Opinión / Columna
 
Carlos Bravo Matus 
La educación sexual
Diario de Xalapa
8 de octubre de 2009

  Hace unos días, leí que una asociación de padres de familia, perteneciente al nefasto grupo Provida, ha interpuesto quejas y demandas en Guanajuato, y tal parece haber logrado que se retire el libro de biología de la educación primaria y secundaria por contener escuetas explicaciones de lo que es la reproducción humana, argumentando que ofende a la moral y que instiga a los jóvenes a "pecar" y explorar tempranamente la sexualidad.

Verdaderamente me enojé, me encabrité ante la demanda de unos seudoadultos, tapados del cerebro, fanáticos enfermizos de la religión, radicales y, de paso, hipócritas, que se cierran a la naturaleza y a la realidad de la época contemporánea en que el sexo es parte de la vida cotidiana. Si bien de manera equívoca, se ve el sexo libremente y a cualquier hora en programas televisivos, en revistas y periódicos, con accesibilidad a cualquier edad, tanto que ya ningún niño se traga la historia de la cigüeña ni de las abejitas y la flor.

Qué mejor que los niños de hoy aprendan el sexo de manera natural, con medida y mesura, acorde a cada etapa infantil. Pero los padres en el hogar y los maestros en la escuela deben participar como un equipo de educadores para instruir a niños y jóvenes en el conocimiento de su cuerpo, después en la biología y fisiología de su organismo, y cómo cuidarlo, para evitar el abuso por parte de familiares, amigos o personas cercanas. Más adelante, en la etapa prepuberal, instruirlos en el conocimiento de sus reacciones psicológicas y particularmente a las niñas que se están convirtiendo en jóvenes, en el descubrimiento de su despertar hormonal, el inicio de la menstruación, los cuidados especiales de la higiene y de su cuerpo en general. A continuación, a jóvenes de ambos sexos se les explique todo lo referente a la concepción, métodos de prevenirla, responsabilidades y peligros, así como todo lo referente a enfermedades de transmisión sexual, para que llegada la adolescencia, el y la joven estén preparados para la vida actual, incluyendo, además del sexo, todo lo referente a vicios, drogas y riesgos de éstas.

Tan sólo hoy en día, me preocupa que alumnos de carreras universitarias, relacionadas a la salud, ignoren muchos aspectos del embarazo y su prevención, de las enfermedades de transmisión sexual, y sigan creyendo en mitos escuchados en los pasillos de la facultad, como uno que oí con la seriedad que ameritaba al venir de una alumna de tercer semestre de Odontología, que se hacía acompañar de algunos compañeros que tenían la misma duda. Pues bien, al externarla, hube de contener la risa, comprender su ignorancia, debida a la carencia de conocimientos, pena y miedo de sus educadores tanto en casa como en la escuela básica. La inquietud partió cuando se comentaba sobre la píldora del día siguiente para evitar el embarazo. Pues esta alumna comentaba si funcionaba igual que introducirse un mejoral o aspirina dentro de la vagina después de la relación sexual o incluso antes, para evitar la concepción, creencia por cierto que no era la primera vez que la escuchaba y además es tan añeja aunque con otros conceptos, que recuerdo cuando interno de medicina, haber atendido muchas mujeres que llegaban al hospital con sangrados intensos por vagina, al haberse introducido tabletas de permanganato para abortar, que lo único que lograban era producirles una quemadura ulcerada impresionante.

Es indiscutible la necesidad de educar en el sexo a la niñez, a la infancia, a la adolescencia, a los adultos y hasta los padres de familia y maestros, a fin de evitar embarazos en adolescentes, infecciones venéreas y Sida, abuso sexual en niños y jóvenes, hijos rechazados, bebés no deseados o tirados a la basura, madres abandonadas y solteras y tantas otras calamidades y perversiones que por ignorancia perduran hasta hoy, independientemente de la clase social y hasta de nivel escolar. No es admisible que un grupúsculo, aberrante y virreinal, anteponga sus fanatismos a una realidad que cada día se incrementa, que es imparable y que sólo podrá revertirse a largo plazo si se educa desde la primera infancia.
 
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