Opinión / Columna
 
Arturo A. Vargas 
Incongruencias
Diario de Xalapa
3 de octubre de 2009

  Hemos sostenido, en anteriores colaboraciones, que ya nuestra ciudad perdió su calidad de provincia, para convertirse en cosmopolita, como lo son la mayoría de las ciudades del mundo, razón por la cual podemos ser testigos de actos tan incongruentes como los que a continuación narramos. El compañero Eliseo Morales, también jubilado como nosotros, para no sentirse inútil, se ha metido a ayudar a su hija en una papelería en el centro de la ciudad y nos pidió que en cuanto nos fuera posible consignáramos en alguna de nuestras colaboraciones lo siguiente, palabras más, palabras menos: "Hace un par de días, entró un joven que me preguntó: -¿No son de usted estas llaves que estaban sobre el cofre de ese automóvil? Le respondí que no. A lo que él agregó: -Entonces se las dejo, por si alguien viene a buscarlas. Horas más tarde llegó un compañero maestro y me preguntó: -¿Oye, de casualidad no dejé por aquí una llaves? Por respuesta le pregunté: -¿Serán éstas?, al tiempo que le mostraba las que me diera el joven. -Sí, respondió con júbilo, y cuando le expliqué lo ocurrido, me dijo: -¡Qué suerte la mía! Ni para darle las gracias. Es un héroe anónimo".

Un día después, entramos en un café del centro, atendido por amables señoritas. Apenas habíamos dado nuestra orden, cuando uno de los comensales se levantó y muy correctamente nos deseó provecho; mas al acercarse a pagar lo hizo con un billete de a 200 pesos. La señorita le dio su vuelto, pero al recogerlo, él formuló una pregunta para distraer a la joven que amablemente le atendía, mientras disimuladamente cambió un billete de a 100 por uno de a 50, exigiendo su cambio completo. La joven no se dejó engañar y el individuo después de mucho alegar se retiró, con la amenaza de regresar al día siguiente por si al hacer el corte de caja, sobraban los 50 pesos que, según él, le faltaban, a la vez que agregaba que trabajaba en el Palacio de Gobierno. Como es lógico, ya no regresó, según nos lo informó la señorita días más tarde.

El primer caso nos recuerda la actitud de nuestros jóvenes cuando de casa traían sabidos sus derechos y obligaciones, incluidos los valores morales ante la sociedad.

En cambio, en el segundo, una muestra de esas personas indeseables que han venido a radicar en la ciudad, trayéndonos actitudes indeseables que vienen a alterar la tradicional tranquilidad de nuestro entorno.

Esperamos que la presente colaboración sirva de alerta a los diferentes cafés y restaurantes para que tengan cuidado y no se dejen sorprender por tipos como el descrito, cuya actitud ya es conocida por las diferentes empleadas de los cafés mencionados, que, además, dice trabajar en el Palacio de Gobierno.

Situaciones como la narrada en segundo término son las que nos hacen sentir que ya no estamos en el vergel a que estábamos acostumbrados, sino a otro entorno, muy extraño para nosotros.

Cooperemos con nuestras autoridades para denunciar esta clase de anormalidades, buscando recuperar nuestra tranquilidad. ¡Salud!
 
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