Opinión / Columna
 
Gilberto Nieto 
Las consolaciones del hombre ante la vida
Diario de Xalapa
6 de octubre de 2009

  El hombre y la mujer contemporáneos viven de prisa, distraídos en mil cosas diversas, aturdidos por los fuertes reflectores de un mundo exterior, saturado de emociones, sensaciones y percepciones solitarias e individualistas, que les deja muy poco tiempo para enriquecer su lado espiritual y ahondar en la comprensión y el amor por lo demás.

Cultivar la introspección, la meditación, la observación de la naturaleza y de los otros seres humanos, la interpretación del medio social y natural que les rodea, son costumbres y actitudes personales de gran ayuda para clarificar y mejorar la concepción del mundo y de la vida, en la eterna búsqueda de un conocimiento más profundo de sí mismos y del papel que juega cada quien en el mundo.

Las angustias por la vida, las grandes aspiraciones e insatisfacciones, los anhelos, las esperanzas, los ideales y las expectativas como metas y acicates, proyectados sobre la línea del futuro personal, son estados y sentimientos humanos que rara vez salen a discusión con los amigos. No hay tiempo para ellos. No hay espacio para que se acomoden en el interior de los individuos. No afloran con tanta insistencia en las noches de insomnio, desplazados por el cansancio de los ajetreos y las vicisitudes diferenciadas que imponen la "urgencia sobre la importancia" de las cosas cotidianas de la vida.

La inestabilidad de la vida interior, propia de los espíritus que experimentan el placer permanente de aprender, sigue allí, en los recodos brumosos de la condición humana, junto a la presión de las tensiones y las urgencias de la subsistencia. Algunos se extravían en el cosmos infinito de las divagaciones y las fantasías; otros, tal vez necesitados de algún tipo de protección, buscan ayuda en los consejos de familiares y amigos; varios, cada vez menos, se acercan a Dios con el ánimo de sentirse cobijados y limpios; pero otros se pierden en los abismos de la nada, porque nada han cultivado o nada tienen.

Dice Julián Marías en su Introducción a la filosofía: "La vida que me es dada y en la cual me encuentro, no me es dada hecha, sino por hacer; es decir, me es ofrecida o propuesta como quehacer o tarea, y su ser consiste en realizarse". De esta manera, la vida se limita al realizarse y determinarse. Pero con estas acciones, en realidad, se abren infinitas posibilidades que la hacen, paradójicamente, ilimitada, siempre y cuando esas posibilidades se "inventen" al proyectar la propia vida.

La herencia genética y el pasado liberan, condicionan o limitan el presente; pero se posee, en cambio, el maravilloso poder de pensar, observar, investigar, razonar, conocer, aprender, reflexionar, decidir, sentir, emocionarse, aceptar o transformar para que, en una interrelación estrecha con el diario vivir, se conviertan las experiencias en saberes estimulados por los propios valores y deseos.

Erich Fromm señalaba con gran conocimiento y sentido común que la época contemporánea se caracteriza por extravíos de la conciencia. Llama a estos extravíos obstáculos para aprender el arte de bien vivir, pues el ser humano prefiere buscar una vida sin esfuerzo y sin dolor, físico o psicológico. Otro obstáculo en el camino a ser es el miedo a lo que se considera autoritario o impuesto, y a lo que exige disciplina.

El mundo moderno ha creado una visión reduccionista del ser humano que sólo aspira a obtener poder, dinero y placer. No sabe cómo llenar el vacío existencial ante la falta de sentido de su vida, inmersa en el imperio de lo superfluo o de lo "light", sujeta a percepciones que cuantifican para ganar más y que miran al dinero como un fin. Esto lo lleva al aburrimiento y a la búsqueda compulsiva de novedades para satisfacer su ambición, su individualismo-egoísmo, y llenar la ausencia de convicciones personales.

Por eso Viktor Emil Frankl, en "El Hombre Doliente", invita a buscar respuestas desde adentro hacia afuera, y deja claro que "si el sentido reside en el mundo y no primariamente en nosotros mismos, el hombre no deberá preguntar por el sentido de la existencia, sino a la inversa, deberá interpretarse a sí mismo como un ser interrogado, y su propia existencia como una interrogante; no es el individuo el que debe preguntar, sino que es la vida la que le formula preguntas; el individuo ha de contestar y, en consecuencia, responsabilizarse de su vida".

gnietoa@hotmail.com
 
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