Opinión
El agua del molino
Raúl Carrancá y Rivas
El verdadero resultado de la consulta

Organización Editorial Mexicana
31 de julio de 2008

Si para apreciar el verdadero resultado de una consulta como la que se llevó a cabo en la Ciudad de México el pasado domingo 27 se atiene uno, exclusivamente, al dato objetivo, numérico, cuantitativo, no se obtendrán buenos resultados. Sin desdeñar de ninguna manera la cantidad de votos hay que ir más al fondo del asunto, salvo que en el caso se piense que todos, absolutamente todos, los habitantes y estantes del Distrito Federal fueron manipulados, comprados o amenazados. Quizás lo que digo se entienda mejor con lo siguiente. Imaginemos que hay un problema de tipo técnico o científico (de salud, de salubridad, de justicia) en la capital de la República, sólo apreciable en sus dimensiones por médicos o abogados. Si se pusiera a votación qué hacer en la hipótesis, cómo enfrentar o resolver el problema, ¿cuántas personas en la emisión de su voto estarían conscientes de la magnitud de la cuestión en juego? ¿Cuántas opinarían razonablemente por medio de un juicio lógico? El número, sin duda, sería muy reducido. Con el ejemplo anterior demuestro, a mi juicio, que hay cosas en las cuales la cantidad no tiene la importancia de la calidad. Ya sé, ya sé, que en las votaciones, encuestas y consultas, que son un elemento esencial de la democracia, cantidad y calidad casi van de la mano. No obstante, no se desdeñe la consulta a rajatabla y con un criterio exclusivamente cuantitativo. Además, y para el fin o propósito de la misma, el voto adverso, supongamos que de cincuenta ciudadanos a las iniciativas de ley en materia energética del Presidente, es tan respetable y digno de tenerse en cuenta igual que el de un millón en el mismo sentido o en otro. Y si en el caso de una elección no es así, donde se gana o se pierde por un voto conforme al criterio cuantitativo-democrático, sí lo es en el de recabar y conocer el legislador la expresión directa de la voluntad del pueblo antes, precisamente, de legislar. Y que no se diga que cincuenta ciudadanos, vuelvo a mi símil, no somos pueblo por ser tan pocos.

Ahora paso a lo cualitativo. Al margen de partidismos, ideologías o inclinaciones políticas por algún personaje, yo creo que lo del domingo debe ser analizado y calificado de la manera más objetiva posible. A mí me ha desconcertado al respecto la opinión del Presidente, quien ha dicho que "la consulta tuvo la intención de entorpecer el debate sobre el tema y descalificar una propuesta indispensable para el país". La frase contiene dos proposiciones, la del entorpecimiento del debate sobre el tema y la de la descalificación de una propuesta "indispensable" para el país. No me parece que sea verdad. Pienso que no lo es porque la diversidad de opiniones manifestadas rebasa la idea del entorpecimiento del debate, o sea, que en virtud de las ideas expresadas, esté uno de acuerdo con ellas o no, el entorpecimiento, que siempre es irracional, pierde espacio. Argumento que también aplico a la supuesta descalificación de una propuesta "indispensable" para el país, ya que justamente lo "indispensable" es lo que estuvo de por medio en la consulta. Por otra parte, el Presidente envío al Congreso de la Unión unas iniciativas de ley y bien que mal ya cumplió con su cometido. Ahora le toca decidir al Congreso, es decir, lo democrático y prudente es que el Presidente guarde silencio en cuanto a la consulta, puesto que la misma ha sido un instrumento, un vehículo, desde luego no vinculante, de comunicación del pueblo con el Poder Legislativo y no con el Ejecutivo. Por supuesto que se discute y pone en duda el resultado de la consulta. Sería ingenuo suponer que no sucedería tal porque en la confrontación de ideologías y de partidos políticos la inconformidad es casi siempre la regla. Los coordinadores de la consulta nacional la calificaron como "todo un éxito". Se coincida o no con esta apreciación lo evidente e indiscutible es que un millón quinientas mil personas, aparte de los porcentajes a favor del sí o del no, acudieron a los centros de votación (¿todos ellas manipuladas, presionadas?).

Se trata de una cantidad que debe ser considerada cualitativamente por los legisladores al Congreso de la Unión.
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