Opinión / Columna
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Álvaro Fernández A.
El ciudadano levadura del mundo
Diario de Xalapa
12 de octubre de 2009
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En la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, del Vaticano II en su número 31 dice: "A los laicos -ciudadanos civiles varones o mujeres- pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios, tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, igual que la levadura. Contribuyan desde dentro a la santificación del mundo".
El evangelio dice lo mismo en forma de parábola: "El reino de los cielos se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta". MT 13,33. El ciudadano bautizado pertenece a la Iglesia, pueblo de Dios y pequeño resto de Israel; por su fe, su esperanza y su caridad es un elegido de Dios, es un hijo o hija de Dios. El ciudadano es un llamado a ser discípulo y misionero de Cristo en el mundo.
Una parte pequeña colabora en la proclamación del kerigma, en la catequesis o en alguna de las pastorales para una amplia evangelización; estas hermanas y hermanos laicos trabajan hombro con hombro en las tareas de los sacerdotes, se preparan en Biblia, liturgia y homilética, y toman parte en la celebración de la palabra, en las comunidades donde no hay sacerdote. Ellos hacen la predicación; algunos lo hacen tan bien, que la gente dice: hablan como un sacerdote. Estos laicos misioneros son nuestro brazo largo en la ardua tarea del ministerio.
El Concilio no se refiere a estos ciudadanos laicos cuando los llama a ser levadura del mundo; estos hombres y mujeres laicos no son hombres ni mujeres de sacristía; éstos y éstas están llamados a buscar el reino de Dios, tratando directamente los asuntos seculares o sea las realidades sociales, políticas de partido, influyendo en las realidades económicas y en la amplia gama de las realidades de la cultura. Estos laicos pertenecen a la Iglesia de Jesucristo por su bautismo, con todo no son clérigos, gozan de autonomía temporal, por lo mismo, tienen derecho a militar en la política e incluso en la política de partido, sin que nadie los etiquete con los adjetivos de derecha, de centro o de izquierda. Yo, en los partidos políticos que se han registrado en nuestro país, encuentro cristianos católicos en todos los partidos; para no distanciarme de ellos, no pertenezco a un partido especial. En el campesinado la Iglesia tiene muchos bautizados, que militan en el PRD y son pertenencia de nuestra fe. Los líderes, los fundadores intelectuales del partido, por su filiación marxista, son ateos y anticlericales; sin embargo, los más sensatos han reconocido el valor de la doctrina social de la Iglesia. Don Lázaro Cárdenas, el autor de la Expropiación Petrolera, tenía las encíclicas de los papas en su librero, sobre todo la Rerum Novarum.
El laico debe tratar y ordenar los asuntos temporales: familia, política, economía y cultura, según Dios, es decir poniendo la nota del bien, de la verdad y de justicia, que ellos han tomado del mensaje bíblico. En ese sentido, el evangelio dice que estos grupos de laicos son levadura, porque son una porción menor, frente a la gran masa del mundo secular, que siendo mayoría necesita las enzimas cristianas, que, como su etimología lo dice, lo hagan fermentar desde dentro. Ese fermento o crecimiento es en la línea de lo bueno, lo noble, lo verdadero, lo bello y lo justo, que Jesús, nuestro Maestro y Señor, ha traído a este mundo, y que sus discípulos y misioneros, en la medida de su asimilación, van a dar crecimiento a la realidad profana del mundo. Todo esto como una contribución de servicio, no de ventaja ni de privilegio ni de dominación de la Iglesia; entrar al mundo sin miedo y con el ánimo de transformarlo para su mejoramiento.
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