Opinión / Columna
|
Álvaro Fernández A.
San Ramón Nonato
Diario de Xalapa
5 de octubre de 2009
|
Desde niño me hice esta pregunta: ¿cómo san Ramón Nonato llegó a ser santo canonizado por la Iglesia, si la palabra nonato significa no nacido? ¿Sin haber salido del vientre de su madre, cómo pudo adquirir méritos y virtudes heroicas y llegar a los altares y ser santo? Hasta que escribo para ustedes esta página periodística, me propuse revisar, en la Vida de los Santos de Butler, los datos biográficos de san Ramón. Se hace la aclaración que el nombre Ramón significa protegido por la Divinidad. El significado es muy hermoso, todos deseamos ser protegidos por el Señor.
San Ramón nació de una familia noble de Portell, un lugar cercano a Barcelona, España, el año de 1200, en los comienzos del siglo trece. Recibió el sobrenombre de nonato, no nacido, porque su mamá murió en el parto antes que el niño viera la luz. Seguramente se hizo una cesárea rudimentaria para sacarlo del seno materno y de esa manera el niño viera la luz de este mundo; no por un parto natural y feliz sino al precio doloroso de la muerte de su madre, que dio la vida para que él viviera. Una ofrenda heroica de madre perfecta es dar la vida por su hijo.
Con el permiso de su papá, el joven Ramón ingresó a la Orden Religiosa de los Mercedarios, una orden religiosa que nació con el noble carisma de dedicarse a redimir esclavos, liberándolos mediante pago de dinero o permutando al esclavo por la persona del religioso mercedario. La Orden de los Mercedarios fue fundada por san Pedro Nolasco; años más tarde, este mismo hombre de Dios recibió los votos de profesión religiosa de san Ramón Nonato.
San Ramón progresó muy rápido en la virtud, que tres años después de su profesión religiosa, sucedió a san Pedro Nolasco en la dirección de la orden rescatadora de cautivos. San Ramón Nonato fue enviado al norte de Africa con una suma considerable de dinero con el propósito de comprar a los esclavos y hacerlos libres; de hecho, en Argel rescató a muchos esclavos. Cuando se le acabó el dinero, san Ramón se ofreció como rehén por la libertad de ciertos esclavos, cuya situación era muy desesperada y cuya fe se hallaba en peligro. El sacrificio de san Ramón exasperó a los infieles, dueños de esclavos y ordenaron tratarlo con especial crueldad, hasta ponerlo en riesgo de morir. Por ese temor, el magistrado principal ordenó que lo trataran más humanamente. Su estancia entre los esclavos le sirvió para alentar a muchos cristianos hasta llegar a bautizar a algunos mahometanos. Al saberlo el gobernador, lo condenó a morir apaleado, pero por el interés de cobrar la suma de rescate, se le conmutó el morir por una flagelación.
San Ramón se encontró entre dos problemas. Uno, no tener ya dinero para rescatar más esclavos y, dos, bautizar musulmanes equivalía a ganarse la pena de muerte. Estos peligros no lo detuvieron en su empeño de instruir y exhortar con la doctrina a cristianos y a infieles, aun bajo la amenaza de un inminente martirio; enfurecido el gobernador, ordenó que lo azotaran en lugares muy visibles y en las esquinas de la ciudad, y el más grande castigo fue ponerle un candado en la boca, que el carcelero le quitaba a la hora de la comida. En esa situación pasó san Ramón ocho meses, hasta que unos miembros de su Orden lo rescataron.
A su regreso a España en el año 1229, el Papa Gregorio IX lo nombró cardenal de la Santa Iglesia. Se dice que san Ramón permaneció indiferente a ese honor, no cambió sus vestidos, siguió siendo el religioso humilde en ánimo y presencia corporal, y cuando el Papa lo llamó a Roma, obedeció, pero en su viaje en Cardona, una alta fiebre lo llevó a la tumba el 31 de agosto de 1240. Nonato -este inmortal no nacido- hizo muchas cosas buenas, que con toda justicia está en el altar de los santos.
Columnas anteriores
Columnas anteriores