Opinión / Columna
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Eduardo Pabello
Administración fallida
Diario de Xalapa
7 de octubre de 2009
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Incapaz desde su inicio, la administración calderonista no se fatiga de cosechar fracasos, cuyas consecuencias se trasladan a las condiciones de vida de los gobernados; apenas la semana pasada, el presidente declaró que durante su mandato más de seis millones de mexicanos carecen de los recursos necesarios para comer, con lo que el estrato de pobreza alimentaria se incrementó en 43 por ciento, al pasar de 14 a 20 millones los connacionales en condiciones de sobrevivencia.
Refiere Felipe Calderón que el incremento en los índices de pobreza obedece a las crisis alimentaria y económica que han golpeado al país; no dice el jefe del Ejecutivo que en el primero de los casos el país dispuso de recursos suficientes, pudiera decirse en demasía, sin que en la bonanza petrolera el gobierno federal aprovechara las condiciones favorables a fin de instrumentar programas y apoyos tendientes a amortiguar el impacto de la carestía en las clases más desprotegidas, por lo que los efectos adversos de la crisis alimentaria pudieron haberse afrontado con éxito si el problema no se hubiera dejado de lado tal y como lo hizo el gobierno de Calderón Hinojosa.
Por lo que toca al efecto de la crisis económica en ningún momento se diseñó estrategia alguna que protegiera a los más pobres de las consecuencias de la misma, simple y sencillamente porque el gabinete económico nunca se planteó un escenario de la magnitud que alcanza la debacle económica, por el contrario, las advertencias internacionales al respecto se tomaron a pitorreo y se minimizó inexplicablemente el asunto.
Las causas, entonces, del incremento en el número de pobres, de mexicanos que no tienen para comer, son la incapacidad y negligencia con la que el Estado abordó el asunto de la pobreza en el país, ya que durante la crisis alimentaria se dispuso de recursos suficientes para enfrentarla y ahora que estamos inmersos en la crisis económica el gobierno de Felipe Calderón no encuentra la fórmula para enfrentar con éxito el problema por lo que pretende afrontarlo trasladando el costo de su ineficacia a los contribuyentes aún y cuando la estrategia plasmada en paquete económico para el ejercicio 2010 ha sido evaluada como inapropiada por expertos en economía en los ámbitos nacional e internacional.
Los resultados de la gestión presidencial de Calderón Hinojosa, para mala fortuna de él y de nosotros, carece de resultados positivos; en ninguno de los temas nodales de interés nacional ha tenido éxito, lo que de ninguna manera puede causarnos beneplácito.
Peor aún resulta entender que la pobreza en México haya alcanzado los niveles que oficialmente se reconocen, pese a que al combate de la misma se destinan anualmente miles de millones de pesos sin que ello sirva para algo, por lo que resulta obvio que las políticas públicas que se instrumentan en torno a ese eje son un oneroso e inútil gasto que demanda ser revisado para que en lo sucesivo se aplique de manera tal que los apoyos que se entregan a los empadronados en los distintos programas asistenciales incidan favorablemente en el desarrollo de los núcleos asistidos, a fin de que esos mejoren de manera paulatina y que los resultados de la inversión gubernamental se traduzca en la mejora continua de los niveles de bienestar social de la población objetivo y no en simples apoyos, dádivas, que lo único que han venido generando es una clase dependiente e improductiva a la que se le asiste más con la intención de cumplir metas y cubrir cuotas presupuestales, que con la finalidad de resolver el problema de la pobreza.
Es lamentable que a medio camino la Presidencia de la República dé a conocer cifras escalofriantes acerca del repunte de la pobreza extrema en México y que ello se ventile ante la opinión pública no como un asunto de sincera preocupación gubernamental, sino como un mero instrumento político tendiente a impulsar la aprobación del paquete económico 2010.
El reconocimiento del rotundo fracaso de la política social que implementa el gobierno de Felipe Calderón expresa sin lugar a dudas que la administración que encabeza es una administración fallida, hueca, inútil, en la que el único acto de valentía que le queda al presidente es pedir licencia para separarse del encargo. Los mexicanos no tenemos por qué pagar los errores de una administración que en tres años ha sido incapaz de obtener resultados positivos aún y cuando los dos primeros años de gestión fueron de estabilidad y bonanza económica.
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