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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
El asesinato. El rey Alejandro I, conclusiones de la investigación
El Sol de México
17 de agosto de 2008
Segunda y última parte
EL FANATICO, PATROCINADO POR MUSSOLINI El entonces presidente de la Tercera República de Francia, Alberto Lebrún, que había sido electo el 10 de mayo de 1932 al ser asesinado en París tres días antes en un atentado el presidente Pablo Doumer, le comunicó al rey Alejandro I de Yugoslavia: "Repruebo la decisión de su alteza de hacer de Marsella la primera etapa de su itinerario a Francia. Marsella tiene la misma reputación de violencia que tenía Chicago en los años 20 y tal situación es una preocupación para mi gobierno". Alejandro desoyó al presidente francés e impuso su voluntad de desembarcar en el puerto el 6 de octubre de 1934. La razón del monarca yugoslavo era ostensible: deseaba hacer una visita al "Poilu de l´Orient", monumento dedicado a los soldados franceses muertos en las campañas de los Balcanes durante la Primera Guerra Mundial y principalmente porque quería viajar por mar. Alejandro había descubierto que su buque de guerra "Dubrovnik" le había sido muy útil en sus travesías a Varna, Estambul y Corfú el año de 1933. Asimismo, al viajar por mar le permitía evitar Italia, con la que estaba librando una guerra fría y tenía serias diferencias con el Duce Benito Mussolini, jefe del Gobierno italiano. Además, consideraba que llegar a Francia a bordo del "Dubrovnik", en esos días el único buque importante de su país, indicaría que Yugoslavia "es una potencia marítima que debe ser incluida en cualquier futuro pacto mediterráneo". La reina María, su esposa, que no soportaba las travesías marítimas, viajó por tierra en el expreso Simplón-Oriente hasta Dijon, donde esperaba reunirse con su esposo, después de desembarcar éste en Marsella y salvó la vida. EL ASESINATO DEL REY El 6 de octubre de 1934, a las cuatro de la tarde, Alejandro desembarcó en Marsella. Tras abordar el vehículo asignado y dar inicio a su recorrido por La Cenebiére, el bulevar principal del puerto, a los pocos minutos, cuando el automóvil se acercó a la Place de la Bourse, un hombre surgió de las filas de la muchedumbre que vitoreaba al ilustre visitante, subió al estribo del auto y disparó contra sus ocupantes. En el auto viajaban el rey y el alcalde de Marsella, Louis Barthou. El rey recibió dos balazos, uno en el pecho, directo al corazón, y otro en el hígado. La primera bala lo mató instantáneamente. EL ASESINO Era un macedonio de nombre Velichko Kerim y era un asesino profesional que había sido condenado dos veces por asesinato en 1924 y 1930, y las dos veces fue amnistiado. Velichko pertenecía a la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia y era un individuo con muchos nombres: Georgiev, Stoyanov, Dimitrov, Chernozemsky, Suk, Kerin, Kelem y Velicko. Cuando cometió el crimen usaba un pasaporte húngaro extendido a nombre de Kelemen, aunque nunca se ha sabido cuál de estos nombres es su nombre real. Sí pudo ser identificado por fotografías policiacas como ayudante y chofer de Iván Mijailov, líder de la ORIM, y fue prestado por éste a la Ustachi, o Los Insurgentes, una organización terrorista croata que había llevado a cabo en Yugoslavia una serie de asesinatos y atentados con bombas. A Velichko lo acompañaba otro terrorista: Mio Kralj, que debía ayudar al asesino arrojando bombas contra el público, pero perdió la serenidad y huyó, y luego fue detenido. También otros dos cómplices: Zvonim Pospichili e Iván Ragich, que en caso necesario estaban dispuestos a repetir el atentado en París si Velichko fallaba en Marsella. MUSSOLINI, EL AUTOR INTELECTUAL No existen, en los días de hoy, dudas en cuanto a la implicación directa de Mussolini en el asesinato. El ciertamente no lo planeó para que se perpetrase en Marsella de aquel modo y en aquel preciso momento. Todo lo que hizo el Duce fue dar a conocer su deseos de librarse del rey y el resto quedó a cargo de sus subordinados. A pesar las proposiciones yugoslavas para un acuerdo entre Italia y Yugoslavia respecto a los Balcanes, Mussolini prefería evitar un entendimiento. Prevalecía el principio de que era preferible tener en los Balcanes un mosaico de naciones pequeñas y en continua disputa que una potencia como Yugoslavia, capaz de alcanzar predominio y que rivalizase con Italia. En 1945, el barón Stefano Aloisi, representante de Italia en la Sociedad de Naciones en 1935, confirmó la intervención de Mussolini en el atentado en Marsella: "Mussolini dio órdenes secretas para que el rey Alejandro fuera asesinado. Las conversaciones sobre un tratado amistoso ítalo-yugoslavo no eran más que una pantalla de humo destinada a engañar a los demás y a preparar una coartada para el Duce. Se ejecutaron siniestras maniobras a través de agencias secretas que, en Italia y fuera de ella, sólo obedecían la voluntad de Mussolini". LAS RAZONES DEL ASESINO Velichko, o como se llamase, bien conocía la trayectoria de Alejandro. Este había sido coronado rey de su país al finalizar la Primera Guerra Mundial. El reino de los serbios, croatas y eslovenos sobre el cual gobernaba era uno de los Estados formados a partir del Imperio de los Habsburgo. Ese Estado, complejo mosaico político, "estaba desgarrado por la enconada pugna que se suscitó entre servios y croatas en los primeros meses de la existencia del nuevo reino", escribe el historiador y politólogo italiano Gaetano Salvemini. La pugna entre las ambiciones centralistas de los servios y las tendencias federalistas de los croatas dominaba la política del Estado. El 20 de junio de 1928, durante una sesión de la Cámara única, un diputado sernio hirió mortalmente a Stephan Radic, líder del Partido Agrario Croata y a otros cuatro diputados croatas. Los croatas se retiraron de la Cámara y amenazaron con la secesión. Por un momento, Alejandro consideró la posibilidad de conceder a Croacia la autonomía federal que deseaba, pero el 5 de enero de 1929 estableció una dictadura personal. Cambió el nombre del Estado, sustituyendo el largo título de Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenia por el de Yugoslavia o Eslavia del Sur, y trató de unificar al país mediante una combinación de fuerza represiva y decretos reales. Alejandro ordenó decenas de asesinatos de sus opositores. Fue entonces que la oposición croata adoptó varias formas de lucha: la democracia federalista y el terrorismo. Los terroristas, a cuya cabeza se encontraba Pavelic, eran financiados por la Italia fascista de Mussolini y ayudados por Hungría, su aliada. Los Insurgentes establecieron centros de adiestramiento en Ancona y Bari, en Italia, y en Janka Puszta, en Hungría. Velischko recibió entrenamiento en Bari y ahí obtuvo pasaportes húngaros e italianos. LOS ATENTADOS FALLIDOS El 17 de diciembre de 1933, la policía yugoslava detuvo a tres jóvenes en Zagreb, la capital de Croacia, y éstos confesaron que habían llegado allí para atentar contra la vida de Alejandro. Confesaron también que habían sido adiestrados en Bari, donde había un campamento de 50 a 60 emigrados croatas pertenecientes a Los Insurgentes. Uno de los detenidos, un joven llamado Teo Oreb, portador de un falso pasaporte húngaro, afirmó que se había trasladado desde Yugoslavia hasta Trieste con la ayuda de fascistas italianos y que, desde Trieste, había sido enviado al campamento de Bari. Una vez concluida su misión en Zagreb, "debía ponerme a salvo en Italia". Entre los jóvenes detenidos no estaba Velischko. LAS BALAS DEL ASESINO NO MATARON AL REY En el informe secreto de la policía de Marsella, elaborado por el experto armero y el doctor Marcel Béroud, director técnico de la policía del puerto, publicado hasta 1974, o sea, 40 años después del atentado se revela lo siguiente: "La bala hallada en el coche real, en su lado derecho donde estaba sentado Louis Barthou, alcalde de Marsella, es un proyectil blindado de cobre, de un cartucho de ocho milímetros, modelo 1892. "Esta bala es del mismo calibre que la disparada por los agentes de la policía. No fue disparada por ninguna de los dos pistolas halladas en posesión de Velischko. "La bala envuelta en cobre hallada en el coche real corresponde a las balas disparadas por los revólveres de los agentes de la policía". Velischko llevaba dos armas: una parabellum Mauser 7.65, con cuatro cargadores, uno de los cuales de 10 cartuchos fue vaciado, y una pistola Walter del 7.65, que no fue utilizada". La que sí utilizó fue la Mauser, nuevo tipo de pistola automática capaz de disparar 10 tiros en dos segundos. Un regulador especial permitía usarla para efectuar disparos sueltos o ráfagas como una ametralladora. Velischko había ajustado la pistola para fuego automático, pero "mediante un hábil control del gatillo pudo apuntar certeramente a cada una de sus víctimas". La tesis oficial, en aquellos días, fue que Alejandro y Barthou fueron heridos por el mismo asesino. La tesis es falsa, como se demostró en 1974. La tesis sostenía que: "Antes de caer sobre el estribo del auto real y luego al suelo, tras haber recibido los sablazos del teniente coronel Jules Poillet, que escoltaba el automóvil a caballo, Velischko descargó su parabellum: cuatro balas más para el rey y cuatro para el general George, y para poder moverse disparó contra la policía y los espectadores. Después del atentado se contaron al menos siete víctimas, además del rey y del general George, cuatro espectadores heridos, dos muertos y Barthou, que fue alcanzado en el brazo derecho". Cuando los doctores examinaron el cadáver del rey sólo encontraron dos balas: una en el corazón, que lo mató de inmediato, y otra en el estómago. Estas balas nunca fueron examinadas ni se conservaron para futuros exámenes balísticos. ¿Entonces, quién disparó contra el rey y lo mató? Este misterio todavía no ha sido resuelto hasta estos días de 2008. EL POLICIA QUE MATO AL ASESINO En la relación de hechos se establece que "un gendarme se acercó y le descerrajó un tiro en la cabeza que lo dejó inconsciente, pero sin matarlo". Y nada más. Velischko murió y su cuerpo despareció. También el "gendarme", cuyo nombre jamás fue registrado, se perdió en la negra noche de las conjuras. EL PROCESO Durante el proceso que siguió a los acontecimientos se estableció la responsabilidad del líder de Los Insurgente, doctor Ante Pavelic, de Zvoni Pospichili e Iván Ragich, cómplices del asesino. Los tres fueron condenados el 13 de febrero de 1936 a trabajos forzados a perpetuidad. Pavelic murió en la prisión de Caen el 14 de agosto de 1940; Pospichili en la cárcel de Fontevrault el 16 de mayo de 1941 y Ragich fue liberado en julio de 1942 a petición del gobierno, pero murió asesinado poco después. LAS DESTITUCIONES El Gobierno francés destituyó al director de la Sureté National, Jean Berthoin, y al prefecto de los Bouches du Rhöne, Pierre Jouhannaud, y trasladó a los comisarios responsables de Marsella y de Aix-en-Provence a otras comisarías provinciales. Piollet, el jinete que dio de sablazos al asesino, fue jubilado, su carrera destruida y murió "desesperado". Jouhannaud siguió el mismo fatal destino y poco después se suicidó. CRIMEN IMPUNE En estos Soles, el asesinato en Marsella, el crimen permanece impune. Columnas anteriores
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