratemos de ser superiores.
zmgh12@gmail.com
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