Opinión / Columna
|
Carlos Bravo Matus
41 años y no se olvida
Diario de Xalapa
1 de octubre de 2009
|
Mañana se conmemoran 41 años de la matanza de Tlatelolco sin que la justicia por el genocidio se haya cumplido.
41 en que nuestro país cambió por el México que se mantuvo al menos hasta el sexenio pasado, con altas y bajas, devaluaciones, quebrantos económicos, sociales y políticos, siendo el de mayor alcance y relevancia el teatral movimiento zapatista de Chiapas al final del sexenio de Salinas.
Para mi gusto, este movimiento fue preparado para que el duende se prolongara en el gobierno ante una situación de amenaza nacional, sólo que se le cayó el telón y aquellos indígenas con todo y sus subcomandantes eligieron seguir viviendo del presupuesto y el proceso de pacificación se fue dilatando hasta que finalmente se diluyó por sí solo.
En el intermedio pasaron diversos personajes pacificadores como Camacho Solís, Dante Delgado y hasta el Peje, entre otros, así como comisiones que tan sólo fueron pretexto para el dispendio durante el gobierno de Zedillo, en tanto los zapatistas y sus dirigentes vivían en apariencia de la nada, una nada que llegaba con dinero de alguna parte para darle de comer a cientos de indígenas que no trabajaban, para comprar equipos sofisticados de comunicación, Internet selvático, armas, transporte para viajar en sus marchas, fiestas y hasta viajes al extranjero.
Independientemente de ese incidente, hoy día no dejó nada relevante y que por el contrario, propició que, incluso, ahora los desplazados de sus tierras por aquel grupo no puedan recuperar y regresar a sus parcelas de las que fueron obligados a salir por los sublevados, que lejos de luchar por el pueblo, se robaron tierras, ganado y pertenencias de quienes al menos eran productivos en el estado más pobre del país.
41 años en que se logró la libertad de expresión y la crítica a los encumbrados en el poder, libertad que en algunos casos se volvió libertinaje, en especial en el gobierno salinista y foxiano, pero que con algunas reservas permitieron que la gente común externara su sentir y sus reclamos, libertad que perdura aún como para criticar con todo rigor las propuestas de Carstens y Calderón, para exigir a los recién desempacados legisladores que cumplan con su deber de defender y procurar el beneficio del pueblo que los eligió.
Libertad que, si bien es coartada aun en algunos estados para que no se expongan los trapitos de sus gobernantes, no impide que de manera abierta sean criticados y señalados, aunque no salga en algunos medios de comunicación.
41 años que heredaron libertad de cátedra a las escuelas de enseñanza superior, libertad de ideologías, accesibilidad a esta educación a cualquier joven o adulto que cumpla con los requisitos de conocimientos necesarios para cursar una carrera, acceso a becas de estudio y apoyos para actividades educativas extraescolares, sin faltar becas para estudios en el extranjero.
41 años en que se logró la libertad de culto sin que ninguna religión o secta tenga que esconderse o ser perseguida, incluido el reconocimiento del clero católico por el gobierno oficial y la apertura de relaciones diplomáticas.
Logros, cambios y mucho más que, de alguna u otra manera, se deben a ese parteaguas que fue el 68, por lo que la muerte de los cientos o miles de mártires mexicanos de todas las edades que cayeran en Tlatelolco, en la Ciudad Universitaria, en el Casco de Santo Tomas y en la Normal, no fueron en vano, pues gracias a su valentía para repudiar la dictadura de un gobierno gorilesco, México hoy es otro, con otros problemas, pero con algo que no tienen muchos países de Latinoamérica y del mundo, libertad.
Así que a pesar de los años y de que los asesinos siguen impunes, el 2 de octubre no se olvida.
Columnas anteriores
Columnas anteriores