Opinión / Columna
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Rubén Ricaño Escobar
Paquete económico excluyente
Diario de Xalapa
12 de septiembre de 2009
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Lo habíamos comentado ya, el gobierno de Felipe Calderón no había diseñado un eficaz plan emergente anticrisis y la propuesta de su secretario de Hacienda, Agustín Carstens, para paliar el "catarrito financiero", como torpemente le llamó, no resuelve nada y sólo empeora el estado de cosas. El tiempo nos ha dado la razón, desoyendo las voces de los mexicanos, dando la espalda a un pueblo que está desesperado ante la pérdida de poder adquisitivo, el señor presidente de la República ha enviado a la Cámara de Diputados, a través de su excesivamente obeso y desmesuradamente torpe secretario, un proyecto de presupuesto de egresos de la Federación para el 2010 que sólo traerá más pobreza y penurias, porque es a todas luces excluyente, afecta mayormente a la clase media y, lejos de combatir la pobreza, la acentuará.
El paquete económico plantea, entre otras cosas, incrementar el ISR al 30 por ciento, crear un impuesto del 2 por ciento al consumo para el combate a la pobreza, dejar inamovible el IETU, un déficit fiscal de 0.5 por ciento, aumentar el gravamen a cervezas, cigarros y otros productos. No sé por qué se salvaron los refrescos embotellados de ser gravados, si en México se consumen en exceso, dañan la salud, la economía y enriquecen a las transnacionales.
El descontento está ya en todo el territorio nacional y a los contribuyentes de siempre sólo nos queda apelar al compromiso social y la inteligencia de los diputados para echar atrás este intento de suicidio nacional y planteen una nueva propuesta que permita sacar al país de la crisis, haciendo que paguen más los que más ganan y las cargas impositivas sean proporcionales, es decir "del tamaño del sapo debe ser la pedrada". Los contribuyentes cumplidos no tenemos por qué pagar la factura de un mal gobierno, ni la falta de imaginación del presidente y su secretario de Hacienda y mucho menos pagar por los evasores. Está claro, bastaron nueve años de régimen panista para hundir al país en un abismo sin precedente: la producción petrolera caída totalmente, el aparato de gobierno federal ineficaz, los índices de corrupción en su máxima expresión y los delictivos peor, narcotráfico, secuestros, aeropiratas y sensación de inseguridad como nunca la habíamos tenido en México. Esa es la realidad que no se puede ocultar. Antes vivíamos seguros en nuestros pueblos y ciudades, sin estrés, estábamos seguros de que al final del día nosotros y nuestros hijos regresaríamos sanos y salvos a nuestros hogares, como dice Juan Gabriel: "Yo jamás sufrí, yo jamás lloré, yo era muy feliz, yo vivía muy bien, hasta que te conocí, vi la vida con dolor...". Esta canción bien se la pueden dedicar todos los mexicanos a un panismo mendaz, decepcionante, incapaz e incompetente que no supo responderle ni a México, ni a los mexicanos.
Este paquete económico está muy lejos de ser útil al país, porque lastra la carga impositiva de los que ya estamos excesivamente cargados; además no incluye un programa orientado a meter en orden o a la cárcel a los que evaden impuestos que como ya comentamos son los más ricos. Lo único que logrará este paquete económico es polarizar más las brecha entre ricos y pobres, aumentando la inequidad y la exclusión social. La falta de visión social es evidente en este paquete, por ejemplo, imponer el impuesto al depósito bancario a partir de los 15 mil pesos cuando era a partir de depósitos de 25 mil pesos, afecta más a la clase media baja. ¿Por qué no propusieron mejor irlo incrementando proporcionalmente cuando los montos sean mucho mayores? De esta manera, las grandes empresas pagarían más, aunque sabemos de sobra que manejan muchas cuentas para bajar los montos y facturan sólo el 50 por ciento de sus ventas para no pagar impuestos. ¡Qué pena que la imaginación no les haya dado para más a los señores de Hacienda! Ojalá que los diputados obliguen a la Secretaría de Hacienda a presentar un trabajo más completo y justo; en otros países están saliendo airosos de la crisis, mientras en México se agudiza, conociendo el temperamento del "México Bronco" y dado que entre guerra de Independencia, guerra de Reforma y Revolución pasaron en promedio 50 años. Damos gracias que ya tenemos casi 100 años de paz.
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