Opinión / Columna
 
Álvaro Fernández A. 
Septiembre, mes de la Patria
Diario de Xalapa
21 de septiembre de 2009

  El mes de septiembre es un mes muy querido porque es el mes de la Patria. Desde niño la escuela primaria infundió en nosotros un cariño casi religioso por la Patria. Y es que la Patria es el conjunto de personas que estamos asociadas cordialmente, como miembros de una misma gran familia, con la misma lengua, en gran porcentaje con la misma religión, con los mismos intereses, con necesidades muy parecidas, con los mismos ideales de libertad política, religiosa y económica. Cuando votamos por nuestros líderes políticos, quisiéramos que ellos también estuvieran compenetrados y comprometidos con estos valores patrios.

Nos gustaría que nuestros líderes políticos tuvieran verdadero amor por la familia mexicana, que por sobre todos sus intereses estuviera el interés de la Patria, que su ética fuera tener un amor apasionado por toda la familia mexicana sin distingos, sin discriminaciones, que les interese cordialmente el bienestar de las personas, que cuiden los bienes que favorecen el bienestar de la comunidad, que les duela la Patria, que el pluralismo político lo usen como contribución de ideas y de mejores servicios para la comunidad, que no busquen el éxito y el brillo personal, sino contribuir para sacar adelante y a flote este país.

Un amor real a la Patria va a manifestarse con sinceridad en el cuidado de los bienes de la comunidad, que las construcciones que hagan no las hagan para quedar bien por el momento, sino que cuiden que lo que se construye se construya bien, que el gobierno certifique que se puede confiar en que lo construido es de buena calidad y por lo mismo durable y seguro, como lo hicieron nuestros antepasados. Un ejemplo lo tuvimos en el terremoto del 85 en el Distrito Federal, lo antiguo permaneció en pie, lo nuevo, aparentemente hecho con mejores técnicas, con mejores cálculos matemáticos, la gente que no es tonta dice: los mejores cálculos matemáticos fueron para su bolsillo, los materiales fueron de segunda y mal hechos, y el resultado: el temblor echó por tierra lo que estaba mal hecho. Esperamos que las construcciones que se están haciendo para introducir a Xalapa en la modernidad, para darle en justicia el perfil de capital de uno de los Estados ricos de la Patria, se estén haciendo bien, que resistan el paso del tiempo, que resistan el constante uso que la ciudadanía les va a dar; será mejor que los puentes se hagan para resistir más de tres toneladas, pues hay que entender que aunque por ahí no van a pasar tráilers, los ciudadanos, por la angustia de la ansiedad contemporánea, van a querer pasar juntos y veinte coches sobre un puente pueden derribarlo y causar una tragedia como el puente llamado de la mala suerte.

No queremos que el gobierno nos regale como si fuera un Santo Rey, lo que queremos los ciudadanos es que administre bien nuestras contribuciones, nuestros pagos anuales de tenencia y, como hermano mayor, vigile para que las obras sociales se construyan bien, calles, carreteras, puentes, edificios de servicio comunitario, que al pueblo no le cuesten las cosas a precio de oro y que no obstante aparezca lo mal hecho. Anhelamos que nuestros guías tengan verdadero sentido patrio, que su grito de Dolores no sea un rito vacío y sin alma, sino un grito salido del corazón y con verdadero empeño, de que esta comunidad mexicana viva mejor en todo sentido hasta donde sea posible.

El lamento de Jesús tiene acentos profundamente patrios: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los enviados! ¡Cuántas veces intenté reunir a tus hijos como la gallina reúne los pollitos bajo sus alas y tú te negaste", Mt 23,37. La imagen del buen líder debe ser como la gallina con las alas abiertas, para calentar, alimentar, proteger y promover a su pueblo y llevarlo al progreso.
 
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