Opinión / Columna
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Joaquín Alcántara Hernández
Desde Zimpizahua / La vida es eterna
Diario de Xalapa
12 de agosto de 2009
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A diferencia de las leyes terrenales, las leyes eternas son inmutables, perfectas y, escritas o no, ahí están cumpliéndose al pie de lo que ordenan. Se dice que son leyes supremas pertenecientes a la divinidad. Todo esto lo exponía el Gran Gurú, José Manuel Estrada. Hoy deseo compartirlo con usted, gentil lector.
Una de ellas en el ámbito de lo filosófico-esotérico es conocida como la ley de reencarnación. Parte de la base que el espíritu es inmortal. Lo que muere es el cuerpo, el organismo cansado, viejo, enfermo, pero jamás nuestro espíritu. Se dice que éste sólo se desprende de ese cuerpo inservible y se va en 'busca' de otro nuevo.
Esa ley establece que cada vez que 'morimos', nuestro espíritu se posesiona en un nuevo espermatozoide que mediante el proceso de embarazo nos dará un nuevo cuerpo. Habremos, pues, de regresar a este mundo 'estrenando' un ser lleno de vida. Estaremos entonces formando parte de una nueva familia. O sea, los bebés son seres que han regresado y tienen ahora a sus nuevos papás terrenales justo en el hogar que les corresponde acorde a la ley del Karma.
Esta ley establece que por esa razón nadie recuerda su primera etapa de vida en este mundo. Que los bebés cuando ríen, lo hacen con su anterior familia. Que poco a poco nos vamos dando cuenta que formamos parte de una nueva familia. Así vamos sumando nuevas experiencias a las de nuestras vidas pasadas. Quien superó el vicio del tabaquismo en su encarnación pasada, en ésta no volverá a fumar. No habrá trampa de mercadotecnia que lo haga sucumbir. Ese pernicioso vicio no lo esclavizará jamás.
Por cierto, cuánto daño irreversible causan los necios fumadores a sus seres queridos al convertirlos en fumadores pasivos. Muchas seres pagan los 'platos rotos' con sus pulmones destruidos por haber convivido al lado de un nocivo fumador.
Ahora bien, esa ley tiene su contraparte que es el 'Darma', o sea: Karma es 'castigo', Darma es 'premio'. Es decir, cada quien reencarna en el lugar justo que se haya ganado. Nadie que sembró espinas recogerá manzanas. Incluso, las características buenas o malas de nuestro cuerpo son resultado del Darma o Karma.
De ahí que se asegure que el 50 por ciento de nuestro destino ya está 'escrito'. Nadie escoge color de piel, padres, nacionalidad, condición económica, ni sexo. Nacemos hombres o mujeres de acuerdo a lo que nos toca aprender. Esta ley establece que a los hombres que les gustan demasiado las mujeres, ¡vamos! en una forma por demás enfermiza, en su próxima vida nacen homosexuales.
Pero de igual manera les sucede a las mujeres que les trastornan los hombres, mujeres demasiado ardientes con el solo aroma o presencia de varones, esas mujeres, de acuerdo a esta ley, en su próxima vida nacen lesbianas. ¿Qué le parece?
Por esa razón es que todos estamos en el lugar perfecto donde debemos aprender lecciones que en vidas pasadas no aprendimos.
Todo esto viene a colación porque vemos cómo seres muy queridos de pronto se nos adelantan en ese viaje mal llamado 'sin regreso'. No es así. De acuerdo a esta ley por demás lógica, constantemente estamos de regreso, sólo que con nuevos cuerpos llenos de salud. Lógicamente los criterios dominados por el dogma religioso, no lo aceptarán; ¡allá ellos! Pero de ahí la razón que la vida es eterna.
También asegura esta ley que todo aquel que se quite la vida intencionalmente, nacerá ciego. Así mismo, todo aquel que haga daño a terceros usando sus propias manos o siendo autor intelectual, la ley del Karma lo hará pagar cual misma ley del talión: 'Ojo por ojo, diente por diente'.
Pero del Karma nadie escapa. Por ejemplo, la avaricia está considerada incluso dentro del terreno religioso, como pecado. Sin embargo, hay personas que se autoengañan. Contratan a gente que dé la cara para prestar con intereses de usura, su dinero. Luego, los prestamistas intentan apagar los gritos de su conciencia aportando fuertes cantidades como limosna, les conviene creer en mentiras piadosas como la indulgencia, creen que la paz interior se compra con dinero y en su falsa ingenuidad hasta creen que a Dios lo engañan
En fin, todos estamos en el lugar preciso que nos hemos ganado. No es raro, pues, que en un descendiente esté con nosotros algún ser amado que 'murió', sin percatarnos que ya está otra vez aquí para continuar su proceso evolutivo. La vida, pues, es una 'universidad' que nos enseña sin libros de por medio. Y con esa ley de reencarnación, no vemos otra explicación más lógica para demostrar que, efectivamente, la vida es eterna. ¡Viva México, señores! Ajúa.
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