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Opinión
![]() El agua del molino
Raúl Carrancá y Rivas
El Consejo Nacional de Seguridad Pública
Organización Editorial Mexicana
21 de agosto de 2008
Para que no fracase el Consejo Nacional de Seguridad Pública, cuya primera reunión será esta tarde en Palacio Nacional, es imprescindible que se ocupe primero, sobre todo y antes que nada, en poner las bases para una investigación seria, científica, de las causas determinantes de la violencia que se traduce en la comisión de delitos terribles. Al efecto hay que crear un centro de control de dicha investigación. El análisis de la etiología del delito es uno de los temas vertebrales del Derecho Penal y de las ciencias o disciplinas conexas que en la especie lo auxilian. Toda proporción guardada, ya que el delito es una "enfermedad social" (Ferri), es como si se estuviera padeciendo una epidemia que se va transformando poco a poco en endemia. Violencia y delitos que han cobrado un auge impresionante, dramático y altamente peligroso, en el país entero. Hay que ver el fenómeno a través de un microscopio (la comparación me parece más que válida), analizarlo, sistematizar el estudio del mismo por medio de una clasificación adecuada, determinar su origen o sus orígenes y después, sólo después de esto, aportar soluciones. Lo contrario es sembrar en la arena, caer en la demagogia, en el discurso fácil y en el llamado populismo.
Lo grave, gravísimo, es que se politice el asunto, o sea, que se ofrezcan "soluciones" o pseudo "soluciones" al vapor, sin pensarlas ni meditarlas a fondo, exclusivamente para satisfacer la muy explicable ira popular. En otros términos, para apenas paliar el dolor de la nación ante el crimen desbordado. La cuestión no es publicitaria, de que se sepa, de que se anuncie pomposa o solemnemente que el gobierno no se cruza de brazos frente al constante derramamiento de sangre en que se sacrifican hombres, mujeres y hasta niños (¡monstruoso!). Hay que decir la verdad. Se trata de algo que es imposible, absolutamente imposible, eliminar en poco tiempo; ni siquiera en un sexenio, tal vez tampoco en dos. Pero es impostergable poner las bases sobre las que se construirá el edificio de las soluciones siempre sujetas a la complejidad social. Al respecto la idea del discurso responsable debería ser la siguiente: que el gobernante no puede ni debe ofrecer milagros, soluciones mágicas, pues sería ofender al pueblo y alterar el sentido de la democracia; que el problema de la delincuencia es tan grave y grande que requiere un estudio concienzudo, analítico, científico, para llegar así al planteamiento de las soluciones adecuadas, nunca improvisadas; que han sido lustros, y lustros, y lustros, de indiferencia y abandono en relación con la criminalidad, sus causas y sus consecuencias, dejándola crecer hasta el espacio de la complicidad, del contubernio y de la impunidad; que no es posible por lo tanto abatirla de un solo golpe ni tampoco con la mera fuerza; que en tal virtud lo realista, objetivo y honesto es abocarse a la concentración científica, en concreto jurídica en el amplio terreno de esta disciplina, para obtener de un análisis concienzudo los resultados que permitan trazar una ruta y la orientación de un camino a seguir en la solución de un mal social terrible; mal que por ende, y si lo dejamos avanzar, pondrá en riesgo la estabilidad política, moral y jurídica de la República. En conclusión, ha llegado la hora de trabajar en serio en el asunto de la inseguridad. Y lo sorprendente es que muchos, muchísimos, abordan el tema de manera superficial, sin conocimientos, sugiriendo alternativas de probada ineficacia en diversos países. Lo que pasa es que tienen la oportunidad de hallarse incrustados en el poder público, y creen equivocadamente que dicho poder les concede sabiduría. Por eso hay que quitar de las manos de los malos políticos, de los ignorantes, la ocasión de maniobrar en un terreno del que no saben nada. Y la única forma de hacerlo es sin duda adentrarse en el mundo del estudio, de la investigación, del análisis científico de las múltiples causas que desembocan cotidianamente en el horror del bárbaro sacrificio humano. Que el gobernante cumpla, sí, con su deber, con su obligación, lo cual comienza por saber, indagar, averiguar, de qué se trata. Si no lo hace seguirá dando palos de ciego. Columnas anteriores
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