Opinión / Columna
 
Juan Carlos Andrade Guevara 
Ciencia, evolución y creacionismo
Diario de Xalapa
3 de octubre de 2009

  Dos de las grandes revoluciones que ha propiciado la ciencia han dado en el centro de la arrogancia humana. La primera, conocida como teoría copernicana, desplazó a la Tierra como centro del sistema solar y colocó a nuestro planeta como un modesto artefacto circundando al sol.

La segunda fue originada por Darwin, quien, con su teoría evolutiva y del origen de las especies, desplazó al hombre como centro de la creación y lo evidenció como un producto de una larga cadena de eventos que de manera fortuita y totalmente aleatoria han dado origen a la especie humana.

Dichos eventos han provocado un fuerte reto para las doctrinas religiosas que han tenido que lidiar con las posturas y evidencias de la ciencia, la cual prefieren ignorar en lugar de conocer.

Por esta circunstancia, en muchos lugares del mundo, diversas religiones no creen ni confían en los postulados estudiados por Charles Darwin y Alfred Russell Wallace en la teoría evolutiva. Ello ha repercutido en las posturas extremistas que fomentan la no inclusión de la evolución como materia de estudio en las escuelas públicas de algunos países como Estados Unidos.

Para ayudar en este debate, el National Research Council y el Instituto de Medicina de ese país editaron el año pasado un libro al que titularon "Ciencia, evolución y creacionismo" en el cual, a través de una serie de argumentos y evidencias científicas, muestran cómo la evolución ha sido demostrada y validada por las modernas disciplinas de la biología.

En el libro participan distinguidos biólogos evolutivos como Bruce Alberts, ex presidente de la Academia de Ciencias de Estados Unidos y actual editor de la revista Science. Junto con él, otro importante número de especialistas, pertenecientes a diversos campos de la biología, escriben para el público no experto, respecto a la relevancia de conocer y analizar los conocimientos derivados de los estudios evolutivos.

A través de cuatro capítulos, los autores abordan temas como la naturaleza de la ciencia, la evidencia de la evolución biológica, las perspectivas creacionistas (como se les conoce a los opositores de la teoría evolutiva), sus conclusiones y contradicciones. El libro explora muchas de las preguntas que cualquier ciudadano estaría interesado en responder y deja claro que las respuestas a dichas preguntas no tienen por qué poner en duda la fe de las personas.

En el texto aparecen testimonios de la Academia Pontificia de Ciencias del Vaticano, de la Iglesia Presbiteriana y de la Conferencia Central de Rabinos Americanos, quienes no encuentran contradicción entre la fe y los postulados evolutivos.

Prescindir de los beneficios y los avances de la ciencia a las nuevas generaciones es un atentado que no debemos darnos el lujo de permitir. Las actuales generaciones de niños y jóvenes deben reclamar su derecho a recibir la información que hasta ahora la ciencia conoce sin entrar en conflicto con los dogmas de fe profesados en su familia o en su sociedad. Por fortuna ello no sucede en México donde hay y ha habido una buena escuela de biólogos evolutivos y educadores que, tanto en el siglo pasado como en el presente, se han preocupado por hacer que estos conocimientos sean materia de estudios en las escuelas y universidades, anteponiendo el carácter laico y liberal de la educación.

La teoría evolutiva es parte ya de los grandes avances del pensamiento humano. Celebremos el aniversario del natalicio de Darwin y la publicación de "El origen de las especies" conociendo puntualmente el gran trabajo intelectual que muchas mujeres y hombres de ciencia han logrado consolidar en beneficio de la humanidad y la especie humana.

Aunque el libro no ha sido traducido al español, está disponible en formato PDF a través de la página electrónica www.nap.eduandradeg25@prodigy.net.mx
 
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