Opinión / Columna
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Arnulfo Pérez Rivera
¿Somos personas positivas o negativas? / Tercera Parte
Diario de Xalapa
9 de octubre de 2009
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Los individuos negativos son mezquinos, irónicos, mordaces, injustos, pagados de sí mismos, de temperamento explosivo que hasta ponen en riesgo la vida de las demás personas; son altivos y crueles ante sus semejantes débiles, pero serviles, sumisos y agachones ante los poderosos; su falta de calidad humana los hace inconscientes al dolor ajeno y al sufrimiento de los animales; son trapizondistas con la mira puesta en alcanzar fines benéficos inmediatos; son obstructores, oponiéndose sistemáticamente a toda iniciativa que no provenga de ellos; minimiza los valores y la opinión de sus semejantes, rebatiendo los criterios de los demás, y bien físicamente o con ironías hirientes, y, en general, son tipos que ponen en predicamento las buenas relaciones humanas.
Afortunadamente, siguen existiendo en todas las latitudes y en el mundo entero, personas que saben que sólo los valores dan sentido a la vida, substituyendo la maldad por la bondad, las frustraciones por la esperanza, el odio por el amor y la guerra por la paz. Porque si bien el hombre siempre se ha visto arrastrado por los intereses egoístas de la maldad y la violencia, dando la impresión de que el mundo de hoy está sometido a lo perverso, a la crítica destructora y a la naturaleza irracional, existen quienes saben que el odio es un síntoma que sólo se da en sujetos frustrados del más elemental perfil humano. Pero cabe decir en torno a esto último que, si las sociedades están llenas de individuos perversos y mediocres, es por la sencilla razón que nacieron y se criaron en ambientes sociales desolados de gratificantes intenciones, en donde reinaban las miserias humanas, la falta de aprecio, las incorrecciones, la descortesía y la crítica destructora.
Y esto es esperadamente así, porque está psicológicamente demostrado que si un niño vive con hostilidad, aprende a pelear; si vive con crítica, aprende a condenar y si vive con perversidad, aprende a ser corrupto y depravado.
Mas por fortuna, siguen surgiendo hombres y mujeres altamente positivos que impulsan a la humanidad hacia el rumbo prometedor de lo bueno, ya que saben que en su cielo interior viven las fuerzas sutiles y misteriosas capaces de transformarnos para el bien de todos.
Finalmente, se hace necesario concluir que, si bien los negativos ponen en juego su insensibilidad y desatino, edificando un escenario de intriga y corrupción, ni remotamente debemos olvidar que si juzgamos mal, podemos caer en nuestra propia trampa, dado que también nos pueden enjuiciar negativamente, pues es un hecho incontrovertible que con los elogios sinceros hacemos amigos y con las mordeduras dañinas lastimamos lo más íntimo y sagrado de los seres humanos, cerrando las puertas de la amistad y de la estimación para siempre.
El futuro y la grandeza de un mundo feliz los esculpen los positivos; el futuro de una sociedad en decadencia, en la desdicha y en la desgracia, la labran los seres ineptos y egoístas, quienes días tras días destruyen el equilibrio de las personas y, con ellas, a la humanidad.
Todo esto explica el porqué cuando fallecen físicamente las personas positivas, nos hacen derramar más de una lágrima, puesto que dejan un vacío existencial que nadie puede llenar o compensar; mas si los que mueren son sujetos negativos, si bien dichas desapariciones no nos propician satisfacción o regocijo, sí, en cambio, no provocan ningún dolor en su inevitable partida, dado que durante su pésimo deambular por la vida, sólo sembraron maldad, malestar, sufrimiento, subestimación y hasta muerte.
Y ya para cerrar este apartado, me atrevo a plantear una pregunta: ¿Cuántos de los funcionarios de gobierno y cuántos de nuestros representantes populares serán en verdad positivos, al grado de ponerse el sambenito de ser humildes servidores de las clases pobres o desamparadas?
Estimado lector, con fundamento en lo expuesto, ¿podría usted considerarse auténticamente positivo, consumadamente negativo, más positivo que negativo, o más negativo que positivo? La respuesta usted mismo la tiene, pero más aún quienes lo rodean.
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