Opinión / Columna
 
Tito Domínguez Lara 
El caos vial de la ciudad
Diario de Xalapa
5 de septiembre de 2009

  Entiendo que no es un problema de fácil solución el transporte vehicular en la ciudad de Xalapa, y en otras muchas ciudades del país. Se impulsa, por un lado, la compra de automóviles para que la industria no disminuya su producción y, por lo mismo, no despida a los trabajadores y así también no aumente el desempleo que la crisis está generando. Encerrados en esta contradicción los que gobiernan, o dicen gobernar, no pueden o no saben qué medidas tomar para dar solución de largo plazo al caos vehicular que se vive. Agregue usted a esto el desorden en el manejo de las finanzas públicas por parte de quienes las administran, que no se les ocurre otra solución, según ellos necesaria, que recortes presupuestales y aumento de impuestos, ambas generadoras de inflación y desempleo. En la medida que recortan presupuesto a la educación, a la salud y a los municipios, se traduce linealmente a echar más trabajadores a la calle, menos espacio para los jóvenes que quieren estudiar y menos obra pública.

A veces me pongo a pensar cuándo se le entregará el premio Nobel de Economía a una ama de casa que tiene que alimentar a su familia con el salario mínimo que gana su marido, en el mejor de los casos, si no es que está desempleado. Pensar o creer que los mismos que gobiernan y los que los sostienen ahí en el poder vayan a tomar medidas que reduzcan sus privilegios y sus enormes ganancias es inconcebible; por eso, en medio de tanta pobreza y desempleo, tenemos a los ricos más ricos del mundo, porque, entre otras cosas y los salarios miserables que pagan estos señores dueños de la riqueza y del poder, son los que menos pagan impuestos, y, por supuesto, tampoco los obliga un gobierno que está para servirles. La fácil y trillada solución es que el pueblo pague, por eso ahora reviven la ideota, para tapar el boquete de la recaudación fiscal, que quiso imponer Fox, de gravar con impuestos a las medicinas y los alimentos. De tocar a las grandes empresas, de bajar los insultantes salarios y reducir la plantilla de los funcionarios públicos es un tema que se ha prestado para la demagogia y para dar atole con el dedo a la sociedad; cuando debería ser un tema prioritario para evitar la fuga de cientos de millones de pesos que se van por el caño de la corrupción, y corrupción es, como dijo el dirigente de Convergencia por la Democracia, Armando Méndez de la Luz, que un regidor gane siete veces más que un maestro de tiempo completo de la Universidad, o que se hagan obras públicas de segunda.

Volviendo al tema del tránsito vehicular en la ciudad, se ve un problema como el cáncer: progresivo e incurable. Se toman medidas paliativas, digamos analgésicos para el dolor en el caso del cáncer, cuando esto requiere cirugía radical, y un manejo por especialistas. Esto es lo que debería hacer el gobierno municipal. Es cierto, se requieren obras que aligeren el tránsito, pero debe dársele más celeridad. Las obras actuales en construcción van con una lentitud de tortuga, agravando aún más el problema del transporte vehicular y peatonal. Leí, hace unos días, una propuesta del arquitecto Ricardo Pérez Elorriaga, en el sentido de que se aproveche la vía actual del tren para instalar un servicio de tren suburbano que circulara desde Banderilla hasta Coatepec. Hace algunos años hice una propuesta similar. Sí, la creación de un tren suburbano, periférico de la ciudad, con utilización parcial de la vía del tren y desviar la ruta del tren fuera de la ciudad, ya que éste no transporta ya pasajeros ni es mexicano, Zedillo lo vendió a empresas gringas.

La solución al transporte automotor debe tomar medidas audaces y que no se piense llevarlas a cabo en un trienio; deben ser medidas de largo alcance. Entiendo las limitaciones económicas con que se enfrentan los gobiernos municipales, para hacer obras, no para autopagarse sus altos salarios. Debe quedar claro que el déficit presupuestal que existe en las finanzas públicas se debe a la mala administración, condimentada con un alto grado de corrupción y despilfarro; y entre muchos despilfarros sólo anotaría aquí el gasto insultante de los procesos electorales, tan costosos como desconfiables. Está bien que se promueva el uso del transporte público, está bien que se motive a la gente a usarlo, pero también hay que ofrecerles transporte de calidad, no las carcachas contaminantes que los dueños van a comprar a otras ciudades donde las desechan. Las autoridades deben tener mucha imaginación y tomar medidas audaces y exigir a las autoridades superiores el dinero que corresponde a la ciudad o al Estado. Por eso, el señor Fidel Herrera debe decirnos a los ciudadanos, si es cierto lo que el diputado Manuel Bernal declaró que la Federación debe al Estado de Veracruz 45 mil millones de pesos. De ser cierto es un dinero necesario hoy, hoy, para obras públicas y enfrentar la crisis en general y particularmente la sequía que azota al norte del Estado.
 
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