Opinión / Columna
 
Tito Domínguez Lara 
Te lo dije, Felipe...
Diario de Xalapa
17 de octubre de 2009

  El conflicto inicial entre el Sindicato Mexicano de Electricistas y el gobierno federal se convirtió, ahora más claramente, como lo que es realmente: un conflicto de Felipe Calderón y su gobierno contra el pueblo de México. Los pretextos mentirosos que esgrime el gobierno poco a poco van cayendo por su propio peso, y ahora nos estamos dando cuenta cuáles son las causas de la situación financiera de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que pretende extinguir Calderón. Aplicando el razonamiento más elemental, uno entiende que no pueden ser los trabajadores los responsables de la baja productividad y la mala calidad del servicio. Porque entonces surge la pregunta obligada, ¿qué hacían los funcionarios de confianza que supuestamente dirigían y administraban la empresa? La historia nos enseña, como fue el caso de Teléfonos de México, IMSS, Pemex, que el gobierno quiere inducir a la opinión pública en el sentido de que las empresas en manos del Estado funcionan mal, y deben ser privatizadas, porque el capital privado, según dicen, puede hacerlas productivas. Para tal efecto hay que satanizar al sindicato de los trabajadores y su contrato colectivo de trabajo, que es oneroso según el secretario Carstens.

Para inducir a la opinión pública en la línea que el gobierno pretende, se desata una campaña de satanización de los trabajadores, de su sindicato, de sus "excesivas" concesiones que dan como resultado, según ellos, el fracaso financiero. Antes, los malos fueron los trabajadores del IMSS, que se oponían a la privatización de las pensiones; al mismo tiempo los jubilados y pensionados eran un gran estorbo financiero para la nación, porque resulta que estos desdichados ahora viven más. Y así es la táctica del gobierno: satanizar al "enemigo" y para ello cuenta con los medios electrónicos de información y los diarios, y cuanto "analista" alquilado, vendido o prestado se ofrece para repetir las mismas mentiras emitidas oficialmente.

Lo que el gobierno no dice que esta empresa tenía efectivamente un gran déficit financiero por pérdida de fluido eléctrico, pero no a causa de los "diablitos" con los que los pobres le roban la electricidad a la empresa, sino por las grandes concesiones que da el gobierno a los grandes empresarios, como, por ejemplo, no sabíamos que la casa presidencial de Los Pinos no paga luz, tampoco algunos grandes hoteles de la calle Reforma, Palacio Nacional y otros muchos que el sindicato estaba investigando y que preparaba la contraofensiva que hoy conocemos.

También detrás de este golpe de Estado a los trabajadores electricistas está el gran negocio del uso de la fibra óptica que pretendía explotar la empresa para utilizar este sistema para la telefonía, Internet y televisión por cable, para que el usuario, con sólo conectarse al sistema eléctrico, tendría esos servicios. Y ahora Calderón pretende darle una explotación privada a través de sus amigos y socios, tal y como lo hizo Salinas con Telmex: hacer más millonarios a costa del patrimonio de la Nación.

La electricidad no es propiedad de Calderón ni del gobierno siquiera, es de la Nación. Por eso Calderón, con su equivocada actitud, va a convertir en un calderón hirviente al país. Ya el jueves pasado se vio una muestra de lo que está en curso. Al movimiento de López Obrador por la soberanía y la defensa del petróleo, ahora hay que agregar éste de los electricistas; no son dos movimientos, son uno mismo que va en la misma dirección. Vendrán otros, los mineros, los campesinos, las universidades agraviadas por la disminución del presupuesto, los intelectuales por el desprecio a la cultura y a la ciencia por parte de estos gobiernos panistas. El movimiento lopezobradorista, solitario como una mecha prendida que recorre el país, haciendo conciencia y organizando la protesta y la resistencia pacíficamente, ahora tendrá un impulso, cuyas consecuencias son alentadoras porque se verá que sólo unidos, (no los membretes de los partidos oportunistas) los trabajadores, la población sin empleo, los universitarios, los campesinos, los indígenas, los agraviados por el desprecio y la negligencia del régimen, como las familias de los niños quemados en Hermosillo y muchos otros, saldremos fortalecidos.

Si algo sensato quiere hacer el gobierno es sentarse ya a dialogar con los electricistas del SME, anular la liquidación de la empresa, restituir el empleo a los 44 mil trabajadores, y abrir un debate nacional para reformar la industria eléctrica que siga siendo patrimonio de la Nación y hacerla más productiva y eficiente. Esto antes de que el problema adquiera proporciones ya incontrolables para el gobierno y quiera resolverlo al mejor estilo fascista como cree que es lo mejor.
 
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