Opinión / Columna
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Carlos Bravo Matus
Por fin un acierto
Diario de Xalapa
15 de octubre de 2009
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El pasado sábado, ya entrada la noche, un acontecimiento inusitado sorprendió a la ciudad de México y área metropolitana, al tomar la policía, prácticamente por asalto en una maniobra con precisión casi militar, las instalaciones de la compañía Luz y Fuerza del Centro y el anuncio presidencial de que por decreto se daba por cancelada la operación de dicha empresa, decisión que debemos reconocer fue bien planeada y llevada a cabo con un par bien puesto.
Luz y Fuerza del Centro era una empresa paraestatal muy antigua, nacida de la expropiación del servicio de luz a las compañías inglesas que introdujeron dicho servicio en la época porfiriana y que por muchos años mantuvieron en sus manos hasta que pasó a ser propiedad del gobierno federal. Por mucho tiempo la compañía dio un servicio regular para ir paulatinamente deteriorándose, disminuyendo la calidad de servicio y siendo presa de los líderes sindicales que vieron en ella una mina inacabable de recursos, al punto de trabajar en números rojos por varias décadas, dando un pésimo servicio, extorsionando a los usuarios que debían pagar tarifas erróneas de manera amañada, siempre a favor de la empresa, bajo la amenaza de suspenderles la luz.
Se sabe que desde el gobierno de López Portillo se subsidiaba, seguramente desde antes, aunque cada vez el monto se iba incrementando, mientras que los trabajadores sindicalizados ganaban cada vez más incrementos salariales y prestaciones que se salían del patrón general de cualquier empresa pública o privada y eso porque el sindicato tenía agarrados de los cojones a cada presidente que pasaba, de tal manera que, una vez que uno salía, le dejaba el paquete al siguiente que, sin más, se hacía de la vista gorda y soltaba más subsidio a costa de los contribuyentes y de sacrificar otras prioridades como salud y educación. Tan sólo en los últimos 10 o 15 años, dicho subsidio nos costaba 40 mil millones de pesos cada año, mientras que los líderes se enriquecían y hasta se dieron el lujo de inaugurar recientemente un gimnasio que costó más de 100 millones de pesos.
En cuanto a servicio, contaba con instalaciones viejas y sin mantenimiento, comprando un gran porcentaje de luz a la Comisión Federal de Electricidad, sin dejar que esta última entrara en funciones en la capital del país.
Síndicato clásico a la vieja usanza priista, que hacía de sus trabajadores los clásicos borregos en cada elección, por lo que recibía tantas prebendas de cada gobernante y que, pensando que tenían la sartén por el mango, el sábado pasado encontraron la horma de su zapato, después de que se hiciera una elección para designar a los dirigentes sindicales y en las que hubo más votos que trabajadores.
60 mil trabajadores que, en un golpe maestro, de repente se vieron sin empleo, de ellos 10 mil probablemente serán recontratados por la Comisión Federal de Electricidad, lo cual puede representar un grave riesgo, toda vez que llevarán consigo las artimañas aprendidas y practicadas por años en su anterior empleo.
Se dice que la extinción de Luz y Fuerza del Centro fue ilegal, que atenta contra el derecho de los trabajadores y contra el sindicalismo, pero en realidad es un acto de justicia que debió hacerse desde los sexenios de De la Madrid o de Salinas de Gortari. De todas formas, los trabajadores serán liquidados con montos muy superiores a los de cualquier otro empleado, montos equivalentes a dos años y medio de salario (por cierto muy elevado), que desde ayer se ha empezado a pagar.
Una decisión justa en estos momentos en que la crisis financiera del país no podía soportar más fugas de dinero para subsidiar un pésimo servicio público y los bolsillos de un sindicato por demás corrupto.
Entre tantas pifias de Felipe, al menos ésta es un acierto que debería continuar poniendo en la mira a Pemex y al sindicato de maestros, que por cierto es el más grande de Latinoamérica y que también nos cuestan mucho a los pocos ciudadanos que con nuestros impuestos sostenemos al país y a los que, por cierto, el corpulento secretario de Hacienda nos quiere cargar más la mano con mayores contribuciones.
Ahora vendrán las marchas de protesta con todos los problemas e inconvenientes que ocasionan, pero, señor presidente, ya que se fajó los pantalones, no dé ni un paso atrás, y, señores legisladores, no pongan trabas con fines partidistas que finalmente dañan al país y a los ciudadanos.
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