Opinión / Columna
 
Arnulfo Pérez Rivera 
¿Somos personas positivas o negativas?
Diario de Xalapa
7 de octubre de 2009

  En una sociedad como la nuestra, en donde convivimos una multivariedad de individuos con peculiaridades a cual más diferentes, se presentan rasgos de personalidad que resultan ser, en algunos casos, sensiblemente positivas o marcadamente negativas.

Dentro de la convivencia social, como sabemos, podemos mantener relaciones amistosas y amorosas, pero al mismo tiempo de desafecto y hasta de odio, por virtud de que entre los elementos humanos se mantienen creencias, inclinaciones, prejuicios o valores, resultantes de la buena educación, de la pésima formación, o de normas o reglas que, de alguna manera, orientan bien o mal la conducta o los comportamientos humanos.

De esta guisa, podemos advertir en nuestros contactos sociales, que en tanto unos constituyen la esperanza de la humanidad porque la alientan, la salvan, la nutren y la edifican, otros, por desgracia en mayor número, son desquiciados mentales que la niegan, la hunden y hasta la destruyen.

Pero apegándome al tema y sin pretender agotar las singularidades de la positividad o de la negatividad, ¿qué es lo que distingue a las personas positivas de los sujetos negativos? Aun cuando palmariamente podemos diferenciar las características de unos y otros, cabe decir que las diferencias son tan marcadas, que basta con presenciar la estimación y el reconocimiento que despiertan las personas positivas y, contrario sensu, la repulsa y la antipatía que provocan quienes son negativos. Con todo, en muy rápido escorzo, aludiré, en primer término, lo más sobresaliente que exhiben los componentes sociales positivos.

La persona positiva sabe que los elogios sinceros son chispas de esperanza para una vida mejor; desarrolla realidades constructivas y sanas para pensar bien y vivir mejor; disfruta el prodigio de la vida como verdadero e impresionante milagro; sabe que el ser positivo conlleva a ser un superhombre en su interior y no un supermán de cerebro estrecho y estúpido: vive con el convencimiento y la esperanza de una sociedad más desarrollada y justa; siempre corrige y supera todos los obstáculos que ensombrecen la vida, tales como el odio, la ira, intriga y la soberbia, pretendiendo ser cada vez más humano; no destruye ni esquilma las emociones nobles, ni los razonamientos que llevan por buen camino; siempre vive con los ojos abiertos ante la realidad grandiosa de la vida, convirtiendo el miedo en esperanza y en posibilidad; trata de conocerse a sí mismo, para superar las trabas y los condicionamientos a los que estamos sometidos; no se deja arrastrar por hábitos vulgares o apetencias bajunamente hedónicas; vive con la intensidad de sus sentimientos limpios, pensando en el milagro de su existencia; no piensa en que su misión única es ganar dinero o explotar a los demás; es portador de buenos pensamientos y de intenciones generosas; es de apariencia dulce y agradable, envuelto siempre en el áurea de buena persona; ofrece su aprecio desinteresado de muchas maneras, pues sabe que todos necesitan cariño y estímulo para llevar una vida mejor y más placentera; sabe admirar y apreciar lo que hacen los demás y sabe reaccionar ante la alegría o el sufrimiento ajeno; demuestra su amistad con bondad y buenas intenciones.

Pero además, tiene una forma de vivir muy creativa, muy humana y muy sensible; vive con razonables dosis de conformidad y resignación, esforzándose por superarse a sí mismo; todos los días disfruta la alegría de los nuevos amaneceres, descubriendo el misterio insondable de la propia vida y encendiendo las luces que nos llevan al derrumbe de todos los fracasos; lucha contra los pensamientos negativos, dejando fluir los pensamientos sublimes de fortaleza, responsabilidad, amor y alegría, llenando la mente con sentimientos ejemplares y echando por la borda los pensamientos oscuros y nefastos, destila encanto y sinceridad, sonríe de verdad, siente con verdadera nobleza, es auténtico en todas sus expresiones; es ajeno al odio, a la envidia, al egoísmo; todo su ser funciona con una intensa luz, dentro de la que se encuentra la esperanza de una sociedad mejor, compuesta y más amante de la libertad; vive dentro de un mundo de estímulos esperanzadores que lo alientan a desarrollarse óptimamente; sus palabras siempre encierran el tesoro de la verdad; tiene amplia capacidad de amar a sus semejantes y es consciente del bien y del mal, para seguir lo primero y apartarse de lo último; siente un fuego que lo impulsa a ocuparse con estimación a los demás; trata de comunicarse con personas buenas, porque el hacerlo con perversos, lo apartarían del camino de la rectitud.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas