Opinión / Columna
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Gilberto Nieto
Las especulaciones de don Jerónimo
Diario de Xalapa
13 de octubre de 2009
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Don Jerónimo es un personaje que lucha por llevar el sustento diario a su familia. Tendrá poco más de 40 años, dice que no concluyó su educación secundaria y comenta que vive con su esposa y sus hijos en las márgenes de la laguna de Patlanalán, Puebla, aunque deja entrever que en realidad nació en algún pueblito de Veracruz, en las faldas del Cofre de Perote.
Lo conocí recientemente, realizando trabajos de albañilería en una construcción. Allí, en la obra, mientras don Jerónimo batía la mezcla, tuve el placer de conversar la primera vez y escuchar más tarde su visión de la vida, de la política, del gobierno y de la espantosa crisis que atraviesa el país.
A ustedes los profesores les va bien -me dijo-. Tienen un trabajo seguro y servicios médicos. Por eso quizá no me comprenda ni comparta mis quejas. Yo pertenezco a los "jodidos", a los que no tenemos nada, mucho menos un trabajo seguro. Hoy estoy aquí, pero mañana quien sabe. Hoy tengo para un taco, pero mañana tal vez ni eso.
Cuando bien nos va, podemos ganar 100 pesos diarios, 600 a la semana, durante un par de meses. Luego tenemos que entrarle a lo que sea, por cualquier pago, hasta que pescamos otra chambita que nos ayude a irla pasando. Entre angustias vamos de chamba en chamba y sostenemos a la familia como Dios nos da a entender.
Enfermarnos es un lujo. Tenemos que trabajar porque los niños no saben de otra. A veces nos va mejor, cuando trabajamos en una construcción grande que nos asegura el sustento durante una temporada. La albañilería es lo mío. También conozco de fontanería y algo de electricidad. Un albañil necesita saber estas cosas para que lo llamen o le confíen trabajos.
¿Qué es para usted un buen pago, don Jerónimo? -le pregunté-. Pues cuando nos pagan 150 diarios o cuando le entramos a un trabajo que va a durar mucho tiempo y el patrón no es mezquino, o cuando me conceden que sea el maestro de la obra. Esto es lo mejor. Durante ese tiempo nos sentimos seguros y los hijos no pasan hambre. -¿Y sus hijos dónde están? -Allá en Patlanalán, con mi mujer. Ellos van a la escuela y yo nada más los veo el fin de semana, porque ya subió el pasaje y cobran más de 30 pesos para irlos a ver.
-¿Ya no pudo seguir estudiando? -No. Tenía que trabajar para sostenerme, no quedaba de otra. -¿Y qué tan difícil es conseguir trabajo? -Uuhh! El trabajo escasea por todas partes y es muy mal pagado porque no hay. Tenemos que aceptar lo que nos paguen y nunca nos ofrecen el Seguro Social. Allá por la laguna, en Puebla, no había chamba y tuve que venirme para acá. Al terminar, Dios dirá para donde jalo.
-¿Usted no toma? -Gracias a Dios que no. ¡Imagínese si todavía tuviera que mantener los vicios! -Pero en algo tiene que divertirse, don Jerónimo. -Pues sí, descanso, paseo con la familia, platico con los amigos... -¿No ve el futbol? -No profe, esas cosas son para ustedes. Para mí no cambia nada que gane o pierda la Selección Nacional. Me interesa más que cambie el gobierno, que haya más trabajo, que los políticos no roben tanto y se preocupen por el país.
Me dejó con la boca abierta. -Vamos a ver -le dije-, ¿Por qué el futbol es para 'ustedes'? ¿Quiénes son 'ustedes'? -Los que tienen un trabajo seguro y cierta estabilidad. Con el partido desahogan las frustraciones de su trabajo, de la familia y de las injusticias que también viven. Para nosotros, en cambio, es más importante ver cómo la libramos. La situación está tan mal que no sería raro que hubiera otra revuelta.
-Eso lo comenta mucha gente. -Pero ustedes nada más lo dicen de dientes para afuera; no creo que sientan una necesidad real de que las cosas cambien en el país, ni creo que sufran un poquito los pesares que pasamos nosotros los jodidos. Si ustedes sintieran lo que es levantarse y no saber qué pasará ese día, si habrá o no algo para comer, si los niños irán a la escuela o tendrán que ayudar a la familia a procurar algo de comida o a conseguir algún dinero... Ellos son los herederos de las angustias, de las frustraciones, del coraje de los que no tienen esperanzas. Como dicen ustedes, son los ciudadanos del futuro, pero ¿en qué condiciones?
Don Jerónimo fija su vista en el vasto horizonte sin ver nada en concreto. Piensa, y en su rostro serio y curtido por las inclemencias del tiempo, se dibuja un rictus de dolor, o de tristeza, o de coraje... realmente no lo puedo precisar. Pero sí me pregunto: ¿Cuántos Jerónimos habrá en México? ¿Cuántos, con cierta capacidad de análisis, que la vida política de México les negó una oportunidad?
gnietoa@hotmail.com
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