Opinión / Columna
 
Ezequiel Castañeda Nevárez 
El poder de la oración
Diario de Xalapa
1 de agosto de 2009

  El próximo sábado, en el estadio Heriberto Jara, de esta ciudad de Xalapa, habrá de realizarse una jornada singular, en donde miles de personas estarán reunidas en oración, convocados por un movimiento nacional de creyentes de distintas iglesias y ministerios, unidos por la creencia de que, cuando se ora en diversidad y unidad, se genera una sinergia espiritual que atrae el favor de Dios. El mismo día, habrá reuniones similares en cien ciudades del país, con el mismo propósito, a decir de los organizadores: orar, hasta que México sea un altar que el cielo no pueda ignorar.

En esta oración masiva, que habrá de realizarse en todo el país, se elevarán ruegos por el presidente y por todas las autoridades, porque se resuelva la crisis económica, por la renovación de los recursos naturales, por el petróleo, por los alimentos, por la salud pública, por la conservación del empleo, por el relevo generacional, por el espíritu de oración en las iglesias, por las reuniones de oración; en contra de la inseguridad, del narcotráfico, de la corrupción, de la violencia, entre otras preocupaciones sociales.

Por supuesto que la oración es un acto de fe, que es la certeza de las cosas que se esperan y el convencimiento de que existe lo que no se ve, por eso es esta una condición indispensable para que la plegaria tenga efectos. Siendo así, la oración se convierte en un arma infalible porque no existe poder humano ni sobrehumano que la contrarreste o que la anule, porque es una comunicación directa con Dios, que es todopoderoso. La oración de fe cambia toda circunstancia, altera el orden natural de las cosas, porque el mar se abre, el sol se detiene, la sombra declina algunos grados y muchas manifestaciones extraordinarias más; porque define el destino de las personas y de los países, crea esferas de protección para las personas y para sus pertenencias, abre caminos, quebranta voluntades y ablanda corazones. En lo personal, puedo dar testimonio del poder de la oración de los padres por sus hijos en las plegarias cotidianas que mi madre hace por cada uno de sus nueve hijos, quienes nos movemos en distintas esferas sin que Dios nos aparte de su gracia y de su protección. Me congratulo al contar con un blindaje especial, bordado con miles de oraciones de mis padres que me hace vivir permanentemente confiado en cualquier lugar, aun cuando no soy merecedor de esta gracia divina; pero me consta y debo decirlo porque es rigurosamente cierto.

Me explica mi hijo, que profesa el cristianismo, como mi madre, que todas las peticiones a Dios tienen respuesta, aunque esta no se conozca, pero que todo tiene su momento en el tiempo de Dios, por eso debemos tener paciencia cuando pedimos y no tenemos contestación inmediata, pero que debemos confiar en que Dios hace todas las cosas perfectas y que todo lo resuelve de la mejor manera. Le creo, porque me consta.

La oración colectiva, que en esta ciudad están coordinando estimados amigos míos, entre los que se encuentran Guillermo Trujillo Alvarez, nos hace relacionar el evento con el ruego del profeta Daniel, cuando dice: "Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos... abre tus ojos y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo". Buen momento para sumarnos a la oración.
 
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