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Opinión
![]() Javier Zenteno Barrios
Antonio Chedraoui Tannous Saidna
Organización Editorial Mexicana
28 de enero de 2009
Cuando sociedades y organizaciones se encuentran en crisis originadas por elementos que las cimbran como son las circunstancias económicas o de seguridad, o bien por causas internas como los temas de identidad, de definiciones en campos vitales o de adopción de decisiones relativas a la existencia y destino de una organización social, suelen levantarse muy diversas y variadas voces, y en muchos casos, ante la falta de evidentes denominadores comunes, se postulan posiciones radicales por interés, por convicción, o simplemente por falta de conocimiento de causa.
En medio de esas vorágines, la necesidad de voces con autoridad moral que articulen opiniones centradas, que recuerden e invoquen los principios y valores que vertebran a una sociedad, y que coadyuven a delimitar parámetros y caminos para la vida pública y social, son las voces que trascienden las crisis cuando se mantienen, se difunden y se reiteran hasta hacer conciencia, principalmente entre quienes tienen capacidad de incidir en la vida colectiva. Esta ha sido una de las virtudes del Arzobispo Metropolitano de la Iglesia Ortodoxa Antioqueña Don Antonio Chedraoui, reconocida y aceptada por amplias proporciones de funcionarios gubernamentales federales y locales con origen en diversos partidos; así como por múltiples facciones y partidos, y otros muchos más líderes sociales en diversos campos. Muestra evidente de ello es la enorme capacidad de convocatoria que tiene. Particularmente cuando sus amigos todos los días 17 de enero le festejan su onomástico, el arzobispo lo aprovecha para congregar en un solo lugar a quienes representan y sostienen incluso las más diversas y encontradas posiciones. En esas reuniones, Saidna como cariñosa y respetuosamente lo llaman sus allegados y la colonia libanesa en México, ha logrado hacer eco de las demandas y opiniones legítimas y generalizadas de la sociedad, y de frente a quienes deben expresarse, con lenguaje directo y con la emoción y pasión que lo caracteriza, el arzobispo Chedraoui exige, reclama, aconseja, regaña y pide lo que en ese momento la sociedad mexicana más necesita. La sencillez y amabilidad que sólo los hombres maduros como él, en unidad con la tradicional cortesía y bonhomía libanesa que magistralmente practica, y su permanente disposición amistosa por escuchar, por ayudar, por acercar los extremos, le ha permitido reunir a candidatos, líderes, funcionarios, políticos y personas enfrentados muchas veces más allá de la sana y racional competencia y diferencia que debe privar si deseamos vivir en una sociedad más desarrollada. El arzobispo es un hombre de su tiempo, síntesis y fruto de una experiencia de vida; de una sólida formación moral, espiritual y teológica; de una fusión de culturas; de un afán ecumenista por destacar y privilegiar lo que tienen en común las diferentes iglesias, religiones y posiciones de la vida; de una decisión de vida de arraigarse y fusionarse con México por ser el país que lo recibió y cobijó desde hace muchos años y al que ahora sirve con creces desde su responsabilidad religiosa y personal. Antonio Chedraoui nació en la ciudad de Trípoli, Líbano en el año de 1932 y residió en su país de origen hasta cursar el bachillerato. Más tarde, en la Universidad de Atenas, Grecia, estudió las licenciaturas en Teología y en Filosofía. En julio de 1952, fue ordenado Diácono; y en agosto de 1958 recibió la Orden del Sacerdocio siendo nombrado Archimandrita (Monseñor). El 5 de junio de 1966 fue consagrado Obispo, recibiendo el nombramiento de Vicario Patriarcal para México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe y el día 4 de octubre de 1994 se le otorgó la nacionalidad mexicana. Conductas y actitudes constructivas como las observadas en don Antonio son las que las sociedades requieren para su consolidación y mejoramiento. En México tenemos muchas mujeres y hombres con cualidades semejantes. Esperamos que muchas más se unan al esfuerzo que debemos realizar los mexicanos para afrontar nuestras crisis de desarrollo, de seguridad y de equilibrio económico. fjzentenob@hotmail.com Columnas anteriores
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