Opinión / Columna
 
Carlos Bravo Matus 
"Ahorcando a México"
Diario de Xalapa
17 de septiembre de 2009

  El pseudo pastor boliviano que intentó secuestrar un avión hace unos días bajo la amenaza de hacer estallar una bomba hecha de latas de jugo, exigiendo ver al presidente para darle un mensaje divino, fue un buen distractor para que Agustín Carstens, secretario de Hacienda, comunicara su intención de reforma económica incrementando el impuesto sobre la renta, imponiendo nuevas cargas económicas a los cigarros, licores, telefonía, televisión, trámites oficiales, gas, gasolina, diésel y, para colmo, al consumo de todo, incluidos medicamentos y alimentos, medida por demás ridícula cuando vemos el dispendio que se hace en instituciones como el IFE, en secretarías de estado, y su obesa burocracia, y en general en el interior de los tres poderes del Estado.

Tan sólo debemos considerar que la telefonía celular ya no es un lujo, sino una necesidad básica que incluso permite la comunicación a las familias más humildes que no pueden darse el lujo de contratar el servicio de telefonía domiciliaria, o bien la televisión que es con mucho la única distracción de muchas familias que no pueden acceder a las salas de cine común y menos a otro tipo de espectáculos de esparcimiento. Y si se trata de contrarrestar la pobreza, resulta un absurdo que el arroz, el frijol, las tortillas, pan, leche, huevos, carne, verduras y hortalizas salgan más caros gracias a un impuesto sobre la compra.

Ah qué puntadas del regordete personaje, que desde un escritorio anda pensando en fastidiar aún más al diez por ciento de los ciudadanos que pagamos impuestos y que mantenemos el aparato burocrático con todo y los dispendios de muchos de sus personajes, y eso me recordó justo ahora que recién festejamos el 199 aniversario de nuestra supuesta independencia, pues precisamente el levantamiento se gesta cuando los criollos (no el pueblo) se cansaron de las exigencias de la corona española y la intención de incrementar los impuestos, siendo que como ahora, los que pagaban era un pequeño porcentaje de la población, lo que me lleva a pensar que Agustín pasó de noche por las clases de historia y le está atizando el fuego a un pueblo ya bastante cansado de la carestía y las carencias.

No entiendo por qué no se tomaron las sugerencias de la reforma económica hacendaria de Zedillo y retomadas por Vicente Fox, en la que se proponía incrementar el censo de contribuyentes, agregando a todos los comerciantes informales, que por cierto tienen muy buenas ganancias libres de polvo y paja, y por otro lado, recortar gastos superfluos y exagerados de los burócratas de alto pedorraje.

Si bien es cierto que en muchas cosas, y entre ellas la economía, no somos independientes, dependiendo de los dictados del Fondo Monetario Internacional y principalmente de los designios gringos, como sucede con la mayoría de los países latinoamericanos, deberíamos tomar ejemplo de algunos como Chile que han logrado superar sus crisis financieras y año con año logran mejores niveles de vida, mientras que acá, el botijón pretende acabar con los pobres, matándolos de hambre.

Ahora estamos en manos de los recién estrenados legisladores, pues de ellos depende que dichos ridículos impuestos no se aprueben y se busquen otras medidas más inteligentes para sacar al buey de la barranca y no castigando a los pocos que cargamos con la economía del país; ya estuvo suave de IETUS, IVAS, impuesto a la hotelería, y ni qué decir de la promesa calderonista de quitar la tenencia vehicular, a la que al parecer le salieron alas.

Entre tanto, no falta quienes aprovechando la confusión ya empezaron a subirle el precio hasta a las tortillas.

Tal vez el mensaje divino del pastor era decirle a Calderón que si sigue ahorcando al pueblo, se le va a aparecer el pituche.
 
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