Opinión / Columna
 
Sandra Hazas Arroniz 
Renovar la esperanza
Diario de Xalapa
4 de septiembre de 2009

  "Exigimos que esta situación se aclare hasta las últimas consecuencias", "exigimos servicios", "exigimos respuestas", "exigimos soluciones". Exigir es un verbo que tiene que ver con los derechos y significa pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho. Exigir es muy bonito porque no sólo queremos una solución, sino la queremos pronto, al momento y además debe dejarnos satisfechos y tranquilos.

En México está de moda "exigir", tal vez porque por muchos años sólo fuimos espectadores y no tomamos conciencia de lo valioso de la participación ciudadana en constante diálogo con los responsables de cualquier ámbito de la organización y administración pública y privada. Enhorabuena por el despertar mexicano.

Sólo que estamos olvidando un pequeño detalle: hay un trámite anterior a la etapa de exigir y se llama pedir las cosas. Nos brincamos el simple quiero, requiero, ejecuta, dame, necesito para pasar al estilo bravucón y violento de "o me das esto o te atienes a las consecuencias", o bien a la frase que nos causa dolor escuchar: "cumple o renuncia".

Nos causa dolor porque sabemos su significado.

Claro que el asunto de "exigir" tiene historia. Si no fuera por la corrupción, por la insufrible y a veces absurda burocracia que no acabamos de sacudirnos, por el cinismo y la irresponsabilidad de quienes sirven o servimos a las personas, pues tal vez el tono y las circunstancias de solicitar que se cumpla un derecho serían muy distintos.

Alguien dirá que nuestro país, afectado por la crisis económica (ligada a la crisis mundial), golpeado por la narcoviolencia y víctima de una corrupción que no es exclusiva de las autoridades sino también es social, pues no está para esas lindezas de pedir las cosas por las buenas.

Nos sumamos a la idea de que septiembre debe ser un mes de renovada esperanza para México. No se trata de gritar o de ponerse sombreros coloridos o de "ponerse hasta las chanclas". Se trata de tenerle un poquito de amor a la tierra donde hemos nacido y estar conscientes de cada uno de los compromisos y deberes que tenemos con nuestra patria.

Se trata de que nuestras autoridades, legisladores, jueces y ejecutivos y todos sus colaboradores ya maduren y dejen de pelearse, usen la inteligencia emocional para trabajar en equipo, busquen soluciones equitativas sopesando los intereses de todos, en especial de los más pobres y no nos hundan en una situación hostil.

El ciudadano ya no soporta más la guerra cromática ni los intereses individualistas por encima del bien común.

En ocasiones me exijo a mí misma seguir creyendo que podemos ser un país mejor.
 
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